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1 feb. 2009

La época dorada. Galería La Caja. 1991-1995

Julio Alcántara, Antonio Povedano, Francisco Zueras y Antonio Suárez en la
inauguración de la exposición de éste último. (1991)


Tete Álvarez / Ars Operandi 

En 1984, el crítico de arte Francisco Zueras publicaba La época dorada, un artículo en La Voz de Córdoba(1), en el que aludía a labor del Circulo de la Amistad, que a través de sus salas Liceo y Céspedes ofreció al público cordobés la oportunidad de conocer de primera mano lo que acontecido en la creación artística española e internacional de los años sesenta. Saura, Rivera, Guinovart, Hernández Pijuán, Gerardo Rueda son sólo algunos de los artistas que colgaron sus obras en las salas cordobesas durante esta década. Treinta años más tarde, Córdoba volvía a acoger en las paredes de la galería de la Caja Provincial a los nombres más notables de la plástica española: Canogar, Feito, Millares, Zobel, Sempere… Treinta años  y una determinante coincidencia. Ambas iniciativas estaban respaldadas por el conocimiento y las formas de hacer del Maestro Antonio Povedano. Si la galería Liceo “vino a situar a Córdoba en un primer puesto en el arte de vanguardia”(2), la galería Céspedes daría cobijo a exposiciones de jóvenes valores emergentes como Equipo 57 quienes también se encargaron de las labores de adecuación de la sala(3). Una labor ésta, del Círculo de la Amistad, que “trajo como consecuencia la presencia de la obra de la mayor parte de los artistas de El Paso, amén de otras individualidades(4), incluso algunas internacionales, imprescindibles para entender el curso del arte contemporáneo(5)”.

Muchos de estos pintores, coetáneos de Povedano, que celebraron en Córdoba sus primeras exposiciones, vuelven en la década de los noventa, ya como artistas consagrados. Es el caso de Manolo Millares, del que a propósito de su vuelta a Córdoba, el crítico Juan Manuel Bonet escribe: “Veintinueve años después de su primera exposición cordobesa, y veintiuno después de su temprana desaparición, que privó a la pintura española de una de sus voces más auténticas, Manolo Millares regresa a la ciudad de Góngora. Si en aquella ocasión el Círculo de la Amistad, entonces muy receptivo a una vanguardia que todavía levantaba ampollas, presentaba una selección de las desgarradas arpilleras del pintor, ahora lo que propone la Caja Provincial de Ahorros de Córdoba, dentro de un ciclo de revisiones históricas, y en el contexto de una Córdoba bien distinta, es un conjunto de pinturas sobre papel y de grabados, realizados paralelamente a las arpilleras, pero que deben ser contemplados no como obra previa, sino como realidad autónoma(6).”

La labor de Povedano al frente de la Caja Provincial comienza a principios de los 90, cuando se le encarga la labor de dirigir la programación de las exposiciones de las dos salas que la entidad ostentaba en aquel momento, las galerías La Caja, en la planta sótano del edificio de De La-Hoz, sede de la entidad cordobesa y Viana, en el Palacio de los Marqueses de Viana. Auspiciado por Alfonso Castilla , director entonces de la Caja de Ahorros, y Julio Alcántara, responsable de la Obra Social y Cultural y con la estrecha colaboración de Juan Rodríguez, Povedano programó a lo largo de cuatro intensos años un ciclo de exposiciones que “vino como agua de mayo a refrescar, por no decir a sacar de la apatía, el panorama expositivo cordobés de la primera mitad de la década pasada. Povedano no solamente volvió a presentar muestras de calidad, sino que dignificó profesionalmente la exhibición del arte contemporáneo en Córdoba y además brindó a los cordobeses la posibilidad – nos atreveríamos a decir la necesidad – de volver a estar al tanto de lo que se hacía fuera de nuestras fronteras(7).”

