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10 nov. 2008

Film, el no-film de Samuel Beckett

Desde Ciudad de México: Isaí Moreno


1.- Aún a la fecha, nombrar a Samuel Beckett es el equivalente a un conjuro. Tal pareciera que pronunciar su nombre fuese a convocar una infinidad de palabras en diferentes colocaciones, tantas como lo permite la combinatoria matemática, para conformar el germen de múltiples lenguajes, todos ellos contenidos y a la vez colmados de potencial significación.

2.- Cierto es que se conoce a Beckett más por su incursión en teatro (Esperando a Godot, Final de partida), menos por su prosa o poesía de inigualable originalidad (Watt, Molloy, Cómo es, Compañía, etc.) y casi nunca por su asomo al cine con la obra que para algunos es iniciática, para otros contestataria: Film (1964).

3.- Si bien, la literatura de Beckett constituye un enigma para cualquier lector, reto para traductores, desafío para los lingüistas y críticos, o un cúmulo polisémico para los semióticos, ésta es en parte un conjunto de lo que podría llamarse criptogramas, unidades con o sin significado, depende de quién los tenga ante sí: un humano o una máquina informática. No en vano J. M. Coetzee, escritor y matemático, y al igual Nobel como su admirado Beckett, dedicó muchas horas de su trabajo en la IBM buscando patrones, repeticiones, modificaciones al lenguaje o nuevas posibles significaciones en los textos más crípticos de Beckett, todo con ayuda de su intuición demoníaca y también con la de un ordenador que él mismo operaba y programaba con asiduidad.

4.- Hace falta un Coetzee que, desde el lenguaje de la imagen y el movimiento, consiga un análisis similar de ese engendro maldito que es Film.

5.- Intentar la explicación de Film sería equiparable a la imposible tarea de descifrar Compañía, que disloca significaciones y tiempo, o Rumbo a peor, esa otra obra en la que Beckett, haciendo uso de una sintaxis mínima, describe el dolor de la vida, haciéndolo parecer no-dolor, lo que nunca debe ser confundido con placer. Film es también simbólica y sintética, mínima y poderosa; apuntala al absurdo haciendo uso de elementos de comedia. La obra es un intento de borrar los rastros de la realidad.

6.- Así como Roger Waters halló en Alan Parker el realizador de sus delirios de la psique traducidos al rectángulo de la pantalla, Samuel Beckett encontró en Alan Schneider al realizador ideal que plasmó en el celuloide su desorden cargado de símbolos. Eso es Film, un desorden dotado de significados y no-significados. El cometido no se habría completado sin la presencia de Buster Keaton como intérprete. Imaginemos a un escritor flacucho y entrado en años, de gafas redondas, casi inexpresivo, involucrándose personalmente en el plató, a veces tomando la cámara, dando instrucciones breves él mismo al reconocido actor mientras es observado con morbo por sus detractores. Propiamente, Beckett dirigió Film


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7.- No se trate de descifrar Film. No va a conseguirse. En esa cinta se ha llevado a cabo la supresión de las percepciones, la animal, la humana, incluso la divina, en aras de una sola auto percepción continua. Film es una película en fuga. Busca no el ser, sino el no-ser, e inevitablemente conduce a la auto percepción que perseguía el escritor: exactamente lo mismo que ocurre en la novela Compañía, en la que, por el contrario, en lugar de recurrir al movimiento en fuga, acelerado y caótico, el autor recurre a la inmovilidad absoluta en medio de la oscuridad.
8.- ¿Qué se auto percibe? ¿Ese ojo perturbador que persigue, que ve y es mirado, o ese ser en fuga permanente que es Keaton o no-Keaton? El ojo no es ojo porque lo ves, sino porque te ve…
9.- ¿Qué es Film a fin de cuentas? ¿Atención? ¿Balanceo? ¿Torbellino? Si Beckett y Keaton formaron una mancuerna perfecta (algunos la equipararían a la de Vladimir y Estragón, de Esperando a Godot), fue porque ambos fueron objeto del rapto del ciclón. Por razones extrañas Beckett jamás olvidaría el arrebato del seno materno, y albergaba recuerdos prenatales que le eran insoportables. Por su parte Keaton, a los tres años fue arrebatado de la ventana de su casa por un ciclón, apareciendo sano y salvo varias manzanas más allá del sitio del rapto. En una frase simple, tanto Keaton como Beckett fueron partícipes del vértigo. 


10.- Como en toda la obra de Beckett, en Film existe una unidad incondicional e irreductible, de indudable belleza a pesar del silencio, o bien, hermosa por la presencia del silencio. Film es la melodía visual del silencio. La recurrencia de elementos mínimos en el filme multiplica genialmente la significación, a la vez que el absurdo. El absurdo beckettiano es el equivalente al absurdo iluminador del koan zen, que lleva al silencio, y desde el silencio, preámbulo de la nada, conduce al adepto a una revelación. Nada menos podía esperarse de un hombre que hizo del silencio su lenguaje. 


11.- Finalmente, entreguemos al desorden sin temor alguno. Beckett lo expresa mejor que nadie: El único medio de renovación consiste en abrir los ojos y contemplar el desorden...

Puede verse la película completa en la página del MACBA.