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1 sept. 2009

Chillida, horizonte humano

por Manuel Sánchez


“En una línea el mundo se une. Con una línea el mundo se divide. Dibujar es hermoso y tremendo”. Eduardo Chillida veía en el horizonte el símbolo de la unión de la humanidad, por eso lo elogió en el Cerro de Santa Catalina de Gijón y en cada uno de los planos de la pradera en la que se sitúa el Caserío de Zabalaga, en Hernani.

El Museo Chillida Leku se puede considerar cualquier cosa antes que un museo al uso, es un espacio para ser y estar, para tocar y abrazar las esculturas… para habitar… y es que cuando menos te lo esperas llevas casi tres horas en este espacio que representa el arte contextualizado en la naturaleza. En Chillida hay una afirmación del arte porque hay una afirmación de la vida. Hay una celebración constante entre las esculturas diseminadas por el prado de Zabalaga con otras artes: la música, la pintura, la poesía… siempre tensionando el espacio y buscando la luz… es el dramatismo de su obra en una necesaria dualidad entre el blanco y el negro, la materia y el espacio, donde penetran los elementos y son peinados, dominados quizá por las formas férreas, como en El peine del viento que se puede disfrutar en el extremo de la Playa de la Concha en San Sebastián.

Así su manera de hacer arte y de ser en el mundo es haciendo que la escultura forme parte del espacio, que juegue con él, que lo represente y le de consejo. Su escultura es eminentemente perceptiva en un sentido físico y metafísico, pues hace ver cosas que quedan en la sombra, que ha obviado el progreso.

En definitiva, Chillida desea atrapar el espíritu, pero como todas las cosas son más lentas que este, va en busca de la poesía de Valente y San Juan de la Cruz, de la mística de San Agustín y los orientales y por supuesto de la música de Bach. Cuando se inauguró el Chillida Leku en 2000, el violonchelista Iagoba Fanlo interpretó algunas páginas de las suites para chelo solo de Bach, quizá la composición más cercana al silencio. Como el ritmo de esta obra, en las esculturas de Chillida se puede respirar al ritmo en el que tensionan el espacio y a favor de la naturaleza. Son un gran arco que frota las cuerdas del espacio del horizonte humano creando una música callada: “En el extremo de lo agudo, el silencio. Atravesar el espacio silenciosamente. Conseguir la vibración muda”.
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