Conferencia de Fernando Martín con motivo de la exposición 10 Pintores Andaluces. (1991)

 La nueva etapa de exposiciones de La Caja arranca con la muestra Diez pintores andaluces que comisariada por Fernando Martín mostró una selección de la creación pictórica andaluza de principios de los noventa(8). A esta colectiva le siguieron sendas muestras individuales de Antonio Suárez, el primer miembro del grupo El Paso en exponer, y José Vento. Continuó con Pintores para el 92, el certamen de pintura de las Cajas de Ahorro de Andalucía, que en esta edición tuvo como ganadora a la artista cordobesa Julia Hidalgo. En mayo del 91, el granadino Juan Manuel Brazam ocupa las salas de Gran Capitán y Palacio de Viana, treinta y tres años después de realizar su primera exposición individual que se celebró en la Sala Municipal del Ayuntamiento de Córdoba. Arcadio Blasco es también uno de los artistas que, tres décadas después de pasar por la Sala Liceo, vuelve a exponer en Córdoba de la mano de Antonio Povedano. Cuatro de los más destacados representantes del neoconstructivismo español. García Asensio, Gómez Perales, Cristobal Povedano y Eusebio Sempere realizan una inolvidable exposición en noviembre del 91. El informalismo, el expresionismo y la vueva figuración vuelven a la Galería Viana en la exposición Vanguardia española en Córdoba como homenaje a una etapa “que fue capaz de reunir en una ciudad de provincias, a creadores locales y a figuras del arte español, que en esos mismos años comenzaron a gozar un prestigio internacional creciente(9).” En el catálogo de la exposición, las palabras de Pérez Villén cobran hoy mayor sentido que nunca: “Muchos de aquéllos hitos perecen sepultados bajo la apatía y el desdén generalizado, no sé si actual o secular. Una cosa es cierta: no ha trascendido nada de lo que fue, desde lo que se originó desde la ciudad y para sus habitantes, no ha habido continuidad en las propuestas esbozadas más arriba. Córdoba es una ciudad de francotiradores, de corredores de fondo si se quiere, todos ellos insustituibles, como parece confirmar la entrada en vía muerta de las iniciativas más interesantes, cuando su impulsor deja de gozar del apoyo de la corporación política, de la entidad privada que las sustenta, o cuando aquél decide que ya está bien de pregonar en el desierto(10)”. Cerraron la programación del año los relieves del catalán Francisco Farreras.

Vista de la sala La Caja durante la exposición de Rafael Canogar. (1992)
El emblemático 1992 comienza con un plato fuerte: los grandes lienzos del sueco Lindström llenan de color las salas de Viana y La Caja. Los gritos de sus retratos aún resuenan en nuestras pupilas. A continuación ocupa la sala el jiennense Francisco Arjona y en el mes de mayo lo hace Rafael Canogar, otro de los integrantes del grupo El Paso y que ya participara en la inaugural de la sala Liceo en 1960. Le siguen los paisajes y retratos femeninos de Agustín Ubeda. Este mismo año se convoca el Premio de Pintura La Caja para artistas cordobeses. La obra ganadora y las seleccionadas conformarán una exposición en la galería La Caja. Los grabados de Zachrisson finalizan la temporada recordándonos que el sueño de la razón sigue produciendo monstruos.

1993 comienza con otro de los integrantes de El Paso, Luis Feito. Le sigue Gerardo Rueda, que expone sus monotipos y esculturas de madera, con textos del malogrado crítico de arte cordobés José Ramón Danvila. A continuación, sendas exposiciones de dos de los integrantes del grupo Taül, Jaume Muxart y Joan Josep Tharrats, dan paso a una de las grandes figuras de la abstracción española, Manolo Millares, otro de los artistas que acompañaron a Povedano en su etapa al frente del Círculo y cuya obra, veintinueve años después, regresa a Córdoba con una colección de dibujos y pinturas sobre papel. En este año se celebra la segunda edición del Premio de Pintura La Caja para artistas cordobeses, certamen en el que resulta ganador el montillano Paco Salido. En noviembre Manuel Rivera, uno de los máximos exponentes del informalismo, trae a Córdoba su obra más reciente conformada por una colección de sus telas metálicas.

El año 1994 comienza con las obras de Francisco Echauz, le siguen las del malagueño Enrique Brinkmann, Eduardo Roldán y la colectiva de neoconstructivistas conformada por Cruz Novillo, Julián Gil y José María Iglesias. Cerró el año José Hernández con un catálogo de imágenes  próximas al mundo de los sueños.

El 95 no llegaría a completar la temporada. Arrancó con obras de Manuel Prior, le siguieron la exposición dedicada al Centenario de Vivancos y la nueva figuración de Daniel Merino. El epílogo del devenir de la galería La Caja se vuelve a escribir con letras mayúsculas: Juan Genovés, símbolo de toda una época de lucha y resistencia. Crece el silencio titulaba una de sus obras en las que Genovés volvía a mirar el mundo desde arriba(11). Y el silencio creció… El 9 de junio, con la clausura de su exposición, se cerró también una ventana por la que pudo entrar la luz del arte contemporáneo a una ciudad  teñida por gris de la monotonía.


