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18 jun. 2009

Cierre de temporada de la Orquesta

por José Manuel Recio


Con un impresionante Requiem alemán, de Johannes Brahms, cerraba ayer la temporada de conciertos la Orquesta de Córdoba.

Brahms escribió este réquiem cuando contaba 32 años de edad. Hasta entonces, había desarrollado la mayor parte de su actividad creativa en torno al piano, cosechando un gran éxito como pianista y compositor de repertorio pianístico. Tras el fallecimiento de Robert Schumann, a quien le unía una gran amistad - óbito que coincidió en el tiempo con el fallecimiento de su propia madre - , hicieron que Brahms se decidiera por crear esta pieza orquestal. Fue su primer gran éxito, y gracias a él se decidió por fin a escribir una sinfonía. Brahms siempre había tenido mucho miedo de abordar este género. Sentía el peso de Beethoven sobre su espalda y tenía la sensación de que no debía “competir” con el genio de Bonn. (Otras fuentes dicen que, simplemente, nadie le había hecho el encargo…)

Estructuró este réquiem en siete movimientos. En ningún caso se planteó escribir un réquiem litúrgico. Es más bien una cantata, en alemán, sobre temas cercanos a la muerte. Tuvo su primera representación en 1867, en un concierto homenaje a Robert Schumann, quien también, antes de morir, había comentado a Brahms la posibilidad de escribir una obra con este título. En este concierto sólo se ejecutaron los tres primeros movimientos, y cuentan que el percusionista trató de boicotear la obra pegando timbalazos a destiempo. Parece ser que el percusionista era amigo de Wagner, con el que Brahms tuvo siempre una gran rivalidad. Por tanto, esta primera interpretación no tuvo gran repercusión. Finalmente, el 10 de abril de 1968, Viernes Santo, y en la catedral de San Pedro de Bremen, la obra se estrenó definitivamente. Esta vez sí tuvo el éxito que merecía.

Volviendo a 2009, al Gran Teatro de Córdoba, tanto los solistas, Christina Giannakopoulou, soprano, como Juán Tomás Martínez, barítono, hicieron un excelente papel. Los dos coros actuaron como uno solo, empastados a la perfección, y la orquesta, por supuesto, no se quedó atrás.

Fue un precioso punto y aparte para todos los que estábamos allí presentes.
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1 comentario:

Johann Sebastian Mastrpiero dijo...

Bien!!!!!!!!!!!!
Pero un pokito de + datos del co
nierto