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22 may. 2008

Grabados de Picasso en el Palacio de la Merced


Grabado de Pablo Picasso
Redacción / Ars Operandi 

El Palacio de la Merced de Córdoba acoge la exposición Caja de Remordimientos, una serie de cuarenta y cinco grabados originales de Pablo Picasso propiedad de la entidad financiera Bancaja, quienes también poseen otras colecciones picassianas como la Suite Vollard, la Suite 156 y la Suite 347. La Caja de Remordimientos reúne una serie de aguafuertes, puntas secas y barnices blandos, que Picasso fue realizando a lo largo de su vida y de modo intermitente. Por esta razón se la ha comparado con un diario íntimo, pues refleja todas las etapas de su vida y los diversos estilos con los que experimentó. El hilo común que une todas las estampas no es más que la mano creadora de Picasso y su capricho.

Caja de Remordimientos recoge muchas de las maneras y la vida de Picasso. Como apunta Kosme de Barañano en el catálogo que se ha editado con motivo de la exposición: "Es un homenaje cargado de pasión a varias de sus mujeres, ensayo histórico y crítico e impacto sobre la temática picassiana." En el mismo catálogo afirma Andrés Trapiello: “Es curioso que se titulara de esta manera al breve conjunto de cuarenta y cinco grabados, aguafuertes, puntas secas y barnices blandos que fue guardando entre 1919 y 1955, porque no parece él, ni una persona que pudiera sufrir remordimientos, ni un artista paralizado por los arrepentimientos”.

La historia de la Caja de Remordimientos comienza a finales de 1960 con el traslado de Cannes a Mougins por parte de Picasso y Jacqueline Roque, con quien se casa en 1961. Al dejar la casa aparecen una serie de planchas de cobre y cinc de las que manda hacer unas pruebas al grabador Jacques Frelaut, para saber en qué estado se encuentran. El impresor tira 101 planchas sobre papel Velin de Rives.

De estas copias, Picasso rechaza algunas y el resto las manda imprimir en papel antiguo, muy difícil de encontrar, por lo que tan sólo se hacen de ese modo algunas de las pruebas de artista o de estado y de parte de las planchas. El artista firmó las once primeras estampas, el resto fue guardado en una caja por Maurice Jardot, de la Galerie Louise Leiris.

Kosme de Barañano explica de este modo la razón del nombre: “Se lleva a Picasso la caja entera, y sucede lo previsto: la caja es abandonada por Picasso en una esquina del taller, diciendo que firmará la edición cuando tenga tiempo. Esta caja no se abrirá hasta le muerte del artista. De aquí el título de la "Caisse a Remords”, la "Caja de Remordimientos". El título lo explica en dos sentidos: “Por los remordimientos del artista, que se niega a esa operación aburrida de firmar todas las estampas, o por los remordimientos de Kahnweiler, que no hace caso ni a Jardot ni a Frelaut de llevar a Picasso las estampas en pequeños grupos o dosis, razón por la cual se quedan sin firmar”. Sin embargo, nosotros pensamos que quizá Picasso nunca estuvo del todo conforme con dar a la estampa algunas de las obras, que son claramente pruebas o ensayos fruto del carácter experimentador que Picasso desarrolló a lo largo de toda su vida.

Tras la muerte de Picasso, la serie volvió a manos de la Galerie Louise Leiris que la editó dando a las estampas el cachet “Picasso” para evitar las falsificaciones.

Trapiello nos advierte que, ante la obra de Picasso, ya sea su pintura o alguna de sus series de grabados, son dos las impresiones que se tienen: la diversidad y el sentido temporal. Lo explica del siguiente modo: “La diversidad: tanto la realidad como la intimidad del hombre van girando suave y circularmente, tal como hacen los caleidoscopios: un mínimo desplazamiento de los cristales de colores cambia el conjunto, y aunque las estampas y las obras se parezcan unas a otras, vemos en cada una de ellas tales y tan complejas diferencias que justifican por sí mismas su razón de ser. Es lo que podríamos llamar la dimensión espacial de la obra de arte”.

La segunda de las impresiones, —continúa Trapiello—, “tiene que ver con su sentido temporal, con el tiempo que en ella percibimos. Vemos a Picasso mantener a la vez, en muy diferentes frentes, no sólo una multitud de guerras distintas, sino, dentro de cada una de esas guerras, una infinidad de batallas particulares: cubismo, neoclasicismo, ingresismo, surrealismo, picassismo”.
En la Caja de Remordimientos se recoge toda la simbología, temas, materiales, obsesiones impresos en papeles muy diversos como puede apreciarse en la exposición que hoy presenta en Córdoba. Dentro de la obra de Picasso, los grabados son, en palabras de Trapiello, "el cuaderno de bitácora del buque de mayor envergadura salido de los astilleros de la vanguardia".

