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13 oct. 2008

El asunto de las vigas



Detalle de una de las vigas subastadas

Patricia Roldán nos escribe preguntándonos por la ausencia de artículos referentes al asunto de la subasta de un lote de vigas de la Mezquita de Córdoba por la casa Christie's. La razón es que entendemos que el tema ha tenido suficiente repercusión en los medios de comunicación, por lo que lo ideal hubiese sido abrir un debate por la polémica venta en las páginas de Ars Operandi y no una simple referencia. Para ello es fundamental la participación de nuestros lectores, quienes se pueden poner en contacto con nosotros a través del correo-e planteándonos el tema, que trasladaremos de inmediato a nuestras páginas. La posición de Ars Operandi sobre nuestro patrimonio es clara, forma parte de nuestra declaración de intenciones y puede ser consultada a través de diversos artículos publicados bajo la etiqueta Denuncias.

Para no dejar el asunto sin más, reproducimos un artículo de la periodista Julia Zafra en El Semanario La Calle de Córdoba donde se trata este importante asunto y en el que amablemente se nos dio la oportunidad de intervenir.


El Semanario La Calle de Córdoba, Nº 390, 4 octubre 2008

El patrimonio islámico cordobés, una puja en alza ¿Quién da más?

Lo hizo y lo volverá a hacer con las cinco vigas de la Mezquita el día 7 en Christie’s. Codiciado por los señores del petróleo de los países del Golfo, el arte califal bate récords históricos en las subastas internacionales

por Julia Zafra

El arte islámico cordobés está de moda. Se reclama en el mercado exterior y marca ventas históricas en las casas de subastas de París, Londres o Nueva York, alcanzando cifras desorbitadas. “También Internet ha jugado un importante papel en el despegue de muchos de estos negocios. La gente -como asegura Pepa Artiga, directora de la sala de exposiciones de Arce Subastas de Barcelona- compra. Y no sólo arte islámico, sino joyas de incalculable valor”.

“En los últimos años se ha producido un boom. Su precio se ha multiplicado y las piezas nazaríes se han revalorizado, alcanzando precios estratosféricos”, narra Gonzalo Gómez, director de Subastas Málaga, una de las dos únicas casas de pujas que existen en Andalucía.

Y Córdoba será testigo de ese auge el próximo día 7, cuando Christie’s saque a subasta las célebres cinco vigas califales de la Mezquita, un corán, dos capiteles y una base de columna de Medina Azahara.

La puja se aguarda con expectación y las primeras cábalas. Después de todo, lo que dice Gómez es del todo cierto. El pasado mes de abril, Christie’s batía récords en sus lotes de arte islámico e indio, al tiempo que Sotheby’s conseguía la mayor recaudación de la historia con el mismo tipo de objetos.

Uno de los logros alcanzados en Christie’s fue precisamente con un capitel de Medina Azahara que se vendió por casi 1,7 millones de euros. Pocas horas después, Sotheby’s superó la recaudación total de Christie’s con una sola pieza. Se trataba de una llave de la dinastía Abasida de la Kaava -considerado lugar santo por los musulmanes-, adquirida por un comprador anónimo por la astronómica cifra de 9.204.500 libras.

El capitel inacabado objeto de la millonaria subasta


Según Gómez, las piezas de las mezquitas, como estas llaves o las propias vigas califales que Christie’s subastará el día 7, las de bronce o jarras de cerámica nazarí, son muy poco usuales, de ahí que sean las más caras y rocen precios insultantes que no están al alcance de cualquier bolsillo. Y ha sido el petróleo el que ha marcado el nacimiento de un nuevo tipo de comprador.

Los señores del petróleo, los nuevos compradores

“Con el enriquecimiento de determinados países como Emiratos Árabes, Qatar o Kuwait, gracias a la subida del precio del barril de crudo, ha surgido un nuevo espectro de coleccionistas particulares que ha disparado la cotización del arte islámico. No se trata, por tanto, de instituciones sino de particulares o familiares de los gobernantes” de estos países del Golfo que ceden las piezas adquiridas a museos estatales, explica Gómez.

“Son coleccionistas muy caprichosos, con mucha capacidad económica, con un profundo sentido religioso y de conservación del patrimonio histórico de sus antepasados. Personas cultivadas y especiales” que se han sumado a la fiebre del arte islámico, agrega.

El caso es que, como dice Carmen Aranguren, directora de la casa de subastas AIG (Arte, Información y Gestión) de El Monte de Sevilla, “el mercado de las subastas está globalizado. Lo mismo tenemos clientes de China, que de Alemania, que de Barcelona. Por eso se procuran incluir piezas de la clientela habitual”, añade. Y el arte islámico ya se ha convertido en un clásico entre los lotes que ofertan las casas de pujas, internacionales. Eso sí.

Y es que en muy rara ocasión una pieza islámica se subasta en España, donde se prefiere un arte localista, enfocado casi siempre a la pintura y las joyas. Y ése es precisamente el gran problema que se les plantea a las instituciones nacionales.

Los límites de la legislación española

Es en las grandes capitales occidentales donde se comercializa con piezas cordobesas de gran valor artístico “que salen de España por vías que se desconocen y se venden en el extranjero porque se garantiza que los inversores foráneos van a pujar fuerte por ellas”, apunta Gonzalo Gómez.

