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6 jul. 2008

My generation

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Tete Álvarez / Ars Operandi

Cuando, invitado por el Festival de la Guitarra de Córdoba, me propusieron participar en una exposición fotográfica sobre “aproximaciones visuales” al mundo de la guitarra, me planteaba cuál era la imagen que tenía acerca de este popular instrumento. Lo primero que pasó por mi mente fue el fotograma, detenido en el tiempo, de Pete Townshend, quien hizo del sacrificio de su guitarra una marca registrada de la casa.

Aunque también estaban presentes, al igual que en el imaginario colectivo, la imagen de Jimi Hendrix, el más grande, en el festival de Monterrey del 67 prendiendo fuego a la suya y destruyéndola contra el palco y los amplificadores como tributo a la gloría del Rock; la mítica portada de The Clash del no menos mítico London Calling con el bajista Paul Simonon, destrozando su guitarra en el escenario. La imagen, tomada por Pennie Smith durante un concierto en el Palladium de Nueva York fue elegida por un grupo de grandes fotógrafos como la mejor imagen del Rock & Roll de todos los tiempos. Trozos de la guitarra destrozada se encuentran ahora en exposición en el Museo del Salón de la Fama del Rock and Roll, en Cleveland, Ohio.


También sobrevuela nuestra memoria la escena de Blow Up de Michelangelo Antonioni cuando el fotógrafo que encarna David Hemmings entra por azar a un antro rockero donde una banda, The Yardbirds, enloquece a los presentes. El grupo toca un tema frenético, cuando uno de los guitarristas, Jeff Beck, tiene problemas con la amplificación y destroza su instrumento para luego arrojarlo al público.Ritchie Blackmore, de Deep Purple, acostumbraba a golpear su Stratocaster contra los Marshall a media actuación, romper el puente o sencillamente dejar sonar algunos grupos de notas mientras variaba su sonido a golpes con el instrumento. Más cercano en el tiempo, Kurt Cobain, el líder de Nirvana ni siquiera esperaba a los bises para estrellar su Fender contra los amplificadores.


Éstos y otros tantos son algunos ejemplos de acciones que con una clara intención iconoclasta se han prodigado a lo largo de la historia del rock. Aunque al pensar en otro arte también de origen popular como el flamenco comprobé que esta actitud de tratar de destruir el icono no había sido todavía secundada. Esta serie que presento no habría sido posible sin la participación del maestro José Antonio Rodríguez quien con su entendimiento ha aportado el toque necesario para la consecución de esta, su obra. Agradezco también la aportación y conocimiento de José Carlos Nievas y la colaboración de la dirección y personal del Gran Teatro de Córdoba.


La serie Iconoclasia de Tete Álvarez forma parte de la exposición Una aproximación visual a la guitarra V. Más información pinchando aquí.
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1 comentario:

Anónimo dijo...

I fucking love it.