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8 nov. 2008

Miró en el MoMA

Desde Nueva York: Fanelo Aguayo


En estas fechas, el MoMA de Nueva York inaugura dos exposiciones sobre la obra de Joan Miró. La primera, Joan Miró: Pintura y Antipintura 1927-37, ha sido definida como la primera exposición llevada a cabo por un gran museo dedicada a identificar las técnicas y estrategias usadas por el catalán para atacar y dar nuevo vigor a la pintura de esa década. Partiendo de su conocida frase: ¨quiero asesinar a la pintura¨, la muestra explora doce de las series de esa época, comenzando con un grupo de lienzos sin imprimación y concluyendo con la pintura alucinatoria Naturaleza Muerta con Zapato Viejo.


Colores ácidos, grotesca desfiguración, premeditada heterogeneidad estilística, y el uso del collage y objetos de la vida cotidiana se incluyen entre las agresivas tácticas que Miró usó para lograr su objetivo. Ensamblando con profundidad sin precedentes la interrelación entre las series de pinturas, collages, objetos y dibujos de este período, la exposición se propone descubrir lo que la pintura significaba para Miró y lo que él propone como su opuesto. Al mismo tiempo intenta desvelar la paradójica naturaleza del artista, un creador de violencia y resistencia que nunca dejó de ser un pintor, un creador de formas. La exposición permanecerá abierta hasta el 12 de enero.



Del 17 de noviembre al 2 de febrero tendrá lugar así mismo la exposición Joan Miró. La Serie en Negro y Rojo: una nueva adquisición en su contexto. La exposición está diseñada en torno a la reciente adquisición de un set completo de la Serie en Negro y Rojo, un conjunto de ocho aguafuertes realizados por Miró en 1938. La muestra está organizada con la intención de explorar determinadas áreas relacionadas con la importancia de esta obra: el proceso de aprendizaje de la técnica del aguafuerte; las vertientes del Surrealismo, la corriente dominante de la época; los efectos políticos y sociales de la Guerra Civil Española; y la imaginería en el arte de Miró en ese momento.


En cuanto al proceso creativo y la técnica utilizada, en 1938, Miró se sumergió de lleno en las técnicas del aguafuerte en el taller de Louis Marcoussis, un pintor amigo y un diestro impresor que tenía su propia prensa. Los había presentado el poeta Tristan Tzara y debió de haber muy buena atmósfera en el taller pues Miró llevó a cabo veintidós impresiones. En esta serie, explorando las posibilidades del medio, Miró combinó imágenes de dos composiciones diferentes, cada una realizada en una plancha de cobre distinta, una con tinta roja y otra con tinta negra, rotadas y sobreimpresionadas en el papel.



En relación al contexto artístico, Miró, como cualquier otro artista, fue un producto de su tiempo y su entorno. Maduró en el París de los años veinte, en el París Surrealista. Esta vanguardia comenzaría a configurarse como el telón de fondo de su posterior trabajo. En los años treinta, el término Surrealismo se ramificaría en una variedad de temas y aproximaciónes. Dos en particular conformaron esta serie: la fascinacion del artísta por la imaginería de los sueños y la exploración de la tecnica del automatismo.

Otra aspecto importante tratado en la exposición es el contexo social y político, protagonizado en exclusiva por la Guerra Civil española. La muestra examina sus consecuencias a nivel personal y creativo.


En cuanto a la iconografía, Miró elaboró un repertorio de símbolos lo sufientemente flexibles como para servir a sus necesidades expresivas en los distintos estadios de su carrera. En los años veinte crearía aproximaciones visuales a elementos pertenecientes al ámbito de la conciencia y de la inconsciencia. Sus símbolos sugieren el hombre, la mujer, el niño, así como elementos de la naturaleza y del cosmos. Algunas veces son fáciles de identificar y, otras, el signo simplemente sugiere un estado de ánimo.




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