“Cuando los objetos se subastan fuera se les presentan muchos competidores, -dice. De ahí que a las instituciones nacionales les interese que las piezas no salgan del país para que no alcancen precios altos y así poder adquirirlas ellas”, aclara.

Además, fuera de nuestras fronteras, tanto la Ley de Protección de Patrimonio Histórico de Andalucía (26 noviembre, 14/2007) como la Ley de Patrimonio Histórico Español (25 de junio, 16/1985) tienen poco que hacer. Y es que, al ser unas normativas españolas, sólo afectan a los artículos subastados en España. Es por eso que el Cabildo Catedral de Córdoba -amparándose en un real decreto de 1926-, no ha podido impedir que estas cinco vigas vuelvan a venderse al mejor postor en Londres, pese a que sí recuperó las siete de la casa Alcalá de Madrid antes de que se subastaran a principios de septiembre.

“La cuestión está en el origen de las piezas”, apostilla el historiador del arte, José Álvarez. “Si salieron de España hace cuatro o cinco siglos, no existía la Ley por la que nosotros nos regimos, y ésta no se puede aplicar de forma retroactiva. Está hecha para la defensa del patrimonio actual, aunque después ni siquiera aquí se aplique”, señala.

Por eso, para él habría que diferenciar entre los restos de Medina Azahara, cuyo expolio comenzó en el siglo XI, cuando se cedió material para hacer nuevas construcciones, y las vigas de la Mezquita, “donde sí ha habido un poco más de descontrol”, afirma.

El propio arqueólogo de la Delegación provincial de la Consejería de Cultura, Alejandro Ibáñez, reconoce que la subasta de vestigios cordobeses en el exterior es una “barbaridad” pero, a su juicio, la solución no estriba en endurecer unas leyes que ya son “duras”, subraya. Para él, “lo que hace falta son medios técnicos y policiales pues, aunque existe un grupo de policías dedicados exclusivamente a la defensa del patrimonio, son pocos”.

De cualquier forma, el país tiene límites en Londres, y ni el Cabildo ni las instituciones podrán hacer nada por paralizar la puja, como ya ocurriera en abril del 2006.

Entonces, como en otros casos en los que se comercializan piezas españolas en el extranjero, la única opción que le quedó al Gobierno fue estudiar la procedencia de las mismas. La investigación de hace dos años se basó en descubrir si su propietario era un comprador legítimo. Al final se dictaminó que así era, al no denunciarse en su momento el robo de las vigas, permitiendo que entraran en el mercado y que aquel las comprara años después.

El precio de las vigas se dispara

Ahora, de nuevo sobre la palestra, el precio de las vigas se ha disparado. En aquel mes de abril de 2006 su coste se estableció en 1.940.000 euros, según indicó el canónigo arcediano de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, Fernando Cruz Conde, a la prensa cordobesa, aunque actualmente se está hablando de que podrían llegar a los 2 millones de libras (unos tres millones de euros), añadió. Un incremento normal, por otra parte, si se tiene en cuenta que “si se subastan los mismos artículos de forma continuada, no se garantiza que vayan a mantener el mismo precio”, explica Gómez.

Millón arriba, millón abajo, - añade Álvarez - el caso es que “el Estado no puede competir con la fortuna de qataríes y árabes y Sotheby’s o Christie’s no piensan en devolverlas a su lugar de origen. Para las casas de subastas es un negocio y darán las piezas al mejor postor”.

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2 comentarios:

Braulio Pareja dijo...

personalmente, pienso que el tema no se debería centrar en si las vigas nos pertenecen (a los cordobeses) o no, sino si los cordobeses valoramos nuestro patrimonio, y es que como vemos a diario, sólo hace falta darse un paseo por las calles de nuestra ciudad, o leer la prensa y ver la televisión, para ver que todo lo relacionado con el patrimonio, en Córdoba supone un conflicto. Y en vez de aprovechar momentos en que el nombre de Córdoba se escucha en el mundo para promocionar su cultura, historia y patrimonio, damos una imagen de ávaros al resto de la sociedad, tanto la Iglesia como la propia sociedad. Desde siempre se nos dice "no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita" pues, bien, los cordobeses deben reclamar, por supuesto, lo que es suyo, pero apreciemos primero lo que tenemos, estudiemos, difundamos y admiremos nuestro rico patrimonio histórico-cultural que no es poco.

PATRICIA dijo...

La verdad que es complicado el asunto. Creo que la subasta de las vigas como de otras piezas artísticas relacionadas con nuestro pasado en Al-Andalus, supone un cúmulo de fallos a todos los niveles.
En primer lugar deberíamos averiguar cómo y cuándo salieros esas piezas. En el caso de las vigas es una negligencia, nunca debieron salir.
En segundo lugar, si salieron por qué nadie denunció el robo (quizás es que en su momento no fueron valoradas).
En tercer lugar, nos debemos de preguntar si la legislación española y el departamento de policia que se dedica a los expolios son los suficientemente eficientes.
El final siempre es lo mismo, la desidia, el no otorgar valor a nuestro patrimonio hace que desaparezca.
Como apunte final me gustaría comentar como el artículo hace incapié en el auge del valor de las piezas del arte islámico, en todas las subastas. Quizás lo que ocurre en el mundo del arte sea un reflejo de lo que sucede en el mundo real, donde de un tiempo a esta parte, se reivindica mucho el mundo árabe, parece que está de moda. No descartaría la idea de que en un futuro, espero lejano, volvamos a ser Al-Andalus.