7/2/2009

Más ópera para comprender el arte y el mundo contemporáneos

una propuesta de Rosa Colmenarejo



Bien podemos agotar la vida intentando comprender en qué consiste, qué sentido, qué finalidad tiene no tanto ya nuestra propia vida, la vida en sí; sino la vida en general, ya saben, aquella cantinela del quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos (que yo siempre escucharé en voz de Siniestro Total) Qué sentido tienen la guerra, el sufrimiento, el terror, las mentiras, la destrucción de nuestro entorno, nuestro paisaje, nuestro patrimonio, nuestra cultura… en aras de un beneficio privado que hace oídos sordos al bien general.

Así mientras crecemos, leemos, reflexionamos, escuchamos a nuestros amigos, a nuestros mayores (primero descubrimos el valor de los testimonios de las abuelas, más tarde el de los abuelos y, plenos de madurez y felicidad, el de nuestras madres y, finalmente, el de nuestros padres cuando ya jubilados se incorporan definitivamente a nuestra vida cotidiana) parece que alcanzamos no ya a entender pero sí a comprender y mantener el sentido de cierto espíritu de lucha, de alerta intelectual, de conciencia del mundo que nos permite estar informados y, sin embargo, ser felices y seguir adelante.

Las cosas se complican, a mi se me han complicado muchísimo mentalmente hablando, cuando se cruzan niños en tu camino. Mi mayor deseo es que sean felices consigo mismos, que se quieran, que se quieran mucho y que proyecten después esa seguridad hacia el mundo empleando cualquier modo de expresión. También deseo educarles para comprender el mundo, que sepan “Que este cielo azul y limpio es, en realidad, negro infinito”

No deseo campanas de cristal para mis hijos, lugares aislados, vigilados 24 horas, no deseo programaciones culturales basadas en lo comercial (televisión, cine) todo esto parece relativamente fácil, sólo hay que dejarse llevar…

Para mis hijos (y todos los niños y niñas de su generación pues son ya, de hecho, conciudadanos) deseo un imaginario que yo pueda transmitirles; habrán de ser los cuentos y los juegos físicos e intelectuales a ellos asociados que nos contaban a nosotros de niños, sí, pero no a través de películas que vengan de un gélido ambiente intelectual establecido a miles de kilómetros. Entonces más ÓPERA para comprender el ARTE y el MUNDO contemporáneos.

Representación para niños de hasta tres años de La Flauta Mágica en el colegio Giner de los Ríos (Córdoba), en 2007

Manos a la obra.

Espacio. Podemos emplear y con ello vitalizar los espacios urbanos, los espacios comunes (teatros, plazas, patios y jardines) poner en valor métodos, siempre exitosos, como los cuentacuentos, la música en directo y en la calle, danza contemporánea y música barroca en un jardín… (descontextualizar es poner en valor, cargar los escenarios de un sentido lúdico y de cómplice sorpresa difícilmente olvidable)

El medio y su tempo. Incorporar el mundo de la ópera al imaginario infantil me parece una brillante solución a este reto. Planteado como un juego de descubrimiento la ópera no resultará nunca aburrida o extraña. Los personajes pueden ser maravillosamente buenos y/o malos; en las representaciones (como en el teatro) los cuadros en los que se desarrolla la acción son lentos, preciosamente lentos, tanto que te permiten detenerte a mirar y ver los decorados, la composición escenográfica, los figurines, todo transcurre al ritmo de la música que marque la orquesta, de un aria, de un coro, de una danza. La violencia también es lenta, de baja intensidad, para hacernos comprender la naturaleza humana sin muchos circunloquios (siempre he intuido mucho teatro de Shakespeare en los buenos libretos) Los efectos especiales emulan tormentas, truenos, caballerías, terremotos, el mar blandiendo furioso olas y espumarajos. La naturaleza en estado puro, alguien a quien tampoco debemos perder de vista.

Más lenguajes, más comunicación. A la comunicación, los cuentos, las historias, por la ópera a través de la música, la danza, el arte contemporáneo. El fin es aprovechar la lentitud, la necesidad de reiteración, que precisa la ópera para aprehender todos los lenguajes expresivos puestos en escena. Así es como funciona la imaginación infantil… slow, lenta, pero segura, segurísima. Todos los lenguajes empleados ya sean arquitectura, paisajismo, medios artísticos en la escenografía y puesta en escena, musicales, literarios, poéticos, corporales deben aprovecharse de esta corriente favorable, efectiva, juguetona y lenta, siempre, lenta porque lo que más nos gusta a todos es jugar, el camino, el proceso, el itinerario, cómo se construye el espectáculo y también como crece la historia.

Todo ello permitirá, como nos permite a los que amamos la ópera irremediablemente, educar el oído, la vista, alimentar con mucho amor, los cinco sentidos. La ópera, el espectáculo total, la confluencia de caminos, el conjunto intersección de todas las artes. ÓPERA, pues, para comprender, a través del arte, el mundo contemporáneo.

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3 comentarios:

Marina dijo...

Extraordinaria propuesta Rosa. La ópera reconcilia a uno consigo mismo y con el mundo.
Cuando puedas, échale un vistazo a la página web de la Royal Opera House (Londres). Te dejo el link. http://www.roh.org.uk/families/familyperformances.aspx

Un saludo,

Marina

Magdalena dijo...

Nunca había pensado en la ópera de esa manera. Si antes ya me gustaba, ahora me gusta mucho más. Muchas gracias Rosa. Un gustazo leerte. Bienvenida a Ars Operandi!

Rosa Colmenarejo dijo...

Gracias, Marina. Gracias, Magdalena. Un placer compartir un espacio con tan preciosa luz natural. Buen día!