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19 sept. 2009

Entrevista con Alfonso Aijón

por María Santacecilia


Alfonso Aijón.
Foto: Ibermúsica


En cualquier país europeo, Alfonso Aijón sería considerado un monumento vivo en el ámbito de la programación de música clásica. Pero, quizá, el fenómeno de Alfonso Aijón no hubiera podido producirse en otro país que no fuera el nuestro. La energía, la determinación y la personalidad, puestas al servicio de una aventura cultural son raras aquí, pero si surgen, son imparables. Y pese a su reconocimiento y los premios recibidos por este hombre ejemplar, Ibermúsica, su agencia, sigue obligada a levantar la piedra cada año, y van cuarenta de actividad. Feliz cumpleaños y "buena suerte".

María Santacecilia - La programación 2009-10 viene más cargada que nunca de españoles, tanto intérpretes, como compositores y directores, ¿a qué se debe ese sabor intensamente hispano?

Alfonso Aijón - Siempre hemos programado músicos españoles. Si se concentran más artistas de nuestro país en esta temporada es porque quería que nuestro 40 aniversario tuviera ese valor añadido.

MS - ¿Cuál es el criterio para escogerlos? Porque hay de todo, desde jóvenes promesas hasta profesionales asentados y reconocidos.

AA - Consagrados son los directores de las orquestas españolas que participan. Nuevos felices descubrimientos son el director Pablo González al igual que el violonchelista Adolfo Gutiérrez. Ambos merecen ser invitados a un ciclo tan acrisolado como el nuestro. Me pareció también que en nuestro aniversario, de alguna forma, debíamos contemplar la presencia de la mujer con un programa en el que Gloria Isabel Ramos dirige música de una compositora, Pilar Jurado, y en el que también está presente una solista que dio sus primeros pasos con nosotros, Rosa Torres Pardo. Los comentarios estarán escritos por una musicóloga, Teresa Cascudo.

AA - Cuando programaron esta temporada lo hicieron bajo algunas premisas de la entonces reciente dirección artística del Auditorio Nacional, ¿de qué manera condicionaron esas directrices la presente temporada y qué opinión le merecen?

AA - Creo que no existen tales directrices, pero estaría en contra si las hubiera. No sólo porque nos retrotraería hasta épocas felizmente superadas y olvidadas, sino también porque es precisamente el Ministerio de Cultura quien podría llevarlas a cabo mejor que la iniciativa privada. En cualquier caso, Ibermúsica siempre ha incluido tanto música contemporánea como española, y esta temporada es un ejemplo de ello. Cuando en su día Marset nos reunió a los promotores, sugirió algunos criterios de programación, pero no los impuso.

MS - Entonces, ¿cómo explica la polémica salida de Promoconcert del Auditorio?

AA - Conozco la historia de ese enfrentamiento, pero también me ha parecido escuchar que esa disposición no la hemos recibido, algo que al parecer sí debió de suceder con Promoconcert, según cartas de protesta que he leído en alguna revista musical. En cualquier caso, yo sugeriría que hicieran un ciclo en el Auditorio invitando, en la misma temporada, a seis o siete orquestas de nuestro país, obligándolas –a ellas sí, porque están subvencionadas– a interpretar música española con directores e intérpretes españoles jóvenes. Ésa sería la mejor plataforma para conocerlos y apreciarlos.

MS - Creo que un ciclo así se está haciendo en el Auditorio con orquestas jóvenes aunque, como todo, se verá seguramente afectado por la crisis, que no hace distingos, ¿también perjudica a Ibermúsica?

AA - Programo con tres años de anticipación, de hecho tenemos ya anunciada la temporada 2010-2011 con orquestas, obras, intérpretes y fechas. Por ello, si la crisis arrecia me afectará en el 2011-2012, pero cuento siempre con los miles de abonados que nos han seguido y apoyado con su confianza durante décadas y que han hecho posible que celebremos nuestro 40 aniversario.

MS - La programación 2009-10 será muy especial por esa celebración.

AA - La temporada viene, como siempre, marcada por orquestas prestigiosas. Muchas de ellas supieron de nuestro cuadragésimo aniversario y han querido participar en él, incluso cambiando giras previstas o postergando otros compromisos. También están los directores amigos que ayudaron a que Ibermúsica no desapareciera: Zubin Mehta, Daniel Barenboim, Jansons, Claudio Abbado…

MS - Las cifras redondas suelen servir para hacer balance y proyectar el futuro...

