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9 jun. 2016

Pasajes I. Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan

TRIBUNA ABIERTA

Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan, 1994. Port Bou, Gerona. Foto: Jorge Varas
Jorge Varas / para Ars Operandi


“Es una tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que no la de las personas célebres. La construcción histórica se consagra a la memoria de aquellos que no tienen nombre”. (1)

Conocía ya por imágenes consultadas en Internet el monumento de Dani Karavan destinado a conmemorar los cincuenta años de la trágica muerte de Walter Benjamin. Esta emplazado en Port Bou, pues aquí fue donde en septiembre de 1940 este berlinés no encontró ningún motivo ventajoso para conservar su vida, una vez que se vio acorralado y angustiado ante el escabroso futuro al que le conduciría la entrega de su persona por parte de las fuerzas de seguridad de nuestro estado, a los mandos alemanes de la Francia ocupada. Mi opinión cuando observé aquellas fotografías ya fue satisfactoria, y al contrario de lo que suele ocurrir cuando tenemos altas expectativas sobre una determinada realidad, la cualificación atribuida en este caso no se devaluó.

Llegamos a esta población a través de la carretera que conecta los pintorescos pueblos costeros del Alt Empordà, algunos como el mítico Cadaqués muy degradados por la especulación característica del desarrollo turístico. Lo que fue desde el siglo XVI un pequeño pueblo de pescadores, atractivo para pioneros célebres como fueron Marcel Duchamp, Picasso o el mismo Salvador Dalí natural de estas tierras, se ha alterado hacia otra clase de lugar que no se si sería hoy del agrado de aquellos singulares personajes. Cadaqués, Port de la Selva, Llança y Port Bou; entramos finalmente en la población fronteriza dotada por su posición geográfica con una importante estación de ferrocarriles.

Al llegar, un cartel nos indicaba que girásemos a la derecha para acceder al cementerio, donde sabíamos que estaba ubicado el memorial que ahora referimos. Ya he señalado en otros textos mi interés por visitar los camposantos, el de Florencia, el de Bonifacio, el de Fornells, el de Montparnasse, el de Deiá, el de Palermo… Todos son espacios sosegados donde pasear me resulta muy grato, pues recorriéndolos puedo paladear con más intensidad muchas de las delectaciones que provoca la práctica de esta actividad. También lo es en el cementerio de Port Bou, donde rodeada de otras sepulturas se mantiene al parecer sin cadáver la que pudo ser de este intelectual homenajeado. “No hay ningún documento de la cultura que no lo sea también de la barbarie”, es la inquietante frase escrita por la pluma del filósofo que debajo de su nombre y de las fechas de apertura y cierre de su biografía, está grabada en alemán y catalán sobre la placa de granito negro que señaliza esta simulada sepultura. La historia del cadáver, como el de Goya o como el de F. W. Murnau tiene un acontecer misterioso, pues hay algunos rumores que expresan que después de compartir la fosa común del cementerio, su cuerpo pudo desaparecer ante el temor de que fuera profanado por los nazis; por eso, pudieran estar enterrados sus restos en otra fosa sin nombre, o con él una vez intercambiado el orden de nombre y apellido para evitar su saqueo (Benjamín Walter).

Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan, 1994. Port Bou, Gerona. Foto: Jorge Varas

Aunque constituido según un diseño que apuesta por una producción y configuración comedida, distinguiéndose de la dirección grandilocuente que con frecuencia han tomado otras obras públicas en los tiempos de bonanza económica, el memorial de Dani Karavan (Tel Aviv, 1930) se significa más que el recordatorio situado en el interior del recinto de reposo. El reducido presupuesto en este caso no impidió el compromiso y la identificación del creador plástico con el trabajo del filósofo. Precisamente el éxito de esta empresa, provocado por la significación del homenaje y por la actitud comprometida de un artista competente, nos demuestra de nuevo que la afectación de lo espectacular de algunas producciones escultóricas no garantiza su efectividad estética. ”En esa llamada procedente de Bonn, Konrad Scheurmanann, director de AsKIme pidió que diseñase un monumento en memoria de Walter Benjamin. Ya desde el inicio advirtió que disponía sólo de una pequeña cantidad de dinero. Esto no es cuestión de dinero, le respondí. Yo mismo estoy en deuda con Walter Benjamin. De inmediato supe que no podría diseñar un monumento a Walter Benjamin. Pero quizá si un homenaje al hombre, al filósofo, al cronista, al crítico, al partisano de nuevas ideas”(2).

Karavan, formado como artista en Tel Aviv, Florencia y París, ya tenía en el momento del encargo una importante experiencia como creador de obras públicas y había participado en eventos artísticos importantes como la Bienal de Venecia del 76 o la Documenta 6 de 1977. En esta ocasión mantiene la propuesta ya presente en sus obras anteriores, de incitar al espectador a realizar recorridos alrededor del espacio en el que se insertan sus construcciones, siempre en asertiva dialéctica con el paisaje. Y además, se añadían como pluses la integración de dos temáticas propias de la tradición judaica como son la memoria y el exilio.

En este memorial quiso hacer referencia a la obra magna e inacabada de Benjamin Pasajes. A partir de algunas de las ideas que se proponen en el texto ha creado su propio pasaje construido en acero, que desciende desde la plataforma de entrada, al barranco que limita con las aguas del mediterráneo. El sitio de ubicación del monumento que tanto gustó a Hannah Arendt cuando lo visito en 1941, “Da a una caleta, directamente al Mediterráneo; desmontado en la roca, desciende en escalones en forma de terraza, en cuyos muros de piedra se incrustan los nichos. Es seguro, uno de los lugares más extraordinarios y bellos que he visto en mi vida” (3), favorece de forma ineludible el fortalecimiento de las sensaciones estéticas que nos ofrece; pero el arquitecto inteligentemente supo erigir una construcción que enfoca como un catalejo al paisaje activándole, concienciándonos de su belleza, constituyéndole como un elemento asociado esencial de la obra. Planificándolo todo con mucha intención, emplaza al espectador en un escenario grandioso, orientándole a adoptar una mirada romántica vinculada a la del propio Benjamin, y a partir de esta experimentación según donde orientemos esta, podremos distinguir entre esos dos términos diferenciados y relacionados a la vez que son el mundo visual y el campo visual. La realidad en toda su amplitud abierta a nuestra elección o la realidad enmarcada que selecciona y concreta nuestra percepción.

Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan, 1994. Port Bou, Gerona. Foto: Jorge Varas

Inaugurado el 15 de mayo de 1994, su producción fue financiada por la Generalitat de Catalunya y el Gobierno de la república Federal de Alemania. Asume por tanto también el memorial el título de la extensa obra inacabada de Benjamin, Passagenwek, texto que ocuparía al escritor desde 1927 hasta su fallecimiento. En él recogió la información necesaria para esbozar un rompecabezas activador de múltiples especulaciones, un plano de los fenómenos sociales de la modernidad que propone variadas alternativas de elección. El Pasaje, construido con láminas de acero que taladra el acantilado asomándose al mar, nos recuerda las galerías acristaladas tan aludidas por Benjamin en sus escritos sobre el París de Baudelaire, tan seductoras para él; pero también invoca los Pasajes entendidos como provisión de los relatos que ilustran los tránsitos de la vida moderna, o como textos sagrados de la tradición judaica que reclaman el sosiego necesario para ser interpretados y de ese modo poder obtener algún resplandor de veracidad de la realidad que nos circunda.

La filosofía de la historia, la necesidad de la experiencia, la idea de límite, el paisaje como aurea o la necesidad de la memoria, ideas centrales de la obra del autor alemán, han sido intencionadamente aprovechadas por el artista y ciertamente pueden ser percibidas con facilidad, cuando transitamos como espectadores el espacio en el que se despliega este memorial integrado completamente en el entorno paisajístico.

