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5 may. 2009

La quiebra de lo moderno en la Guerra Civil

por José Álvarez

La quiebra de lo moderno. Margaret Palmer y el arte español durante la guerra civil es el título del estudio que el profesor de la Universidad Complutense de Madrid Javier Pérez Segura ha realizado merced a una beca del Centro para Estudios Avanzados en Artes Visuales, adscrito a la Galería Nacional de Arte, de Washington D. C. En él se hace un exhaustivo recorrido por el día a día de la creación artística española en los tres años de la Guerra Civil a través de la correspondencia de Margaret Palmer con los responsables del Instituto Carnegie de Pittsburgh. Esta edición crítica de las cartas se presenta como un primer paso hacia un completo estudio de lo que fueron las Exposiciones Internacionales de Pintura de Pittsburgh y la relación que con éstas tuvo el arte español del siglo XX.

Margaret Palmer fue la representante en España del Instituto Carnegie de Pittsburgh. Su trabajo consistía en seleccionar las obras que posteriormente se mostrarían el la Sección Española de la Exposición Internacional. Para ello, Palmer hacía valer sus excelentes relaciones con el mundo cultural español de los años 20 y 30. La Exposición tenía un carácter abiertamente comercial, por lo que la nómina de artistas era generalmente de carácter conservador en lo artístico, una modernidad fácilmente digerible para el público estadounidense de estos años, iniciales de la convulsa década de los 30, con nombres como José de Togores, Pedro de Valencia, Joaquim Sunyer, Pedro Pruna, Timoteo Pérez Rubio, Daniel Vázquez Díaz, los hermanos Zubiaurre o Roberto Fernández Balbuena. En la Internacional de Pittsburgh “la abstracción apenas interesó, y de hecho, el primer Kandinsky se vio en la edición de 1939, al igual que el primer Klee. Tampoco hubo ninguna obra futurista, neoplasticista, Bauhaus o constructivista” (p. 22). La excepción es el surrealismo, que fue impulsado por la figura de Dalí, a quien aceptaban con ciertas reservas, pues no era del agrado de los organizadores su carácter excéntrico, ni algunas de sus pinturas, que calificaban abiertamente de “pornográficas”, pero al provocar excitación en el público “incuestionablemente debemos seguir contando con él” (p. 210), en palabras de Saint-Gaudens, director de la Exposición. De Miró, llegó a decir que “aquí nadie da un duro por él” (p. 209), aunque creía que debían tenerlo expuesto. Picasso, que siempre fue por libre, accedió a participar en la Sección Española en 1937.

Margaret Palmer y Anglada Camarasa en los años 20

Al estallar la Guerra Civil, las dificultades para los movimientos comerciales de Palmer fueron evidentemente en aumento. Las restricciones, corte de vías, puertos, etc., supusieron un hándicap para que la estadounidense ejecutara su labor. Sin embargo, el verdadero amor que Palmer sentía por España y su arte la llevó a arriesgar literalmente su vida para ayudar a sus amigos pintores y sacar en la medida de lo posible, las obras con las que pudieran atenuar con el importe de la posible venta, las penurias de la guerra. Para ello hubo de efectuar innumerables gestiones y ponerse al frente incluso de los traslados de las obras, de las que hacía un exhaustivo seguimiento, en un momento en que ni siquiera podían estar asegurados los portes. En una ocasión, hubo de aprovechar uno de los traslados de obras del Prado a un almacén fortificado de Valencia para acompañar las que ella sacaría de España. Junto a unos cartones de Goya, Palmer acopló obras de pintores que expondrían en Pittsburgh. Este hecho, junto a su infatigable labor de ayuda a la causa republicana, determinó que fuese acusada al acabar la guerra de saquear obras de arte, pasando a estar en la lista negra de las autoridades franquistas. Esta ignominiosa acusación le impidió volver a España en lo que le restó de vida, finalizada en 1957.

La correspondencia entre Palmer, Saint-Gaudens y otros directivos del Instituto Carnegie se lee como una verdadera novela de aventuras, tal es el cúmulo de peripecias que hubo de sortear esta arriesgada mujer para desarrollar su trabajo. Pero no es solamente una relación anecdótica de hechos, sino que La quiebra de lo moderno. Margaret Palmer y el arte español durante la guerra civil se configura como un excepcional documento historiográfico de primera mano para comprender la evolución del arte español en los años de la Guerra Civil así como el comportamiento que los artistas tuvieron en tan convulsa época. La guerra, la represión de postguerra y el exilio son evidenciados en este libro como los factores que determinaron el rompimiento de la evolución del arte realizado en España tras la guerra, abandonada la modernidad para ponerse al servicio de los delirantes postulados estéticos del nuevo régimen franquista.


Javier Pérez Segura
La quiebra de lo moderno. Margaret Palmer y el arte español durante la guerra civil

Edita Fundación Prov. de Artes Plásticas Rafael Botí
Córdoba, 2007, 264 págs.

ISBN 84-8154-200-8

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