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27 sept. 2009

La discriminación necesaria

por Rosa Colmenarejo

María Moliner recoge dos acepciones para el verbo discriminar (del lat. «discrimināre»)

1. Apreciar dos cosas como distintas (no la misma) o como desiguales. Diferenciar, discernir, distinguir.

2. Específicamente, dar trato de inferioridad en una colectividad a ciertos miembros de ella, por motivos raciales, religiosos, políticos, etc. Discriminación, *racismo, sexismo. Gueto.

Respecto a la polémica tendenciosa, que no debate, suscitada por el anuncio de que la orden ministerial que desarrolla la Ley del Cine primará a la hora de dar subvenciones a las películas dirigidas por mujeres he detectado, una vez más, lo necesaria que es la filosofía en la vida cotidiana. Leo a Rubert de Ventós y su práctico “Por qué filosofía” (1990). En él se nos advierte de lo engañoso que puede llegar a ser el lenguaje, como sistema, cuando se pretende construir un pensamiento personal, independiente, propio: Ocurre a menudo que las cosas se hacen borrosas cuánto más nos acercamos a ellas, como si padeciésemos una especie de hipermetropía teórica. Es entonces cuando la complejidad sistémica del problema a tratar se nos hace realmente visible y nos desconcierta. Frente a ello el filósofo ubica aquello que nos importa poco, bien porque no nos afecta, bien porque afecta a quienes despreciamos, bien porque se nos escapa, es entonces cuando tenemos casi siempre la sensación de que ya sabemos de qué va y pronto lo despachamos con el primer tópico que nos viene a mano.

Afectadas por esto del no verlo claro parecen algunas de las declaraciones recogidas y vertidas por el periodista Pere Ríos en El País del sábado 26 de septiembre de 2009: La discriminación es positiva si está bien motivada. Selecciona el periodista las siguientes entradillas: Primar subvenciones a cineastas mujeres puede amenazar el Principio de igualdad. Todas las políticas para ayudar a minorías o colectivos deben estar justificadas. En Estados Unidos siempre se acompañan de estudios. Vayamos por partes, la discriminación positiva es un instrumento reconocido por la Ley de Igualdad, paupérrimamente aplicada aún, para alcanzar la paridad. Una ley que no se crea para un colectivo sino para las mujeres, quienes representamos más de la mitad de la población mundial. Nuestra invisibilidad social y política es documentada, analizada, estudiada y combatida desde los años sesenta por múltiples institutos de estudios feministas asociados a universidades públicas e instituciones, observatorios, asociaciones… A pesar de la doble página el periodista no parece haberse llegado a interesar suficientemente por el tema, tanto como para dejar atrás sus prejuicios y plantear el asunto desde el punto de vista claramente informativo. Una información necesaria y precisa para invitar de forma honesta a participar en el foro de opinión anunciado a pie de página ¿Está de acuerdo con la discriminación positiva?

En dicho artículo Enoch Albertí, catedrático de Derecho Constitucional, habla de la necesidad de estudiar la situación de desigualdad de los colectivos afectados antes de aplicar esas ayudas “discriminatorias”, aludiendo a Estados Unidos como pionero en la aplicación de estas medidas para terminar diciendo que estas políticas han sido siempre cuestionadas y actualmente están perdiendo mucha fuerza pues la igualdad social es cada día más evidente (sic). La discriminación positiva es necesario regularla con precisión, sin duda. Con la misma extrema precisión con la que se regula la concesión de las subvenciones públicas.

Que es necesaria porque está plenamente justificada no admite discusión, es un hecho, la desigualdad, mucho más evidente que la igualdad social aludida por Albertí. Hemos de dar credibilidad a sus palabras porque habla de igualdad social evidente en Estados Unidos, porque es catedrático de derecho constitucional o porque es un hombre con poder para poder afirmar semejantes boutades sin sonrojarse.


La desigualdad se muestra en este mismo artículo. Victoria Camps, también catedrática, en este caso de Ética, considera que la discriminación positiva es necesaria porque todavía hay pocas mujeres en los lugares donde se debería visualizar la igualdad de sexos. Sin embargo el resaltado de sus declaraciones que elige el periodista para ilustrar el artículo es precisamente la duda, el matiz, la referencia a la complejidad del problema que, como buena filósofa, muestra Camps: Victoria Camps afirma que deben primar los méritos sobre el sexo, extracta el periodista; mientras ella dice que le parecería más apropiado hablar de que se primarán los proyectos cinematográficos de mujeres en igualdad de méritos a los de los hombres más que en igualdad de condiciones. Victoria Camps concluye que a pesar de lo difícil que es la concreción en estos términos no se debe perder de vista que el tema es que a los hombres casi siempre se les supone o se les atribuye el mérito profesional por su condición de hombres y las mujeres lo tienen que demostrar.

No hablamos de cualquier profesión, la trascendencia de las múltiples miradas distintas que aportan las mujeres directoras, guionistas, fotógrafas es fundamental para fomentar el respeto a la integridad, la dignidad, la sabiduría de las mujeres socialmente, en el ámbito público y en el ámbito privado. Mujeres que no son siempre ellas solas ante el mundo, sino las mujeres en relación con la realidad en la que viven, padres, madres, parejas, criaturas, hábitat, medio. Por eso su cine enriquece a la sociedad que puede llegar a verlo, porque muestra muchas realidades distintas, puntos de vista poliédricos que nos hacen dudar de todo, que nos alejan de las certezas del mundo unidireccional al que tienden la mayoría de los directores hombres, egocéntrico y lleno de tópicos e imágenes recreadas de lo que ellos entienden que es o debe ser una mujer. Es precisamente esta visión la que ha lastrado la presencia de las mujeres en el ámbito de lo público y no, como aún pretenden muchos, una elección personal.


En el mismo artículo se recogen declaraciones de Justo Sáez, presidente de la Confederación de Madres y Padres Separados, que muestran la profunda ignorancia con la que se aborda el tema: Las mujeres que se beneficien de las ayudas del cine ya tienen formación y no pasan penurias. Creo que no lo necesitan. ¿Qué igualdad es esa? ¿Por qué no se preocupa nadie de las mujeres que realizan trabajos domésticos ni se aborda en serio el tema de la prostitución dos empleos de muy baja cualificación que sí necesitan de discriminación positiva? (la negrita es mía). Los miedos que se traslucen ante tanta declaración escandalizada, remiten de nuevo a las palabras del filósofo o, también, a las de Bertrand Russell: El método de afirmar o postular lo que necesitamos tiene muchas ventajas; las mismas que tiene el robo en relación con el trabajo honrado. Es, por ejemplo, el trabajo de la Asociación de mujeres Cineastas y de los Medios Audiovisuales (CIMA) ¡No se pierdan su punto de vista!


Para comprender mejor:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/discriminacion/positiva/bien/motivada/elpepisoc/20090926elpepisoc_1/Tes/
http://www.cimamujerescineastas.es/asociacion.html
http://puntodevistablogcima.blogspot.com/
www.dracmagic.com

Fotografías: CIMA