Una vez alcanzada la cima de la colina donde está la explanada en la que se establece el memorial, el visitante puede establecer varias experiencias perceptuales en función de los recorridos elegidos alrededor de los elementos que intervienen en su configuración. Independientemente de los tres recorridos cardinales, pero no excluyentes propuestos por el autor (pues coincide con Benjamin en que uno de los efectos más nefastos del sufrimiento del pasado siglo fue motivado por la imposibilidad de la experiencia), para mi fueron la interacción de construcción de acero, paisaje y cementerio, los elementos que mas condicionaron mi experiencia perceptual, una experiencia ciertamente muy física.

El primer pasaje o recorrido está determinado por la construcción del elemento arquitectónico de acero corten. La elevación sobre la superficie de la plataforma del prisma triangular de chapón de acero de unos 25 mm de grosor, hace la función de pórtico del pasadizo o túnel angosto de pronunciada pendiente, que con 87 escalones desciende vertiginosamente al mar. Según bajamos el corredor de 2,35 metros de altura apoyando con cuidado nuestros pies en los peldaños de este túnel de oxidado material férrico, cuando hemos recorrido tres cuartas partes de la distancia total del tubo de sección rectangular, nos topamos con un grueso vidrio que nos protege de la caída al mar. En dicho cristal aparece grabada una cita de Benjamin procedente de sus tesis sobre el concepto de la historia con la que yo abría el presente texto. Constituye Karavan un elemento estético que tiene dos caras, una exterior y otra interior, que nos condiciona a adoptar varias miradas paralelas de la realidad que rodea a dicho elemento. En las fotografías que presento podemos hacernos una ligera idea de lo que trato de explicar, pero más que en otras obras se hace aquí necesaria la experiencia real.

Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan, 1994. Port Bou, Gerona. Foto: Jorge Varas

El segundo pasaje se dispone a partir de un sendero abrupto y pedregoso que lleva de la modesta plataforma de delante del cementerio a la parte trasera del mismo, a la zona no católica. Según lo andamos vemos un centenario olivo con sus característicos retorcimientos de su tronco y de sus ramas, un árbol que ha representado más veces para Karavan el deseo de reconciliación. Desde este hito natural nos detenemos a contemplar el mítico y legendario Mediterráneo, los Pirineos y con una aguda visión también podremos distinguir el paso fronterizo por el cual Benjamin angustiado huía de sus verdugos para acabar en Port Bou, su estación definitiva.

El último recorrido que finaliza en el cementerio donde está enterrado el autor en una fosa común, pasa por una plataforma cuadrada de 16 m² donde un cubo de acero situado en el centro invita también a la admiración de la grandeza de todo lo que nos rodea.

Notas 
(1) Sánchez Sanz, J./ Piedras Monroy, P. (1989). A propósito de Walter Benjamin: Nueva traducción y guía de lectura de la “Tesis de Filosofía de la Historia”. “Duererías. Analecta Philosophiae”, Revista de Filosofía, 2ª época, nº 2, febrero 2011|ISSN 1989-7774. Pág. 12 


(3) El crimen fue en Port Bou. (5- 8-1984). Goytisolo, J. http://elpais.com/diario/1984/08/05/opinion/460504810_850215.html 
En esta cita la discípula de Heidegger parece visualizar algunas de las cualidades de la obra que años después realizaría Dani Karavan.

24 may. 2016

¿Somos imagen? Reflexiones en torno a La imagen exportada

Clara Gómez Campos, S/T, Serie Cuatricomía, Témpera sobre impresión digital, 2016

Mª Jesús Díaz / Comisaria de la exposición

El mundo actual tiene una potencia visual tan enorme que a veces incluso nos olvidamos de que nos consume constantemente. La imagen se apodera de nosotros de una manera tan feroz en el día a día que en muchas ocasiones no nos reconocemos en la fotografía recién publicada de nuestra red social favorita. Nos encontramos en una sociedad que se encuentra en continuo cambio, donde lo que más dice de nosotros es nuestra foto de perfil, no importa que se nos conozca interiormente, sino que nuestra primera presentación a través de las imágenes sea satisfactoria para el resto. Estas imágenes que exportamos al mundo de manera constante y gratuita nos hacen reflexionar sobre una cuestión, ¿somos imagen o somos una parte de la imagen?

Ahora que el consumo de imagen es mayor y que nuestra realidad se ha convertido en pura invención fotográfica, se necesita de personajes que ayuden a demostrar la idea de que en realidad solo somos imagen. Una imagen bien presentada al mundo, que puede reforzar nuestro interior o que, si bien lo preferimos así, puede darnos todo lo que necesitamos desde el exterior. Y si bien esta es fundamental para la exposición aquí presente, debemos decir que también es un plus para la artista.

Clara Gómez Campos trabaja con ese imaginario colectivo que la sociedad actual desprende diariamente, deja la puerta abierta al mundo de las redes sociales, modela y configura su trabajo a través de la selección de imágenes cotidianas de personas que no conoce o que simplemente le llaman la atención. Este proceso supone una mezcla de azar y de seguridad, en cuanto a lo que a la selección de imágenes se refiere. No hablamos de una serie de fotografías concretas realizadas en estudio y seleccionadas por la artista, sino que se trata de imágenes que selecciona en base a sus gustos propios, es decir, la ingenuidad en estado puro. Pero no opera con cualquier sujeto, sino que éste debe ser femenino. Para ella la mujer es fundamental, ya que es el elemento que usa siempre en su trabajo. Lo bello, lo sensual y lo infantil tienen eco dentro de su obra, rebosantes de un cromatismo brillante, que nos lleva a una intensa estética pop, nos trae recuerdos de aquellas imágenes icónicas y también nos deja jugar con nuestra propia imaginación.

No podemos obviar por tanto que la obra de Clara Gómez Campos reflexiona sobre la relación de la mujer con la sociedad actual, con el afán de poner de manifiesto la feminidad en sus obras, destacar en muchos casos sus rasgos más conocidos e incluso proponer un nuevo discurso dentro de la contemplación de la imagen de la mujer. A esto además, se une el inevitable emparejamiento que se hace de la mujer con lo que ella ha denominado elemento extraño, considerado un objeto que introduce en el cuadro que en primer momento desconcierta pero que pasado un pequeño lapso de tiempo nos hace comprender que es lo que realmente completa la obra.

En general su obra trabaja con la creatividad y la ingenuidad en completo estado puro, no busca la repetición de un patrón constante sino que reflexiona sobre la idea de que lo importante no es lo que pintes sino lo que dice una vez después de acabada. Su tendencia a relacionar sus pinturas con diferentes marcas conocidas o elementos infantiles no son más que la prueba de que busca una forma de canalizar de manera absolutamente excepcional sus más profundas pasiones, de manera que comparte su propia vida con el espectador a través de elementos que para nosotros son fácilmente reconocibles y para ella tienen un significado especial.

Pero alejándonos de las características fundamentales y generales de su obra, no podemos obviar que esta exposición se tiñe de un carácter tal vez más meditado pero no por ello menos eficaz. La imagen exportada es una exposición que trabaja con dos series bien diferenciadas, en las que las reflexiones a pesar de ser diferentes se complementan y cuyo fin no es más que el de hacernos recapacitar sobre la idea de nuestra propia imagen. Esta muestra podría ser considerada como un punto de inflexión dentro de la obra de la artista, ya que la atención no gira tanto en torno al paisaje, sino que su sentido más profundo se encuentra en la figura femenina y en lugares que le son agradables a ésta.

Clara Gómez Campos, S/T, Serie Cuatricomía, Témpera sobre impresión digital, 2016

Se trata por tanto de una exposición que pretende abrir la mente hacia la visión de la mujer en la realidad, pero no de una manera forzada o con un interés crítico, sino que es algo más documental, donde se pretende registrar a este género dentro de su ámbito cotidiano, a través de actitudes y poses que cualquiera de nosotros tomaríamos a la hora de hacernos una fotografía con unos amigos o un selfie. Es aquí donde el mundo interior de la artista cobra su máxima importancia pues, si bien hemos dicho que es una visión generalista de lo femenino, éste se introduce en las piezas de manera diferente según las obras que miremos. Son rostros agradables, rebosantes de vida, que brillan por su color, por su fuerza y que interaccionan con fondos y elementos que si bien pueden parecer inconexos, recobran el sentido si entendemos que la idea de la artista no es que haya un sentido conocido por nosotros, sino que nos sea agradable y que su estética nos permita evadirnos, jugar con nuestro propio yo y vernos dentro de las obras.

