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2 de ene. de 2010

La cultura en la España de Lorca, vista entonces



José Álvarez / Ars Operandi

Una de las visiones más cercanas a la figura del poeta es sin duda el libro En España con Federico García Lorca, escrito por su íntimo amigo el diplomático chileno Carlos Morla Lynch. Encargado de Negocios de la Embajada chilena en Madrid desde 1928 a 1939, fue testigo por tanto del acontecer español durante la República y la Guerra Civil, que pasó en Madrid. Gran interesado en la cultura, sobre todo en la literatura, la música y las artes plásticas, Morla Lynch aglutinó en su entorno a lo más granado de la literatura española de su tiempo, comenzando por la Generación del 27 al completo; autores como Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre (a quien en todo momento llama Manolito, como todos sus coetáneos), Rafael Alberti (quien no obstante se distanciará de los demás al afianzar su militancia comunista), Jorge Guillén, José Bergamín, Vicente Aleixandre, Luis Rosales, Pedro Salinas, Eugenio D’Ors (de quien censura su afectación), Salvador de Madariaga o María de Maeztu, entre otros muchos. Asimismo puso en relación con los españoles a sus compatriotas Neruda, Vicente Huidobro o Gabriela Mistral.

Escrito como diario, el libro es una precisa crónica del acontecer de la cultura española en unos años denominados como una nueva Edad de Oro, a la vez que se asiste a una visión externa—y menos partidista—de la situación política de la época. La edición que tratamos es la más completa editada hasta el momento, toda vez que las anteriores de 1957 y 1958 fueron mutiladas en todas las partes donde se hablaba de temas sujetos a censura en los años de la dictadura franquista. La edición se completa con un extenso apéndice documental donde se incluyen textos inéditos de Lorca, las adaptaciones musicales del propio Morla a poemas de Lorca y abundantes fotografías.

Una de las más interesantes experiencias que arrojan la lectura de los diarios de Carlos Morla es la percepción que en el momento las propuestas artísticas presentadas, en plena eclosión de las vanguardias, producían en los espectadores. En el caso de Morla, hombre culto, amigo de Cocteau y de la élite cultural francesa en sus años previos a su destino a Madrid, vividos en Francia, su postura ante las diversas manifestaciones artísticas fue, cuanto menos, peculiar. Es un interesante ejemplo de cómo un espectador, por muy elevado que sea su horizonte de expectativas, ha de poseer un atinadísimo sentido al juzgar las manifestaciones ocurridas en su momento, sin el poso que el tiempo permite a la reflexión y al análisis, y, sobre todo, a la validación del establishment cultural.

Timoteo Pérez Rubio, Retrato de Rosa Chacel, O/L, 1930

A modo de anécdotas, se suceden las experiencias de Morla con los artistas y, a trevés de ellas, podemos conocer sus opìniones sobre el arte del momento. En junio de 1932, Morla y un grupo de amigos, entre los que se encuentran Rosa Chacel, su marido el pintor Timoteo Pérez Rubio (a la sazón subdirector del Museo de Arte Moderno de Madrid), el editor Manuel Altolaguirre y Concha, su esposa, y Luis Cernuda, visitan el taller de Valentín de Zubiaurre. De la visita escribe: "El pintor, sordomudo, es cariñoso conmigo. Me muestra álbumes de sus obras. Pérez Rubio las mira conmigo. Son escenas vascas, campesinos, procesiones, pescadores, pelotaris, etc. Me intereso. Los demás critican en voz baja, lo cual es innecesario puesto que el pintor es sordo. No les gusta nada su pintura, pero yo no estoy de acuerdo. Es sincera, las expresiones son auténticas y el colorido es vibrante. Hay argumento y atmósfera". Lejos del costumbrismo de Zubiaurre estaba Pérez Rubio y su pintura, que en los treinta mostraba ecos del cubismo y del realismo mágico. De él dice: "Pérez Rubio tiene talento. Un retrato que le ha hecho a su mujer es magnífico: moderno, pero comprensivo. Una sinfonía de rosa y gris, diluida y llena de sensibilidad".

A Maruja Mallo la califica en 1930 de pintora "moderna sin ser extremista". En agosto de 1932 escribe: "Visita inesperada de Maruja Mallo, la pintora que realizaba los decorados de las obras teatrales de Alberti, que viene de París, donde ha obtenido un éxito. No me extraña, por cuanto tiene talento". Acto seguido añade: "Pero... ¡qué manera de disfrazarse! Traje rojo subido y una especie de gorra blanca de la que cuelga una pluma bastante mustia". Nos deja un comentario realizado por la artista, en el que alude a sus preferencias: "Picasso, siempre por las nubes, seguido de Matisse, Braque y Giorgio de Chirico". No demasiado amable con ella, Morla le censura hablar con "aires doctorales".

Con motivo de la exposición madrileña que en 1933 hiciera Manuel Ángeles Ortiz, previa a la exposición de Berlín, Carlos Morla escribe con sinceridad, dejando unas reflexiones que sitúan su mayor cercanía a la poesía de vanguardia que a la pintura vanguardista.

Manuel Ángeles Ortiz, Sin título, O/L, 1933

"Se habla naturalmente de la exposición de Manolo (...) Es un arte moderno que, a mi juicio, repito, ha dejado de serlo. Uno que otro retrato me parecen sinceros. El de Bebé (esposa de Morla) tiene no sé qué semejanza con una mariposa con las alas abiertas aplastada contra una pared. El dibujo es fino; la cabeza, expresiva; pero le falta gracilidad al cuello y lleva un brazo sin vida, como atrofiado, que da la impresión de un apéndice.