AA - Sólo aquellos aficionados que tienen más de 50 años pueden valorar lo que ha hecho Ibermúsica. Comenzamos en el Teatro María Guerrero y continuamos en el Teatro de la Zarzuela con el "Ciclo de Grandes Intérpretes", y fuimos capaces de llegar a 14 ediciones con esta denominación que adoptó años después la Universidad Autónoma y más recientemente la revista Scherzo. En ese periodo de los años 70 y parte de los 80 presentamos en España jóvenes que eran completamente desconocidos y que introdujimos en las sociedades filarmónicas y orquestas de nuestro país. Me refiero a Maria João Pires, Kristian Zimerman, Zoltan Kocsis, Andras Schiff, Gidon Kremer, Vladimir Spivakov, Christian Zacharias, Cho Liang Lin, Silvia Marcovici, Mihail Pletneev, Lisso Virsaladze, Grigori Sokolov, Natalia Gutman… Hoy todos ellos son nombres admirados y habituales en las programaciones españolas. En aquellos años abríamos un abono y venta libre en taquilla, y llenábamos sólo media sala con pérdidas enormes que cubría la familia. Llegó un momento en que la situación era insostenible y emprendí una huida hacia adelante que salió bien. El Teatro Real sólo estaba disponible para actos promovidos por el Ministerio de Educación y como sede de la Orquesta Nacional. A la llegada del Gobierno de UCD, se abrió a instituciones privadas que lo quisieran alquilar y fue en ese momento cuando Ibermúsica inició sus ciclos sinfónicos de abono. Tanto por calidad como por cantidad, aquello era una novedad, pero a pesar de ello nunca llenábamos, y cito como ejemplo la presentación en España de la Chicago Symphony con G. Solti en 1985. Entonces tres millones de pesetas se quedaron en taquilla sin vender. Además trajimos a España por primera vez a la Boston Symphony, Los Angeles Philharmonic, Nueva York Philharmonic, San Francisco Symphony, Dallas Symphony, Leningrad Philharmonic con Mravinski, London Symphony, London Philharmonic, Royal Philharmonic, The Academy of Saint Martin in the Fields, Virtuosos de Moscú, Staatskapelle Dresden, Staatsoper Berlin, Bolshoi Theater, Kirov Theater, etc…

Alfonso Aijón con el director Carlo Maria Giulini
Foto: Ibermúsica

MS - Impresionante. Y algunas de ellas no sólo vinieron a Madrid…

AA - Paseábamos casi todas estas orquestas por España cuando aún no había auditorios. Actuaban en espacios deportivos o en salas de cine y creamos a nuestro riesgo ciclos sinfónicos en Bilbao, en Liria, en Sevilla, en La Coruña... Fomentamos en provincias la necesidad de este tipo de conciertos que de alguna manera propiciaron la creación de auditorios y de orquestas locales que no existían. Puede parecer presuntuoso, pero la vida sinfónica del país se ha beneficiado de nuestro riesgo y esfuerzo. Con todo, las perjudicadas han sido las heroicas Sociedades Filarmónicas españolas, que durante decenios han mantenido la vida musical en sus ciudades y ahora se ven desplazadas por la creciente afición por las grandes formaciones y el hecho de que cada ciudad tenga su propia orquesta.

MS - Y el futuro, ¿cómo se plantea?

AA - Llevamos 40 años en primera línea. Sobrevivir y mantener la continuidad en un país como el nuestro, tan dado a la improvisación y al abandono de proyectos, nos ha dado la experiencia suficiente para afrontar problemas. Nosotros nunca hemos pedido subvención a ningún gobierno, desde los del franquismo hasta el actual socialista, lo que nos ha dado independencia y posibilitado vivir la realidad económica y política de cada momento. Eso sí, temo que la actual crisis afecte a la actividad musical en España, ya que las orquestas locales, los teatros de ópera y los conciertos en general se mantienen con la ayuda estatal, autonómica o municipal, con precios excesivamente políticos, y si vienen los recortes presupuestarios el aficionado no podrá hacer frente a precios reales porque no está acostumbrado a pagarlos, al contrario que los fans del rock o el pop. Sin ir más lejos, recuerdo los 400 euros que costaba la actuación veraniega de Madonna.

Publicado originalmente en Docenotas.
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