Como hemos apuntado anteriormente, se trata de una exposición en donde la cotidianidad femenina es el punto fuerte, a través del elemento fotográfico que hoy día nos consume. No podemos obviar la presencia tan potente de lo mágico y lo publicitario, que si bien son dos componentes secundarios dentro de las piezas, son útiles para poder comprender el contexto en el que realiza la obra en cuanto al hecho de que para ella son igual de importantes los elementos que podemos reconocer – publicitario – y los que nos evocan a nuestra infancia más pura.

Centrándonos en las series que en esta muestra se exponen, encontramos la serie Estrellas, compuesta por seis cuadros de gran tamaño donde se plantea la visión de la mujer de hoy día desde muchas de sus múltiples facetas, bien reales bien inventadas. Se trata de un diálogo que primero profundiza en la propia Facultad de Filosofía y Letras, en concreto, la Capilla de San Bartolomé, y que le ha servido de inspiración a la artista para poder realizar el fondo de estas imponentes piezas.

Fácilmente podríamos decir que conocemos o no a esas chicas, lo cierto es que Clara Gómez Campos ha decidido que la exposición sea lo más personal posible, dándole un carácter que solo podría conseguir implicándose de una manera tan activa, seleccionando fotografías de chicas que estudian en esta misma Facultad, para que sean su fuente de inspiración a la hora de realizar las diferentes figuras femeninas que van componiendo sus cuadros, de forma que la relación de estas obras con el propio lugar no solo se ve en el lugar que ya se conoce, sino también en los rostros que frecuentemente vemos pero en los que no nos detenemos.

Invita a la mirada interior, para que al igual que vemos a estas chicas en muchas de sus actividades diarias y cotidianas, nosotros también nos veamos. Se trata así de un juego en el que al igual que el espacio se hace presente en nosotros constantemente, nosotros también nos hacemos presentes en el espacio, un diálogo que muchas veces parece no querer funcionar porque nuestra visión está tan absorta en otras actividades que no somos capaces de comprender que nosotros somos el propio rostro de los lugares que habitamos.

Tenemos por tanto un lugar que nos es conocido, bien por nuestra relación con él o por nuestro devenir dentro de nuestra propia localización geográfica, que nos lleva a reconocer generalmente esos motivos mudéjares como propios; junto con una serie de mujeres que nos hacen ver diferentes momentos que pueden hacer eco en nosotros mismos, esto nos lleva a comentar el hecho de que todos estos personajes tan sumamente diversos componen una perfecta base para poder afirmar que no se trata tanto de que las imágenes sean más sensuales, más infantiles, más folclóricas o más divertidas, sino de que el género femenino es para Clara Gómez Campos el germen perfecto para plantear sus ideas acerca de que lo cotidiano no tiene porque ser lo aburrido, sino que puede ser lo absurdo, lo extravagante o lo erótico.

Clara Gómez Campos, S/T, Serie Estrellas (detalle), Témpera sobre impresión digital, 2016

Estas imágenes de la cotidianidad que se enmarcan en unos enclaves poco frecuentes, hacen que la artista mantenga la libertad de pintar a la manera que ella más desea, no es una cuestión de satisfacer los deseos de otros, sino sus propios gustos personales que van naciendo poco a poco a través de, como ya decíamos, personajes que pasan de manera fugaz por las redes sociales, que puede que nunca lleguemos a conocer, pero que tienen la suficiente fuerza como para hacernos levantar de nuestro propio asiento y reconocernos en ellas, ya que al final, no todos somos tan diferentes de lo que creemos y nuestra actitud es igual a la de otros muchos.

Partiendo de esta misma premisa pero con algunos códigos modificados, nos encontramos con la serie Cuatricomía, donde quince obras de formato mediano nos hacen replantearnos esa visión a través de muchos más elementos que provienen de la genuinidad de la artista. Son una serie de fondos que parten de los puntos benday para su composición, esta forma es verdaderamente innovadora dentro de su obra ya que es la primera vez que utiliza este sistema en su producción, lo que no solo le confiere un carácter único sino que además le dota una personalidad muy característica.

Estos fondos se van trabajando en diferentes formas y tamaños, cada elemento que aparece se amolda de manera perfecta a cada una de las composiciones y no precisamente porque sean relacionables por cualquier motivo, sino que la concordancia de los sujetos a pesar de su aleatoriedad hacen de estas obras un trabajo sumamente agradable a la vista debido a su color luminoso y a los rostros que en ellas aparecen. Se estimula sobre todo la relación del ojo con lo conocido a pesar de que los elementos, como ya hemos dicho, no tengan una obligada relación. Es por tanto interesante comprobar cómo aún en el siglo XXI continuamos reconociendo de una manera mucho más clara el arte figurativo antes que el abstracto, debido a que nuestra mirada ha sido educada para comprender lo que se ve y no lo que hay detrás, lo que desvaloriza en gran medida tanto a un tipo de arte como otro, ya que jamás se podrá interpretar una pieza al completo si nos quedamos con lo que percibimos a simple vista.

Se trata por tanto de un diálogo en el que sobre todo participa la mirada del espectador en base a su bagaje, ya que el reconocimiento de imágenes como Coca-Cola, Jurassic Park o el teléfono langosta de Salvador Dalí, entre otros, nos hacen comprender que la imagen potente y que llame la atención es muy importante para Clara Gómez Campos. No es una cuestión de querer intentar que su obra se descubra a primera vista por las marcas, como ocurriría de una forma más acusada en el pop, sino que juega con lo que mejor conoce, que no es otra cosa que su mundo interior, que le permite poder exportar todas estas imágenes en un cuadro en el que ella sienta que todos los elementos le son fácilmente reconocibles.

Afirma así que la importancia de las marcas conocidas no reside en el hecho de que sean objetos de consumo como tal que todos queramos o necesitemos, sino que se trata más de una búsqueda en nuestro propio interior, donde también nosotros encontramos puntos de unión con sus piezas, ya que no es tanto el hecho de reconocer lo que vemos ante nuestros ojos sino que estas imágenes nos hagan participes de un tiempo y momento concreto. Pero todo esto nos vuelve a remitir al mismo punto que ya comentábamos anteriormente que no es otro que el de lo cotidiano.

Esos elementos cotidianos que se hacen tan presentes en nuestra vida como lo hace en la obra de Clara Gómez Campos no tienen que ver con lo monótono, sino con aquello que nos hace poder hacer presente nuestra memoria justo cuando observamos las imágenes que se nos muestran. Estas vienen acompañadas además de otro elemento que ya hemos destacado, el género femenino, que de nuevo aparece representado en su cotidianidad, pero en este caso no solo vemos piezas de carácter individual sino que también podemos contemplar parejas de chicas que se encuentran en espacios tal vez irreconocibles para nosotros, pero que nos hacen pensar en ese instante en el que capturamos una fotografía.

Por tanto, vemos que no se trata de un intento por exaltar la feminidad o aquello que podamos creer que podría considerarse como algo espectacular, sino que es una reflexión en torno al hecho de que la belleza más natural y fascinante se encuentra en nuestro día a día, en la captura que tomamos con una amiga de un momento inolvidable, el instante en que más especiales nos sentimos o incluso en los lugares más inesperados. La relación que se establece así entre el espectador y la obra es algo muy familiar, ya que somos nosotros mismos en nuestra facultad, en nuestro bar favorito o en nuestra propia casa.

Clara Gómez Campos, S/T, Serie Cuatricomía (detalle), Témpera sobre impresión digital, 2016

De manera que a través de La imagen exportada se intenta mostrar una visión de la realidad distorsionada, igual que aquella que damos al mundo exterior y con la que creemos que se nos define cuando puede ser todo lo contrario. Es una búsqueda de una realidad modificada a la manera en que Clara Gómez Campos la entiende, al igual que nosotros al retratarnos en una fotografía buscamos aparecer de una manera determinada, con la idea de ser agradables a los demás, la artista intenta unir elementos que le sean propios, para no perder su esencia, indagando en su interior, para poder reflejar así elementos en los que nos reconozcamos pero a la vez nos hagan sentir extraños dentro de nuestra propia vida.