Estos grabados de la Caja de Remordimientos, no tienen más hilo conductor que el del capricho o el de las preocupaciones diarias del autor. Incluso es habitual, como señala Trapiello, que el autor ”haya ido añadiendo, una detrás de otras, las fechas de su realización, en correcciones y enmiendas sucesivas”.

La primera estampa de la que se tiene conocimiento de la Caja de Remordimientos es Mme. Picasso I, en punta seca de cinc, que deja de lado el cubismo de grabados anteriores, pero que sí son apreciables en La Guitarre sur la table, de 1922. Entre 1916 y 1918 realiza cuatro retratos y después de casarse con Olga Koklova, en 1919, graba esta primera estampa. Después llegarían el retrato de Max Jacob, punta seca sobre cobre, y el de Pierre Reverdy, un aguafuerte sobre cinc.

En los años siguientes haría otros tres grabados de la "Caja"; el Joie Maternelle y Mere et Fils, dos aguafuertes sobre cinc, y Profil d’homme, una punta seca sobre cobre. Un poco más tarde llegarán Tete d’homme y Le Collier, una versión de las tres gracias trabajada a la punta seca. Siguiendo la línea de revisión de la historia del arte, en 1925, Picasso recrea Le Couple amoreux, inspirado en de Delacroix y La Copule dans l’herbe, en Manet.



Hasta 1932 no volvemos a encontrar otra estampa. Es la época de los bañistas e ideas surrealistas y en alguna de ellas Picasso ensaya la técnica del vernis mou sobre el cobre. En la Caja de Remordimientos se encuentra uno de los grabados más editados y retocados de nuestro autor: la Cabeza de Marie Thérèse Walter, que enlaza con algunas de las piezas de la Suite Vollard, —de la que Bancaja es también propietaria— en cuanto a la estrecha relación del artista con la modelo o de obras en sus pedestales.

Con la punta seca Jeu sur la plage, de 1933, da comienzo la etapa picassiana de los minotauros (como alter ego), los faunos, las mujeres torero o raptos de Europa, que enlazan con la Suite Vollard. Es curioso destacar el fauno y la mujer dormida en la que el artista aplica los trucos que le enseña Lacouriere sobre el aguatinta al azúcar estampado.

Los años treinta son de gran actividad para Picasso. Continúa su producción con retratos de Dora Maar de 1936 y 1937 sobre plancha biselada, después vendrían Mujer que llora ante un muro con referencias del Guernica, Femme au fauteuil —otro retrato de Dora Maar— y Buste de Femme au Fichu de 1939. Aquí encontramos muchas prefiguraciones que luego aparecerán en el Guernica.

Hasta la década de los cincuenta no vuelve a aparecer ninguna obra en la Caja de Remordimientos, en la que Picasso realiza la estampa número 37 de 1952, dedicada a Balzac siguiendo la línea de August Rodin. Del año siguiente es un grabado con el título de La lectura y los juegos, en la que se representa una imagen cotidiana de su vida con Françoise Guillot. El siguiente grupo de esta serie son grabados que realizó Picasso, ya instalado en Cannes, sobre Bacanales, tema que ya había inspirado a Picasso en otras ocasiones.

De la colección que presenta Bancaja en Córdoba cabría destacar, además, La plante des Femmes hecha por Frelut con tinta grasa en la que aparecen enlazadas cabezas del estilo de las de Marie Thérèse o de las mujeres del Guernica y la Mirotauromaquia de 1935.

Tras este paseo por las creaciones de la Caja de Remordimientos podemos llegar a la conclusión que nos apunta Andrés Trapiello: "Es cierto que en el caso de las estampas de Picasso nos encontraremos con algo que raramente hallaremos en otros grabadores. Hablábamos al comienzo de estas cuartillas de esa portentosa facilidad picassiana para convertir en arte todo lo que sale de sus manos. Picasso grabó miles de planchas, litografías, linóleos y serigrafías. Pero no nos hemos referido todavía a su no menos portentosa facultad de hacer de necesidad virtud. Sus arrepentimientos, en él, parecen, al contrario, certezas incontestables”.

Picasso
Caja de Remordimientos
Palacio de la Merced, Córdoba
Hasta el 22 de junio
Entrada libre

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