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1 sept. 2008

Manuel Garcés. Circular por la ciudad interior



180 x 122, mixta - tela - tabla, 2007

ningún adjetivo
iguala la pureza de este azul
Charles Tomlinson, Autumn
Vicente Luis Mora / publicado por Ars Operandi
 

Reflexionemos un momento sobre los versos de Tomlinson. Nos recuerdan a la frase de siempre, la de que una imagen vale más que mil palabras. Y sin embargo, ambas afirmaciones – el poema de Tomlinson, el lugar común sobre el poder de la imagen – son palabras, están hechas de palabras. Si aceptamos que son ciertas, es su exposición escrita o verbalizada lo que las dota de sentido, lo que las construye y, por tanto, es su condición de palabras y no de imágenes lo que crea la verdad para los demás, para todos aquellos que no pensamos tales ideas los primeros. Con lo cual, nos damos cuenta de que las cosas no son tan sencillas. Reparamos en que que hay dos representaciones diferentes, la visual y la verbal, y que no hay más verdad en una que en otra, en principio. Porque, en un segundo momento, establecidas ambas, Tomlinson tiene razón. No hay nada más puro que el azul, ni siquiera las palabras “puro” (de torpes polisemias) y “azul”, que es una palabra hermosa, pero no tanto como un azul determinado y puro. Por ejemplo: el azul de los cielos de Nuevo México. Por ejemplo: el azul tocado por Manuel Garcés.
1p, mixta - tabla, 40 x 35, 2005
Garcés es un pintor atravesado por el talento. Inquieto, curioso, ávido lector, paseante incansable de la ciudad, atento a lo que le rodea, su obra encuentra – a pesar de esa actitud de búsqueda– su máxima inspiración en su interior, en el procesador intuitivo que deglute toda esa experiencia vital y ese conocimiento, para luego producir un fluido inconfundible que impregna cada una de sus telas. Piezas llenas de coches, de farolas, piezas que, como las de Cy Twombly, parecen reproducir los grafitis de los muros. La ciudad está ahí en los cuadros, de acuerdo, pero ¿qué ciudad? Los espacios de sus obras, salvo aquellos que provienen de fotos impresas, son utópicos, están fuera de un lugar concreto, son arquetipos de edificios, de patios de juegos, de solares a las afueras. Son universales urbanos, quizá la suma o el mínimo común denominador de todos los espacios que ha ido viendo Garcés en su incansable buscar. “Salgo a la calle y hay calle. Me echo a pensar y hay siempre pensamiento. Esto es desesperante”, escribía César Vallejo en sus Poemas en prosa. Lo abstracto y lo figurativo, el ensueño y lo real, lo reconocible y el delirio se dan la mano, la “circulación” que titula la serie puede ser esa búsqueda sistemática de imágenes, puede ser la deriva situacionista por la ciudad, puede ser una circulación inversa, la de la ciudad por uno: “La ciudad desvelada circula por mi sangre como una abeja” (Octavio Paz, Libertad bajo palabra).
mixta - tela - tabla, 2007
De esta serie de Manuel Garcés no sale uno igual que entra. Se sale de estos cuadros con una experiencia más, con una nueva sensación de desconfianza frente a la ciudad. ¿De verdad son esos edificios lo que parecen? ¿No estarán a punto de disolverse en el gris? ¿No abriré la ventana y me encontraré un sinnúmero de puntos rojos, no será el suelo un conjunto de líneas negras paralelas cubierto de terrazo? El veneno de la ciudad paralela ya está circulando por nuestras venas, al dejar atrás los cuadros de Garcés. Sólo nos queda la esperanza de que, al despertarnos mañana, hallemos en el espejo una muestra de ese azul perfecto, de ese puro azul al que no puede definir, jamás, ningún adjetivo.
Albuquerque, Estados Unidos, julio 2008
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