Es una cuestión de la actualidad, intentamos dar una apariencia que puede ser tanto negativa como positiva, pero que en muchos casos puede servir – sin quererlo – para dar rienda suelta a proyectos artísticos como estos en los que este tipo de imágenes sirven para que nos replanteemos nuestro propio propósito en cuanto a la sociedad que nos rodea y también que nos haga jugar con elementos que si no nos fueran tan familiares, tal vez nos harían desconectar de la obra. Se trata de un magnífico trabajo de reflexión, en el que Clara Gómez Campos aboga por la sinceridad descarnada en sus cuadros, en cuanto a que no oculta su propio mundo, reflejando lo infantil y lo descarado. No se pretende dulcificar lo que hay, sino que a través de lo que se tiene se busca dar una visión que no esté contaminada por una red social y así podamos sorprendernos al completo con las obras.

En definitiva, la visión de Clara Gómez Campos está desprovista de tintes críticos que busquen denunciar algún patrón negativo o erróneo dentro de la sociedad, solo busca mostrar lo que nos es más conocido en el tiempo y lo que en muchos casos nos hace hablar y reflexionar más que muchas otras cuestiones de nuestra actualidad. Las escenas más diarias, lo femenino y los elementos extraños, se hacen presentes para dejar huella de lo que somos a día de hoy y de cómo queremos ser recordados. Es una forma de exponer al público lo que más anhelamos, que no es otra cosa que el hecho de que se nos reconozca, ya que en un mundo donde lo primero es la imagen, siempre enseñaremos nuestra mejor foto de perfil. 


Clara Gómez Campos 
La imagen exportada 
Galerías Cardenal Salazar 
Plaza del Cardenal Salazar, 3. 
Córdoba 
Hasta el 24 de julio 
Comisaria: María Jesús Díaz

30 mar. 2016

Cierra CoMbO, espacio independiente (quizá por eso)

Una de las actividades realizadas en CoMbO. Foto: Ars Operandi
Redacción / Ars Operandi

Hay noticias que nunca quisiéramos tener que dar y ésta es una de ellas. Después de una travesía que ha durado poco más de dos años cierra sus puertas CoMbO, el espacio independiente más significativo con que contaba la ciudad. Auspiciado por Gaby Mangieri y Javier Orcaray, CoMbO nació como el lugar desde donde dar visibilidad a los proyectos que se realizaban en la Residencia de artistas La Fragua que ambos dirigen en Belalcázar. Al equipo formado por la pareja pronto se suma el crítico y comisario de arte Jesús Alcaide. Juntos han sido responsables de una programación que además de exposiciones y performances ha incluido jornadas de debate, conferencias, presentaciones de libros y revistas, un club de lectura, conciertos y actividades didácticas. Toda una bocanada de aire demasiado fresco para una ciudad que permanece anquilosada en el tiempo y que contempló con indiferencia todo lo que allí acontencía.

Cartel de Pause,  jornadas de arte contemporáneo en Córdoba
En estos dos años por el espacio de la calle García Lovera han pasado artistas internacionales como Anders Grønlien, Tommy Høvik, Natalie Häusler, Karen Nikgol, Tobias Sjöberg o Shan Kelley; nacionales como Iván Izquierdo, Pablo Capitán del Río, Fernando M. Romero, Ángel Masip, David Bestué o Ira Lombardía o muestras colectivas  como Undocuments No somos tan raras.  En muchos casos los artistas fueron invitados a una estancia en Córdoba para trabajar en la construcción de nuevos imaginarios de la ciudad. Así, Karen Knigol presentó series basadas en la Semana Santa y la performatividad mediterránea, el canadiense Shan Kelley tomó como referencia la figura de Pepe Espaliú para desplegar un trabajo realizado en los espacios de cruising de la ciudad y David Bestué ofreció una relectura del poeta Juan Bernier, como representante de una Córdoba oculta y no oficial. Esta voluntad de incidir en el proceso de construcción cultural de la ciudad llevó a CoMbO a organizar jornadas de reflexión y debate como Pause, al hilo de la celebración del 60 aniversario de la primera exposición de arte contemporáneo en la ciudad de Córdoba, o RE-VIEW, las jornadas que en torno a la imagen actual se plantearon desde CoMbO y Blow Up, otro espacio independiente recientemente desaparecido, coincidiendo con la Bienal de Fotografía.

Aspecto de la intervención de Fernando M. Romero en la fachada de CoMbO. Foto: FMR
A.O.: Parece que después de haberlo intentado durante dos años en los que habéis sostenido totalmente la programación y las actividades del espacio de la calle García Lovera, los números son tozudos y el proyecto es imposible de mantener económicamente ¿Cuáles son las circunstancias que han abocado al cierre de CoMbO?

CoMbO: En principio hay que resaltar que CoMbO era un programa cerrado de cinco meses, temporal, experimental, con una programación de intercambio internacional con artistas, algo que para nosotros faltaba en la ciudad de Córdoba y que comenzamos con el artista noruego Anders Grønlien. Fue la propia comunidad que se creó en torno al proyecto la que nos llevó a continuarlo sin tener una fecha límite ni un horizonte temporal. En este sentido, nos gustaría diferenciar entre CoMbO como un espacio físico localizado en el centro de la ciudad de Córdoba, y CoMbO como un proyecto colectivo que al igual que todo proceso vivo, tiene sus ciclos y mutaciones. La energía no se pierde, se transforma, por lo tanto CoMbO sigue abierto. Tal y como hablábamos hace unos meses con Martí Manen, este tipo de espacios independientes, tiene cada uno su propio ciclo de vida y devenir. No es lo mismo un espacio de similares características en Suecia que aquí, una cuestión que ha sido determinante a la hora de abordar este proceso. En este momento la prioridad es programar y generar actividad, no necesariamente en una sede permanente.

I see the darkness, instalación de Ira lombardía en CoMbo. Foto: Ars Operandi
A.O.: Como decís CoMbO desaparece como espacio físico pero no desaparece como espacio de generación de proyectos; organizásteis Jaque a la institución, uno de los curso de verano de Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) que contó con la presencia de Martí Manen, Peio Aguirre o Manuel Segade, entre otros y de hecho continuáis trabajando en algunos de los que están en marcha como la residencia en la ciudad del artista argentino Antonio Gagliano. ¿Vais a seguir desarrollando propuestas, articulando espacios de debate? ¿Serán aquí en la ciudad?

CoMbO: Sí, nos gustaría seguir trabajando en la ciudad, así como en cualquier contexto donde los afectos sean un factor importante. Y por supuesto aprovechar todas las redes y conexiones que hemos construido a lo largo de estos dos años para seguir aprendiendo, generando espacios de dialogo, siendo críticos e independientes y disfrutando con lo que hacemos.

Vista de la exposición de David Bestué en Combo. Foto: Ars Operandi
A.O.: Una de las virtudes de CoMbO era su voluntaria falta de definición, nunca abogasteis por ser una galería de arte aún ofreciendo una oferta muy similar a éstas. ¿Se convirtió esa virtud en una de vuestras debilidades?, ¿Por qué no estabais interesados en ocupar el espacio de una galería de arte comercial? Al fin y al cabo trabajabais con artistas que el mercado en muchos casos reconoce como David Bestué, premio ARCO de la Comunidad de Madrid o Pablo Capitán del Río, premio Mustang al mejor artista joven de Just Mad.

CoMbO: El coleccionismo en Córdoba no está en general en la misma sintonía que las propuestas artísticas que a nosotros más nos interesan. Salir fuera e incluso internacionalizar la actividad requiere el aprendizaje de una nueva profesión, la de galerista, así como una inversión económica para entrar en el mercado internacional como se merecen los artistas con los que hemos trabajado. Además, este no es ni nuestro interés, ni nuestro camino, porque CoMbO en García Lovera era mucho más que un espacio expositivo. No creemos que esa indefinición de la que habláis sea una debilidad, sino todo lo contrario, es la herramienta para una continua redefinición y gracias a ese carácter hemos conseguido trabajar con muchos artistas y otros agentes culturales que han valorado ese carácter independiente y de proyecto abierto.

