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13 mar. 2009

Memoria argentina

por Manuel Sánchez

Fotografía de Inés Ulanovsky

Recuerdo haber leído en algún lugar, no sé cuando ni donde que la memoria no recuerda, olvida… es cruelmente selectiva. Es lo que Freud denominó “recuerdos encubridores”, el rechazo a aquellos acontecimientos traumáticos que deben permanecer herméticos a la memoria y a la historia. Frente a ello está la evocación, es decir contar mediante palabras o escritos, pero también mediante la fotografía y por supuesto el arte hecho testimonio para reconstruir la Historia, su drama, a través de la Biografía. Por ello, es imprescindible hablar de fotografía y memoria, puesto que la primera es un residuo material de la segunda.

Fotografía e historia, fotografía y memoria, fotografía y política. Son estas las tres claves que dominan algunos proyectos del programa “Cultura solidaria”. Ideado y promovido por la Secretaría de Cultura del Gobierno argentino, surge como una necesidad de pensar nuevos espacios culturales que incluyan la solidaridad. Son trabajos culturales sin ánimo de lucro, que tienen como objetivo construir ciudadanos comprometidos en una Argentina que se resiste a olvidar su historia marcada por los más de 30.000 desaparecidos durante la dictadura de Videla.
En este contexto se sitúan Fotos tuyas (2006) de la argentina Inés Ulanovsky. Como cuenta la propia autora: “cuando yo era muy chica, las fotos de los desaparecidos me atraían misteriosamente. Cada vez que las miraba en alguna marcha de protesta, tenía la sensación de que ellos no estaban muertos. Que observaban todo desde sus propias fotos. Nos miraban.” Inés destaca la inconsciente dimensión que estas fotos de desaparecidos tomarían con el tiempo: “algunas fotos provienen de documentos de identidad y otras formaron parte de desprevenidos álbumes familiares… hasta que un día se convirtieron en algo más: ahora son pruebas, son símbolos, son historia.” La fotógrafa desea resaltar esta importancia, sabiendo además que los genocidas cuando secuestraban a algún ciudadano intentaban secuestrar sus fotos y todo residuo material sobre su persona.



Fotografía de Inés Ulianovsky bajo un texto de Clara, hija de desaparecidos

Este trabajo confirma que lo personal es político, toda vez que: “Fotos tuyas intenta mostrar ese intenso vínculo que existe entre los familiares y las fotos de sus desaparecidos.” Ello se logra yuxtaponiendo el pasado coagulado de las fotos de los desaparecidos con la cotidianidad de aquellos que les sobrevivieron. El lugar en el que estas familias expresan todas estas emociones es en sus propias casas o en los lugares que compartieron con los desaparecidos. Ellos nos abren su dolor y su cotidianidad, estableciendo un marco íntimo con el espectador. Al convertirnos en cómplices de esas fotos a través de la mirada, nos convertimos en comunidad.

Lo subjetivo (historias mínimas, personales) se hermana armónicamente con lo objetivo (gran historia) en los planos de fondo y forma y forma y contenido, para revelarnos en toda su crudeza el plano de lo real. Sus fotos están entre lo formal (representación) y lo documental. Este carácter dual e incierto crea una especie de archivo sentimental que se opone con dureza a los archivos civiles. Aquí se vuelve a humanizar a los desaparecidos, en cierta manera se les da la vida, si por ello entendemos la permanencia en la memoria. Las fotos que muestran los supervivientes son la huella de la ausencia.

Ello es más evidente en el trabajo Ausencias (2007) de Gustavo Germano, fotógrafo argentino radicado en Barcelona. También parte de fotografías de álbumes familiares que reconstruye treinta años después, pero en este ejercicio de yuxtaponer el instante fotográfico del pasado con la reconstrucción del presente sólo persisten los supervivientes en los mismos planos y paisajes, con la presencia de la ausencia de los seres queridos. Estas fotos se han convertido en el cuerpo no encontrado de los desaparecidos, de los ausentes, aquellos que ya no son pero siguen estando y en un arma contra la impunidad de los genocidas. Mediante estas fotos los excluidos por la ética del consenso recuperan su voz, frente a la impunidad y cierta falsa memoria autocomplaciente y negociable.



Hay un “derecho a la memoria” a los que se les negó tal posibilidad, un deber de recordar que es moral, nuestra propia identidad. Es la memoria colectiva no ya como un mero recuerdo sino como una declaración: que esto es importante y que ésta es la historia de lo ocurrido. En esta doble dimensión reside la importancia del trabajo de Inés y Gustavo.

Finalizando con la famosa canción sobre La memoria de León Gieco:

Todo está cargado en la memoria,
arma de la vida y de la historia.

La memoria apunta hasta matar
a los pueblos que la callan
y no la dejan volar
libre como el viento.

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