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1 jun. 2008

La Albolafia

por José Álvarez

Aunque la imagen que precede a este texto pudiera parecer una de las postales con las que Laurent y otros fotógrafos post románticos reflejaron el estado de los monumentos andaluces a fines del siglo XIX, lo cierto es que la imagen está tomada en la actualidad. Adaptada mediante un programa informático que imita las fotos antiguas, muestra una vista de la Albolafia tal y como debió estar en los tiempos en los que los monumentos aún no gozaban de la protección de las autoridades y del respeto de los ciudadanos. Rodeada por la vegetación incontrolada y cubierta de basura, esta emblemática construcción apenas si es visible hoy desde otro lugar que no sea su cercanía más inmediata.

La Noria y Molino de la Albolafia, monumento declarado como BIC, no es uno más de los que engrosan nuestro vastísimo patrimonio. Se trata de un bien que conforma nuestra identidad, pues es uno de los elementos que aparecen en la más antigua representación de la ciudad de Córdoba que se conserva. Según nos muestra Francisco Cosano Moyano en su Iconografía de Córdoba (1999), la Albolafia aparece en un sello custodiado en el archivo documental de la Casa de Medinaceli en Sevilla, unido a un documento del Concejo Cordobés fechado en 1384. En él se muestra una vista de la ciudad medieval donde aparece en primer término la Albolafia junto al puente sobre el Guadalquivir. Un segundo plano nos muestra la antigua Bab al-Qantara, la Puerta del Puente, y las murallas de la ciudad, tras de las que asoma imponente el antiguo alminar de Abd al-Rahman al-Nasir, rodeado de las palmeras del patio. Hoy día sigue siendo utilizado como escudo oficial de la ciudad, por lo que el bien no sólo ha formado parte de nuestra historia, sino que lo es de la presente, al más alto nivel, pues es utilizado como emblema de Córdoba.

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La naura o noria del molino de Kulaib o Albolafia fue utilizada desde época de Abd al-Rahman II para llevar agua hasta el Qasr al-Umara, el Alcázar de los Emires, hoy Palacio Episcopal, siendo este emir el que mandó instalar la siqalla o rueda hidráulica con este propósito. La reina Isabel de Castilla, que ocupó con su corte el cercano Alcázar, la mandó desmontar, molesta por el ruido. Fue reconstruida por Félix Hernández en 1965. En 1993 un incendio destruyó la rueda, instalándose una nueva, a la que se le añadieron unos cangilones de barro cocido, hoy perdidos.

Inmersa en un dilatado proyecto de reforma del entorno del Puente Romano, la Albolafia es por ahora, el único monumento que no ha sido o está siendo restaurado y puesto en valor, tras las acertadas actuaciones llevadas a cabo hasta hoy. Según se anunció en su momento, la Albolafia formará parte de un Espacio de Interpretación del Rio Guadalquivir, que incluirá la creación de un Museo del Agua. Su función hidráulica será reanudada, sirviendo en el futuro para elevar agua destinada a regar los jardines del Alcázar. Sería de agradecer que, mientras tanto, se evite en lo posible el deterioro constante al que se ve sometida la Albolafia y el pésimo aspecto que ofrece a vecinos y visitantes.







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