Primera exposición de CoMbO. Foto: Ars Operandi

A.O.: El proyecto arranca apoyado en parte por las EEA Grants, que son ayudas de los gobiernos noruego, islandés y de Liechtenstein para contribuir a reducir las desigualdades económicas y sociales respecto a los países menos favorecidos de la Unión Europea, entre ellos España. Resulta curioso que un proyecto que es objeto de apoyo por parte de organismos internacionales no reciba la mínima atención por parte de las instituciones locales. Por otro lado, resulta fácil comprobar como, por parte de los poderes públicos tanto municipales como provinciales, sí hay un apoyo explícito económico a proyectos que en muchos casos aportan muy poco al contexto de la cultura local. ¿Se han mostrado alguna vez las instituciones interesadas en colaborar con el proyecto?

CoMbO: Nos gustaría aclarar que las ayudas de la EEA sólo sirvieron para apoyar el primero proyecto producido por Anders e Iván, así como una pequeña partida para el acondicionamiento del local para esta utilidad y la apertura del mismo. En cuanto a lo que nos preguntáis sobre las instituciones, se han mostrado interesadas en más de una ocasión, aunque no de una manera clara y eficiente. Aunque parezca una insensatez sigue habiendo un espíritu de esperanza, algún día las instituciones públicas de la ciudad se abrirán a la colaboración con propuestas culturales contemporáneas como CoMbO. No hay vuelta atrás. THE FUTURE IS SELF-ORGANISED.

25 mar. 2016

Elogio de la sombra. Fernando M. Romero en el Hospital Real de Granada

He atrapado una sombra_01, instalación de Fernando M. Romero en el Hospital Real de Granada. Foto: Cortesía del artista
Redacción / Ars Operandi

El Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada, a través de su Área de Artes Visuales, viene desarrollando una interesante programación de la mano de la artista y docente Belén Mazuecos. Exposiciones en La Madraza y el Hospital Real, proyectos como El vídeo en el aula o Escenas del Graffiti, seminarios, talleres de artistas y unos cuidadísimos programas didácticos  y divulgativos conforman una oferta que empieza a destacar dentro del panorama universitario andaluz. Tras las muestras individuales de Miguel Ángel Moreno Carretero, Chico López y la dedicada a los 14 años de Scarpia es el turno de Fernando M. Romero, egresado de la Universidad, quien vuelve a la ciudad para repasar los últimos años de su trayectoria artística. Un tiempo especialmente fecundo para el artista cordobés que lo ha llevado a realizar más de treinta exposiciones individuales y colectivas en los últimos cinco años en galerías, ferias y salas institucionales del panorama nacional e internacional.

He atrapado una sombra_02, instalación de Fernando M. Romero en el Hospital Real de Granada. Foto: Cortesía del artista
La propuesta que presenta en el Crucero del Hospital Real muestra un recorrido por las principales estrategias de las que se nutre para explorar, desde un enfoque interdisciplinar, la distancia existente entre la realidad y sus registros. Fotografía, pintura, instalación y video conforman un bucle en la producción de Fernando M. Romero mediante el que intenta desvelar los mecanismos que intervienen en nuestra percepción de la realidad. De su interés por expandir la pintura y hacerla colisionar con otros medios dan buena cuenta He atrapado una sombra 01 y 02, las obras que ocupan el espacio central del Crucero. Tanto en una de sus ya clásicas intervenciones mediante cinta adhesiva, la más monumental hasta el momento, como en la otra pieza, una aguda puesta en escena sobre la representación, el registro y la memoria, se hacen evidentes esa confluencia de intereses de los que se nutre su obra reciente y que van desde cómo construimos y nos relacionamos con nuestra memoria a las teorías científicas acerca de la naturaleza de la luz y de nuestro conocimiento de la realidad. 

Fotografías de las series Grid_(Lacock Abbey) de Fernando M. Romero. Foto: Cortesía del artista
El trabajo que viene desarrollando Fernando M. Romero, en el que el proceso de construcción de las imágenes adquiere gran protagonismo, le ha llevado a indagar en los pioneros de la fotografía del siglo XIX, Fox Talbot, John Herschel, Clerk Maxwell, etc., en los que "confluían por un lado la vertiente científica y sus investigaciones sobre la naturaleza y el comportamiento de la luz y por el otro el deseo de fijar esa luz o ese momento más allá de lo pasajero. Hoy día la fotografía y lo visual han monopolizado nuestros recuerdos y la forma en la que construimos nuestra memoria". Fernando M. Romero acude al momento inicial en el que todas esas cuestiones se configuraron por primera vez en una forma concreta a través de los ensayos fotográficos y los primeros negativos de W. H. Fox Talbot. Anteriormente ya se conocía el funcionamiento de la cámara oscura, la reacción fotosensible de las sales de plata e incluso hubo avances como el fisionotrazo de Guilles Louis Chretien o los trabajos de Thomas Wedgwood para trazar o capturar siluetas a escala".

Fotografías de las series Et in Arcadia ego y Folded de Fernando M. Romero. Foto: Cortesía del artista
En 1835, Fox Talbot, con ayuda de John Herschel, logra fijar el primer negativo fotográfico de la celosía de su ventana. “He atrapado una sombra” fueron las palabras que usó al difundir su trabajo. Es este momento en el que se entrelazan fotografía, dibujo y pintura el que atrae a Fernando M. Romero como pintor, pues en estas sombras y siluetas encuentra una relación directa con el mito fundacional de la pintura, el mito griego de Butades en el que su hija trazaba el perfil de la sombra que proyectaba su amado en la pared antes de partir.  "Para mí atrapar una sombra", indica el artista, "significa hablar de la memoria, del recuerdo, de cómo reconstruimos todo eso. Lo único que podemos atrapar realmente es la sombra. La huella es lo único que podemos atrapar, pero lo atrapamos siempre a base de trampas".

He atrapado una sombra. Fernando M. Romero
Hospital Real de Granada
Hasta el 11 de abril




17 mar. 2016

Los papeles de Espaliú

Dibujo de Antonio Gagliano en El Espíritu del siglo XX
Redacción / Ars Operandi

La biblioteca de Pepe Espaliú fue donada a Arteleku por deseo del artista tras su muerte en 1993. Veinte años después, los 4.500 volúmenes y documentos que la conforman fueron devueltos a la familia por la Diputación Foral de Gipuzkoa. Desde entonces están depositados en el Centro de Arte Pepe Espaliú y hoy, una parte importante de esos libros cerrarán una especie de círculo. Los 106 dibujos de Antonio Gagliano que relatan El Espíritu del siglo XX, la publicación que se presenta en el CAPE, son copias realizadas a partir de las anotaciones, recortes y documentos que se hallaban entre las páginas de los libros de Espaliú y que fueron extraídos de los volúmenes durante su conversión atropellada de cuerpo privado a patrimonio público. El origen del libro, indican desde CoMbO, se sitúa en “un paisaje anegado”, en el que se sobresale la biblioteca de Espaliú, depositada en Arteleku, un centro que se vio sometido a una serie de “desbordamientos físicos e ideológicos, incluido el de un río próximo obstinado a inundar la memoria del lugar. Sumergidas en el corazón de esta escena hay dos cajas abarrotadas de folios manuscritos y materiales impresos, semejantes a los papeles de color sepia de imágenes acuáticas inquietantes y charcos de orín convocados por Valentín Roma en su texto para esta publicación”.