Muestra de los catálogos por La Caja editados del 91 al 95
De todo lo relatado queda como testimonio una cuidada colección de treinta y un catálogos en los que se dan cita algunas de las mejores plumas de la crítica española del momento: Calvo Serraller, José Ramón Danvila, Fernando Huici, Marín Medina, Juan Manuel Bonet y escritores de la talla de Francisco Umbral, José Hierro y Antonio Muñoz Molina.

En enero de 1995, Cajasur, la otra entidad de ahorros cordobesa, dependiente de la Iglesia, asume todos los derechos de la Caja Provincial de Ahorros de Córdoba mediante un proceso de fusión por absorción. Se trunca así una trayectoria en materia expositiva que había vuelto a situar a Córdoba en el mapa de la plástica española. La fusionada Cajasur no tarda en cambiar el rumbo de su labor cultural. Desaparece la sala del Palacio de Viana y la programación de la galería de Gran Capitán es prontamente abortada. La vuelta al orden, la “catequesis plástica” cuando no el academicismo más decimonónico, serán los ejes sobre los que pivotarán las coordenadas de la nueva política de la Obra Social y Cultural.

Ars Operandi quiere contribuir con esta revisión y la publicación del vídeo que la acompaña, a rendir un modesto homenaje al maestro Antonio Povedano y a todas las personas que hicieron posible este brillante capítulo.




(1)Francisco Zueras: “La época dorada de las salas del Círculo”. Diario La Voz de Córdoba. 22-VII-1984
 
(2)Manuel Medina González: “Tareas de extensión cultural en el Circulo de la Amistad”. Diario Córdoba. 27-VII-1961 
(3)Ángel Luis Pérez Villén: Equipo 57. Colección de estudios cordobeses. Diputación Provincial de Córdoba. Córdoba. 1984 
(4)Con motivo de la inauguración de la Sala Liceo en 1960 se celebra la exposición “24 pintores actuales”, entre los que se encuentran Blasco, Canogar, Cuixart, Genovés, Mompó, Millares, Rivera, Rueda, Lucio Muñoz, Vento, Viola, entre otros. 
 (5)Ángel Luis Pérez Villén: “De la abstracción a la nueva figuración” en Córdoba, Arte Contemporáneo 1957-1990. Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Caja Provincial de Ahorros de Córdoba. Córdoba. 1991. Pág. 43  
(6)Juan Manuel Bonet: “En pos de su luz”, en Millares. Galería de Arte La Caja. Córdoba. 1993 
(7)Ángel Luis Pérez Villén : “Otras maneras : gestión expositiva y docencia artística en Povedano”, en Antonio Povedano. Club UNESCO de Córdoba, Ayuntamiento de Córdoba y Diputación de Córdoba. Córdoba, 2004 
(8)La exposición contó con obra de Guerrero, Pérez Aguilera, Rodríguez Acosta, Gordillo, Peinado, Arjona, Villa-Toro, Albacete, Lacomba y Juan Vida. 
(9)Ángel Luis Pérez Villén: “La vanguardia de los sesenta en Córdoba” en Vanguardia española en Córdoba. Caja Provincial de Ahorros de Córdoba. Córdoba. 1991. 
(10)Ángel Luis Pérez Villén: idem. 
(11)Antonio Muñoz Molina: “Acciones simultáneas” en Genovés. Galería de Arte La Caja. Córdoba. 1995

 

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Brutal al cuadrado!!! Qué tiempos!!!

Anónimo dijo...

Qué bueno lo de la catequesis plástica, jajaja

Anónimo dijo...

Que buena idea la de los videos, es Miguel Cossano el que aparece unos instantes en el video de Lindströn?...fué protagonista de otra "época dorada" con su labor en el potro...y el Gran Teatro... y por supuesto sin catequesis

Anónimo dijo...

En efecto, es Miguel Cossano q.e.p.d. Otra figura a recuperar, aunque será más difícil aquí, ha pasado más tiempo y no creo que se conserven imágenes de entonces

rafak dijo...

Alegria y nostalgia, ver a Cossano, efectivamente habría que recuperarlo.