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13 abr. 2009

Insoportable Francis Bacon

por Manuel Sánchez

Francis Bacon (1909-1992)

Su modo de hacer pintura no era soportable, sólo por mencionar dos personajes famosos: Margaret Thatcher dijo de sus pinturas que eran “asquerosos trozos de carne” y Alicia Koplowitz (¡por el glamur de Dior!) vendió un cuadro suyo porque le resultaba sumamente desagradable. Os confieso una cosa: yo tampoco soporto a Francis Bacon (1909-1992), pero contemplando su retrospectiva en el Prado comprendo que mis mayores fobias son mis más adoradas filias ¡qué le vamos a hacer! Además, era como andar por su casa, dadas las frecuentes visitas que hacía el pintor a este museo.

Su mejor argumento, como buen artista, es el de sus traumas: la homosexualidad, el asma y la II Guerra Mundial, tras la cual un sudario había cubierto a la cultura bajo la premisa de Adorno: “Tras Auschwitz, no se puede hacer poesía”.

En su pintura quiere estar más cerca de la muerte y de la destrucción para estar más cerca de la vida, de sus límites, como un extraño fulgor de ribetes tan rojos que parecieran negros. La vida en la muerte, como se ve en la más terrible pintura: el tríptico Tres estudios de figuras para una crucifixión (1944), del que hará otra versión en 1988. La crucifixión del hombre y el dolor que saca lo animal como condición de lo humano, pero a la vez lo humano como reprimidor de lo animal. Pinta cabezas sólo con bocas y dientes para resaltar lo más animal de lo humano: comer, ingerir, deglutir, lo caníbal latente.

Era existencialista aunque a él no quisiera admitirlo en un intento de parecer vitalista y para no ser clasificado dentro del movimiento informalista. Él no quería ser clasificable, no lo hubiera soportado. Ansioso por plasmar un realismo que es el de “la brutalidad de los hechos” y el de la brutalidad de la condición humana, aunaba el Eros y el Tánatos a lo Bataille en todas sus pinturas.

Si el Informalismo se recreaba en el dolor para no salir de él, Bacon, en esta unidad Eros - Tánatos, le hace gritar. Así hace versiones del Retrato de Inocencio X de Velázquez, gritando. No soporta su silencio, su cotidianeidad sin sobresaltos, sin mostrar su brutalidad consustancial. Bacon resalta lo monstruoso de la realidad que no vemos y es lo que produce malestar en el ojo observador. En esta misma pintura aparece ya el tema de las persianas, de la jaula, del cubo en perspectiva donde el animal humano siempre está enjaulado para no poder escapar jamás.

Su último tríptico (1991) resulta especialmente revelador. Los rostros monstruosos del de 1944 se sustituyen por representaciones pintadas de fotografías en blanco y negro. A un lado el rostro de Bacon, al otro el del piloto de carreras brasileño Ayrton Senna. Parece confirmarse que los rostros monstruosos de Bacon son sólo la máscara de los rostros humanos ¿o los rostros humanos son la máscara de los monstruos que cada cual en sí esconde? ¿Cuál imagen descompuesta hasta las heces es la real, el reflejo o el reflejado? ¿La superpuesta o la escondida?

Y poco más podemos decir sin dar vueltas sobre estas mismas ideas; el resto, como pasaba en una putrefacta y angustiosa Dinamarca, es silencio.
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4 comentarios:

Gerardo dijo...

De las mejores exposiciones que he visto en Madrid. Luego me meti en la Thyssen a ver la de la Sombra y fue como tomarte una cosa superlight después del mejor ibérico.

Lucía dijo...

Gratísima lectura, como siempre.
Con Manu se descubre la vida.
Mil gracias.
Un abrazo

Paco dijo...

Estimado editor:
El motivo de mi misiva es elevar a lo más alto, una crítica hacia el artículo, que sobre "sir" Francis Bacon escribe, en su afamado blog, un tal.... no se qué.
¿Como se puede elevar a la categoría de "valor a tener en cuenta", un comentario que sobre pintura (y no de brocha gorda), nos dedica la insigne Dama de Hierro?
Nota: No me extenderé sobre ella y su legado (hoy tiempos de crisis), porque quiero ver el Barça que hoy juega en Munich.
El artículo desde la tercera línea ha dejado de tener interés.
Yo solo diré que tras una larga visita a la retrospectiva de Bacon (por extensa, compleja, y casi íntegra), en su bien amado Museo del Prado, salí conmocionado, aturdido, con la hiel en la boca, como si hubiera pasado de un solo golpe, de la morgue al Vaticano, o de un cabaret de Berlín a la sala de despiece de un matadero.
Nota: Ya están en lo vestuarios calentando.
Creo que el arte solo es aquello que te emociona y Sir Francis lo consigue.

o-o dijo...

¿No soportas a Bacon o no soportas lo que Bacon nos hace ver, muchas veces parte de nosotros mismos?