Dibujo de Antonio Gagliano en El Espíritu del siglo XX
Los dibujos de Gagliano (Córdoba, Argentina, 1982), quien desarrolla en estos días una residencia artística invitado por CoMbO en la que investiga sobre las dos ciudades homónimas, han sido organizados en torno a varias preguntas latentes sobre los “límites de la autoría, los puntos de confluencia entre los fenómenos virales en los campos de la enfermedad y la cultura, o el supuesto agotamiento del archivo. No obstante, antes que propiciar un bloqueo de otra naturaleza, desplegamos la copia artesanal y mimética como una técnica jurídica capaz de acelerar su circulación. Se trata aquí de liberar una galaxia impresa: rebasar el balbuceo que fiscaliza la vida múltiple de la memoria, sus infinitas bifurcaciones, su libre distribución. El protagonista de esta historia no es, en cualquier caso, ni el artista, ni la institución, ni la biblioteca y sus márgenes, sino el siglo XX, un fantasma monumental cuya sombra alargada ha terminado atravesando toda la narración”.

Presentación de El Espíritu del siglo XX. Texto de Valentín Roma ; [editores, Aimar Arriola & Antonio Gagliano]  a cargo del autor y conversación con Jesús Alcaide, comisario de arte
Miércoles, 17 de marzo, 19:30 h. 
Centro de Arte Pepe Espaliú


27 feb. 2016

Equipo 57 y Pepe Espaliú en el 35 aniversario de ARCO


Un aspecto del stand de Rafael Ortiz en ARCO con obras de Equipo 57. Foto: Ars Operandi
Redacción / Ars Operandi

Madrid se convierte en estos días en la capital de todas las ferias de arte. Y es que, orbitando alrededor de ARCO, se contabilizan ya casi una decena de iniciativas que, atendiendo a diferentes segmentos de mercado, vienen a completar la oferta de la XXXV edición de la feria. Una edición con un tono marcadamente celebratorio que pretende reclamar el decisivo papel que ARCOMadrid ha desempeñado como dinamizador de la escena artística en el país. Como muestra de homenaje a las galerías que han recalado en ARCO durante estos 35 años, la organización ha invitado a 33 grandes firmas internacionales entre las que se incluyen nombres tan aquilatados como los de Lisson Gallery, Marian Goodman o Chantal Crouse. Los principales exponentes del arte contemporáneo en Córdoba, Equipo 57 y Pepe Espaliú, cuentan un año más con una importante presencia en la feria de la mano de sus galeristas habituales, Rafael Ortiz y Pepe Cobo. En el caso de Equipo 57 la presencia es doble; a la nutrida representación de obras que presenta Rafael Ortiz hay que sumar en esta edición los trabajos que se incluyen en el stand de la mítica galería parisina Denise René.

Obras de Vasarely y Equipo 57 en el stand de Denise René en ARCO. Foto: Ars Operandi
Denise René, que vuelve a Madrid para conmemorar el aniversario de la feria, es la histórica galería que albergó hace casi 60 años una de las primeras muestras individuales del colectivo formado por Juan Serrano, Juan Cuenca, Ángel Duarte, Agustín Ibarrola y Pepe Duarte.  Para su comparecencia en ARCO la galería francesa ha seleccionado Sín título KØ 43, un óleo sobre lienzo de 1958 realizado en Dinamarca que ya estuvo presente en la exposición retrospectiva de Equipo 57 en el MNCARS y que se exhibe junto a obras de Victor Vasarelly y a una escultura de varilla de acero perteneciente a la producción individual de Ángel Duarte. Por su parte, la galería Rafael Ortiz dedica gran parte de su stand a una recopilación de obras del colectivo de artistas. La muestra incluye óleos, gouaches, esculturas en piedra artificial, madera y acero, mobiliario, bocetos y prototipos que son exhibidos con una disposición propia de un gabinete de coleccionista. Rafael Ortiz reclama con su apuesta la "permanente actualidad" de una obra que, a medida que pasa el tiempo, "sigue creciendo en reconocimiento tanto a nivel nacional como internacional".

Obras de Miroslaw Balka y Pepe Espaliú en el stand de Pepe Cobo en ARCO. Foto: Ars Operandi
La obra de Pepe Espaliú vuelven un año más a ARCO de la mano de su galerista, Pepe Cobo. El que fuera director de La Máquina Española, la galería que proyectó internacionalmente la obra del artista cordobés, presenta en la feria madrileña una selecta relación de autores que incluye nombres tan señalados de la escultura contemporánea como los del propio Espaliú, Juan Muñoz, Cristina Iglesias, Miroslaw Balka o Stephan Balkenhol. Pepe Cobo acude a este aniversario de ARCO con dos piezas de Espaliú, Sin título, una escultura de bronce y cuerda del 91 y Dentro de poco, una obra sobre madera que guarda especial recuerdo para el galerista ya que se mostró en la primera individual que realizó el artista cordobés en la galería sevillana en 1987. Cobo ha señalado a Ars Operandi que es notorio el interés que sigue suscitando la obra de Espaliú como demuestra el anuncio de una próxima exposición individual en el IVAM comisariada por dos especialistas en la obra del artista como son el crítico y comisario Juan Vicente Aliaga y el actual director del centro valenciano, José Miguel Cortés.

Trash, de Antonio Blázquez en el stand de ABC en ARCO. Foto: Cortesía del artista
Sin salir de ARCO y ya fuera del programa general encontramos la presencia del cordobés Antonio Blázquez,  seleccionado, junto a otros diez jóvenes artistas emergentes por el crítico y comisario Javier Díaz Guardiola para mostrar su procesos de trabajo en el stand de ABC. El periódico, que conmemora el XXV aniversario de su suplemento cultural, ha querido así dirigir su mirada hacia los artistas que, "tal vez, alcancen la cima por méritos propios en ARCO en el año 2041, dentro de otros 25 años". Durante los días de la feria los artistas seleccionados han realizado sus trabajos a la vista del público para conformar una obra que mantiene el formato y la cabecera del suplemento cultural. Antonio Blázquez ha usado para la ocasión el repertorio iconográfico que le es afín, con imágenes fotocopiadas extraídas de los medios e intervenidas mediante dibujos. Trash, la obra que presenta, es en palabras del artista "una pieza realizada con información del propio periódico, caras de personajes que han aparecido en estos últimos meses, recopiladas, sacadas de su contexto, reimpresas sobre papel rosa y convertidas en pequeñas bolas de papel arrugado". También en el espacio que ARCO dedica a los medios de comunicación, en el stand de RTVE, nuestro compañero Jesús Alcaide, ha formado parte de Ruido. Nieve, un proyecto del artista Eduardo Hurtado que pretende poner en primer plano "aquello que habitualmente está fuera de foco como el registro, la escenografía, el ensayo o el discurso audiovisual".

Un aspecto de las obras de Rafael Jiménez en el stand de Modus Operandi en JustMad. Foto: Cortesía de la galería
Al igual que sucede en las grandes ferias internacionales, alrededor del astro de ARCO giran ya, a modo de satélites, casi una decena de ferias. Desde las más veteranas como ArtMadrid hasta las recién llegadas como Drawing Room proponen todas una oferta complementaria a la feria madre prestando especial atención al arte más emergente. En JustMad, que celebra su séptima edición, el artista cordobés Rafael Jimenez presenta en el espacio de la galería madrileña Modus Operandi una colección de obras que forman parte de una investigación en proceso en la que reinterpreta mediante dibujos con plastilina bustos, retratos, piezas y objetos museísticos. trabajos recientes que delatan su interés hacia el pasado y nuestra identidad, "prestando atención a las diferencias entre los conceptos de historia y memoria y a la deformación y manipulación de ambos a través de la imagen".

Mapping me: Crecer también duele, obra de María Ortega Estepa. Foto: Cortesía de la artista
Por su parte, la artista María Ortega Estepa hace doblete en dos de las ferias madrileñas con obras en las que la naturaleza adquiere todo el protagonismo. En Room Art Fair, que se celebra en el Hotel Petit Palace Santa Bárbara, presenta obras como Cosmos. La Armonía en el stand de la galería Bus Station Space de Santiago de Compostela en una muestra comisariada por Jose Luis Rey Barreiro. Por otro lado en We are fair y de la mano de la galería Millano Art Studio se pueden contemplar obras de la artista cordobesa de la serie Mapping-me.

Un_folded_01, políptico fotográfico de Fernando M. Romero en We are fair. Foto: Cortesía del artista
También en We are fair, otro artista cordobés, Fernando M. Romero, presenta sus trabajos, un políptico fotográfico de la serie Un_folded, en el I Proyecto Andalucía, comisariado por Esther Fernández, presidenta de la asociación ANVAD, y en el que también se muestran obras de Javier Calleja, Joan Lara, Manuel A. Domínguez o María Cañas entre otros. Romero, que ya participó en la pasada edición de JustMad, presenta en estos días una amplia recopilación de trabajos recientes en el Hospital Real de Granada bajo el título He atrapado una sombra.

Entresijos, obra de Pepe Puntas en el stand de la galería BAT en ArtMadrid. Foto: Cortesía del artista
La más veterana de las ferias paralelas, ArtMadrid, celebra su decimoprimera edición en la Galería de Cristal de CentroCentro Cibeles con 46 galerías y una significativa presencia entre ellas de expositores internacionales. Una de las galerías habituales de la feria es BAT Alberto Cornejo donde el artista cordobés Pepe Puntas presenta, como viene siendo habitual en los últimos años, una selección de sus trabajos más recientes en un stand que también incluye obras de Diego Canogar, Byeonghee Bae o Carlos Albert entre otros.



14 feb. 2016

Donde crece el peligro crece también la salvación. María Cañas en Isabel Hurley

Still de video de Risas en la oscuridad, instalación de María Cañas en Isabel Hurley. Foto: Cortesía de la galería
Redacción / Ars Operandi

Aconsejaba Farocki desconfiar de las imágenes. María Cañas no solo rubrica esta sospecha sino que se adentra habitualmente en el detritus audiovisual para intentar dinamitar desde dentro el aparataje icónico que sustenta a esta sociedad de la información y el espectáculo en tiempo real. Tras su celebrada individual en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, recoge ahora parte de estos trabajos producidos en colaboración con el centro para ponerlos en escena en la galería Isabel Hurley. "Archivera de Sevilla, Virgen Terrorista del Archivo, iconoclasta audiovisual, salvaje mediática, videoguerrillera" se define una artista que se alimenta en compulsiva dependencia del "excedente de imágenes del gran teatro del mundo". Los fragmentos de YouTube, videos de noticiarios, archivos fílmicos y retazos de películas constituyen para Cañas un material que, debidamente agitado, se convierte en "resistencia a la distracción, al maniqueísmo, a la espectacularidad gratuita y demás paparruchas engendradas por la industria del entretenimiento digital. Me apasiona generar ocio terrorífico que nos haga rugir porque la revolución no será televisada". Un trabajo de apropiación y resignificación que reflexiona sobre "la extraña mezcla de diversión y tremendismo, de imaginería lúgubre y sensual en nuestro imaginario colectivo, operando en el canibalismo iconoclasta". Reivindica así narrativas audiovisuales "liberadas de las concepciones bunkerizantes de la historia y de los géneros: avanzar por tierra de nadie, entre el cine experimental y el videoarte, el documental y el ensayo, la vida y la muerte…".

Risas en la oscuridad, instalación de María Cañas en Isabel Hurley. Foto: Cortesía de la galería
En Risas en la oscuridad, una videoinstalación de tres canales, Cañas rinde homenaje a todas aquellas que siente como hermanas, "brujas, quemadas y resurgidas de sus cenizas". Un tributo a la mujer, que lejos de los arquetipos cinematográficos de la femme fatale, reivindica una condición "fuerte, autosuficiente y libre". El material que nutre Risas en la oscuridad está protagonizado exclusivamente por imágenes de mujeres extraídos de diferentes medios, son "brujas, vampiras, guerreras, cándidas y malignas, féminas bigger than life que muestran su poder instaurando el desorden y la revuelta a través de una cascada interminable de risas salvajes, iluminando la oscuridad, la supuesta muerte del cine y de la literatura, con su risueña energía creadora. Mujeres que no tratan de agradar y servir, ni esperan el momento de la maternidad o del regreso del varón al calor del hogar. Son diosas, súcubos, gigantas, mujeres de luz y de fuego, plenas, provenientes de la mitología, el cine o la calle. Mujeres fuertes, autosuficientes y libres, o a veces, desesperadas, que se rebelan ante lo establecido. Son mujeres que se autoexorcizan, que combustionan en una catarsis de fuego".

Al toro bravo échale vacas, instalación de María Cañas en Isabel Hurley. Foto: Cortesía de la galería
La risa y el humor negro también forman parte indisoluble de Al toro bravo échale vacas, una instalación con hamacas y césped artificial que indaga sobre el inexorable ocaso de lo racial, "sobre la paradoja de que el toro bravo ya no es bravo, porque España, esa piel de toro, se está quedando calva, en los huesos". Hubo un tiempo, recuerda Cañas, en que la frase "échale vacas al toro", tenía sentido, pero hoy, con tanta corrupción y tanta química, hasta el toro ha perdido su virilidad, está tan mustio que ni las vacas ni el antaño afrodisíaco soniquete de la trompetilla cañí lo empalman".  Y es que para la artista "Los espíritus libres no admiten certezas, ni mandamientos, ni dogmas. La libertad no soporta la patria, la santidad, ni las modas, ni el poder dictatorial. Me interesa experimentar la vida desde la contradicción, no desde la convicción. Me parece sospechoso, todo lo que aspira a superioridad moral, todo lo que propone una línea de perfección a seguir, sea una religión, un movimiento artístico o un partido. Prefiero pensar sencillamente en la existencia de la deriva…"

Still de video de La mano que trina, instalación de María Cañas. Foto: Cortesía de la galería
El lado oscuro de la tecnología, el sentimiento de tecno-paranoia, la religión del selfie, las tecnopatías, la demencia digital, la obsolescencia programada, la e-waste y el poshumanismo están, para María Cañas, detrás de La mano que trina, una proyección de video que la artista sevillana acompaña de una acumulación de chatarra electrónica. La pieza funciona a manera de sátira sobre una sociedad tecnológicamente hiperconectada en la que "los smartphones, las tablets y los ordenadores están acabando con la poca masa crítica agitadora de nuestra sociedad, cada vez más banal e infantilizada, en gran parte debido a la smartphone´s addiction. Y es que tal vez, concluye la artista, "nos estemos convirtiendo en datos a merced y bajo el control de megacorporaciones en las que no prima el arte ni la libertad de los usuarios si no el afán de lucro salvaje y voraz, en una época de vértigo, en la que ya no hay tiempo para ver, leer y escuchar con atención crítica".


Contenga multitudes. María Cañas
Galería Isabel Hurley. Málaga
Hasta el 26 de marzo

12 feb. 2016

Doble cita en el Premio Citoler

Un aspecto de la exposición de Vari Caramés. Foto: Ars Operandi
Redacción / Ars Operandi

El Premio Bienal Internacional de Fotografía Pilar Citoler presentó ayer en la sala Vimcorsa las exposiciones correspondientes al ganador de la séptima edición, Vari Caramés, y a los finalistas de la octava. El fotógrafo gallego muestra, bajo el título de Ventana a lo insólito, una recopilación de trabajos que recoge desde las fotografías en blanco y negro realizadas en los ochenta y noventa hasta las obras en color fechadas a partir del año 2000. A través de series como PasatiempoTránsito, Recreo o Nadar es posible rastrear los intereses de un fotógrafo que afirma buscar la sugerencia, la evocación y el "hacer soñar al espectador". Lo intemporal, lo indefinido se reflejan en una obra "repleta de momentos fugaces que pasan inadvertidos en el fluir de los días que invita a todo aquel que la observa a contemplar una realidad diferente, una realidad nacida de la peculiar mirada del artista, de la que coge un fragmento y aplica un filtro personal. Evocaciones, estímulos cotidianos relatados, que no retratados, protagonizan sus obras, que luchan por eludir las marcas del tiempo, intentando ser intemporales" como se indica en la monografía publicada en la colección El Ojo que ves con motivo de la séptima edición del premio.

Bereavement, obra de Erica Nyholm ganadora del Premio Citoler. Foto: Ars Operandi
Un premio que es uno de los mejores dotados en su género, 15.000€, además de una individual y una monografía y que viene a reconocer, como establecen las bases, "de modo especial una trayectoria artística y su inserción en el discurso de la fotografía contemporánea". En esta edición el galardón ha recaído en Erica Nyholm (Helsinki, 1982), una fotógrafa finlandesa que hasta el momento ha realizado cuatro exposiciones individuales, la primera en el año 2010. El jurado, presidido por Pilar Citoler y compuesto por el director de Cultura de la Universidad de Córdoba, Pablo Rabasco; el director del Centro Andaluz de la Fotografía, Pablo Juliá; el pintor y fotógrafo Juan Ugalde; el galerista Moisés Pérez de Albéniz; el fotógrafo y teórico Jesús Micó; el teórico y crítico de arte Alfonso de la Torre; y el fotógrafo Vari Caramés, como ganador de la última edición, valoró "el alto compromiso con el lenguaje con la fotografía contemporánea, basado en un imaginario poético muy marcado por su misteriosa visión cotidiana". La obra ganadora, Bereavement, responde a una fotografía de puesta en escena dominada por la luz fría del norte en la que utiliza como modelos a familiares y amigos para realizar composiciones que establecen claras referencias a la pintura europea.

Obras de Nicolás Combarro y Aitor Lara en la selección del Premio Citoler. Foto: Ars Operandi
Además de la obra ganadora, el jurado ha seleccionado 9 finalistas entre las imágenes presentadas por 128 fotógrafos, de los que 112 son españoles y 16 proceden de distintos países de Europa y América. Desde la organización se ha remarcado la vocación internacional del premio –se presenta regularmente en Paris Photo– y se ha recordado que Erica Nyholm es la segunda fotógrafa no española en obtenerlo tras la concesión en 2010 del galardón a la artista alemana Karen Knorr. Entre los finalistas de esta octava edición se encuentran la pareja formada por Almalé y Bondía, José Ramón Ais, Paula Anta, Ricardo Cases, Nicolás Combarro, Gerardo Custance, Aitor Lara, Mara León y Álvaro Sánchez-Montañés, en una selección en la que se impone el paisaje como temática principal. Cabe citar que entre los artistas que han concurrido al premio y cuya obra no ha resultado seleccionada figuran nombres reconocidos en la escena española como los de Miguel Ángel Tornero, Sergio Belinchón, Rossell Meseguer, Jesús Palomino, Roberto Aguirrezabala, Fuentesal & Arenillas, Llorenç Ugas, Miguel Ángel Gaueca o Fernando Bayona entre otros.


Vari Caramés: Ventana a lo insólito
Finalistas VIII Premio Pilar Citoler
Sala Vimcorsa
Hasta el 3 de abril


5 feb. 2016

En las afueras: espacios, cuerpos y viceversa


Juan López López para Ars Operandi

De Michelangelo Antonioni a Marc Augé, de Luis de Góngora a Pablo García Casado, de Whitman a Lorca, de Romero de Torres a Foucault, del folletín romántico al cine ensayo, de la ruina consagrada al futuro incierto, de la pintura figurativa al teatro experimental, del deseo a la frustración, de la contención al estadillo sexual, del sentido al “fuera de escena”, del núcleo a la periferia. Son tantas las líneas dibujadas en este último proyecto titulado En las afueras, que trazar un único itinerario para el espectador se me antoja complicado, por no decir imposible. Pero lo intentaré.

Este proyecto que se exhibe en el Espacio Iniciarte de Córdoba –con el amparo del programa Iniciarte de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales y el posterior apoyo de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí–, tiene su germen teórico dentro del Máster en Cinematografía de la Universidad de Córdoba (2011-12). Carceleras, Serenata Española, Luna de miel, El Cristo de los Faroles, Pasodoble, Carmen, Hable con ella, The Kingdom of Heaven, Entrelobos o Averroes y Maimonides, luz de Al-Andalus son algunos de los ejemplos cinematográficos donde la ciudad de Córdoba se presenta al público como escenario o protagonista de historias que parecen ya mil veces contadas, a saber, la mitificación de la dudosa convivencia entre culturas, la exaltación del binomio tradición-religión o el enaltecimiento del pasado como tiempo mejor. El punto de partida para En las afueras fue desde el principio huir de lo anterior y escapar del centro (histórico y monumental) hacia lo desconocido, la variedad y lo extraño.

Still de video de En las afueras de Juan López López. Foto: Cortesía del artista
Para Carlos Losilla, ensayista, crítico cinematográfico y profesor de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, autor del texto del catálogo, En las afueras no acepta ningún tipo de planteamiento dramático, aunque parezca que sí lo haga, que avance mediante diálogos entre personajes convencionales explicando tres historias de desamor en el escenario simbólico de una ciudad lunar, tan solitaria y desamparada como los propios “protagonistas”. Pero no, no se trata de eso. Esa situación es solo el punto de partida de un experimento que va mucho más allá, que asume en su propia confección otro tipo de desertización: la del relato convencional. Y es que este proyecto expositivo ha sido concebido expresamente para el Espacio Iniciarte de Córdoba. En él el espectador queda atrapado y abducido –o por lo menos esa es la intención– por las imágenes, silencios, sonidos y músicas de cuatro películas sin información añadida (ausencia de cartelas, duración o títulos de crédito) y en continua reproducción. Por un lado, dos películas mudas de 5 minutos mostradas en pantallas pequeñas, donde vemos a hombres transitando en espacios post-urbanos y a mujeres inmersas en abruptos paisajes naturales. Por momentos pareciera que se buscan unos a otros, llegando casi a encontrarse con la mirada, pero sin conexión corporal final. El espacio expositivo, por otro lado, queda flanqueado por dos grandes proyecciones. La primera de ellas, muda, está virada a un azul crepuscular, eléctrico, y alterna durante trece minutos planos fijos urbanos y naturales sin ningún atisbo de movimiento, ausencia humana, apenas la brisa del viento perceptible en la vegetación. Vemos modernos puentes, idílicos paisajes invernales, edificios de refinada arquitectura, glorietas iluminadas como escenografías teatrales, arcadias con aguas cristalinas, frío asfalto nocturno: el edén y el mundo terrenal como si fueran una misma cosa.

Still de video de En las afueras de Juan López López. Foto: Cortesía del artista
La proyección principal es la encargada de interconectar todos estos “relatos” expuestos a lo largo de casi hora y media en la que se muestran los espacios y personajes ya presentados en las anteriores proyecciones más otros nuevos escenarios. Los protagonistas, de tres generaciones distintas, son de carne y hueso y carecen de nombre, pero claman solemnemente y se mueven como seres insomnes en mitad de la noche, o atrapados en interiores íntimos o majestuosos. La ciudad se presenta desierta, metafísica, misteriosa, como si fuera un estado mental de esos cuerpos insomnes: Córdoba como una anomalía visual. La ficción se descoyunta desde el inicio, entre el documental analítico y la performance filmada. La ciudad es la verdadera protagonista de En las afueras porque en sus espacios representados se contienen simultáneamente todos los tiempos del relato. Y ese relato es asumido por las tres voces femeninas, mujeres emanadoras de energía, pura vida que no deja de increpar al hombre, siempre pasivo, incapacitado para comunicar o trasladar emociones. Las viejas normas son cuestionadas por el poder subyugado (heteronormativamente hablando) y la huída hacia lo salvaje es imparable, aunque por el camino haya que dejar algún cadáver.

En las afueras plantea una sublimación de la realidad hacia lo utópico, o lo distópico, construyendo una representación inédita y una crítica de los espacios y los usos que de las ciudades hacemos a partir de cógidos cinematográficos poco convencionales. El montaje es el verdadero demiurgo de esta experiencia sensorial y el espectador es el verdadero artífice del relato una vez entra en el espacio. Buen viaje a las afueras.


En las afueras
Juan López López
Espacio Iniciarte, Córdoba
Hasta el 14 de febrero