En una sala han sido reunidas las obras de carácter cubista, que podrían ser diseños geométricos, líneas y círculos más o menos armónicos, pero que nada sugieren. —Cada cual debe procurar insuflarles su propio sentir—me dice Federico.

—Es que «no siento nada»—le replico.

Y es la verdad. No son concepciones que me desagraden, pero ninguna cosa me inspiran.

Nos detenemos ante un cuadro que pretende representar—según el catálogo—a Una señora elegante. Lleva pegada una tira de encaje, un trozo de seda plissé y hasta un puñado de cabellos. No le hallo esprit a estos caprichos. Son basuras con goma.

Salgo de allí desconcertado y no logro determinar si me gusta o no la exposición".

En 1935 se produce la llegada a Europa de Roberto Matta. De su venida escribe: "Constituye una sorpresa que nos llena de agrado la aparición de un sobrino encantador que casi no conocíamos: Roberto Matta Echaurren. Es un niño artista, de una extraordinaria amplitud de espíritu, que todo lo «siente» y lo «comprende» por intuición innata. Federico ha visto inmediatamente en él a un ser dotado "del cual se hablará más tarde" (...) He ido con él al Escorial y a Toledo; se ha quedado extasiado ante el célebre cuadro El entierro del conde de Orgaz, del Greco. Nos muestra un cuaderno de dibujos que son sencillamente admirables de movimiento y personalidad. "Un talento que irá lejos", pronostica Federico".

De otros artistas como José Caballero o Moreno Villa, aún teniendo continuada relación con ellos, sobre todo con éste último, apenas refiere sobre sus facetas pictóricas. De Caballero alude a su talento, de pasada, por su colaboración con Lorca en Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, y de Moreno Villa, uno de los introductores en España de la Vanguardia artística, especialmente del Surrealismo, no recuerda sino su producción literaria, cuya excepcionalidad sin duda le ha llevado a olvidarse de sus demás facetas creativas.

Dejamos como colofón de esta reseña las referencias que del estreno en España de La Edad de Oro, de Luis Buñuel, deja Morla escritas en su libro. Estrenada en París en 1930, la primera proyección en España tuvo lugar en noviembre de 1931 en el Palacio de la Prensa. Del histórico día Carlos Morla escribe:

"Tenía intención de asistir al concierto sinfónico (...) en el Monumental. Pero no me fue posible hacerlo. Era cosa de obligación, por cuanto, para desgracia nuestra, nos han, o nos hemos, declarado intelectuales. Había que ir a presenciar el film de Luis Buñuel La Edad de Oro (...)"

"Esta película, que pertenece al llamado género surrealista, provocó, hace algún tiempo, un descomunal escándalo en París (... que acrecentó) la celebridad del autor. Federico nos lo da a conocer en el vestíbulo en los momentos en que nos disponemos a entrar al palco: un buen gallego (sic), joven, redondo de líneas, de mirar azul, de aspecto sano, un poco rural: una manzana rubicunda con ojos".

"Nos aprontamos a presenciar cosas tremendas, espeluznantes, sacrílegas: una santa custodia profanada; un perro rematado a patadas; una dama anciana y respetable, abofeteada; un niño que jugaba en un jardín, derribado de un disparo como un pájaro porque molestaban sus gritos; y un ciego, que imploraba una limosna, acometido a puntapiés en la barriga. No me siento muy complacido ante la perspectiva de tan insólito espectáculo.

Se han apagado las luces, quedando la pantalla iluminada. Comienza la función.

Todo lo anunciado se realiza, pero, ¡hecho que me sorprende!, no provoca en mí el efecto esperado. Las enormidades que nos presenta la película ni me interesan, ni me impresionan, ni me irritan, ni me sublevan, ni me afligen. Quizá un poco, sí, lo del perrito blanco elevado por los aires de una coz brutal. Habrá muerto el pobrecillo de verdad y prefiero no pensar en la salvajada. Lo que pretende escandalizar y producir estupefacción, por la fuerza de lo inadmisible, cae en lamentable y vulgar. Nada más. Magro resultado (...) Lo único que me divierte y me desarruga, si así puedo expresarme, es el inusitado espectáculo de una vaca lechera que aparece acostada, con mucha complacencia, en una cama elegante y ancha llena de cintas y de encajes. Hay en ello algún espíritu innovador, pero exento de sentimientos bajos (...) Al final de la función, Federico declara que el film contiene cosas magníficas. (...) La escena en que aparecen unos obispos sentados (...) es una estampa antigua de Dürer, con matices de pergaminos, de líneas armoniosas: la única nota de arte que he registrado en esta obra cinematográfica de Buñuel".

Carlos Morla Lynch
En España con Federico García Lorca. (Páginas de un diario íntimo, 1928 - 1936) Ed. Renacimiento, 2008 
ISBN: 978-84-8472-349-3, 664 pp.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Las impresiones que Morla deja traslucir en el texto son las que corresponden a alguien que está intentando enjuiciar el arte de vanguardia. Y con éste me refiero tanto al que se produce entre principios de siglo (XX) y los años 60, como a todo aquel que siendo posterior (contemporáneo de quien lo disfruta y enjuicia) participa de su espíritu transgresor, rupturista, díscolo...
Que a comienzos de los años 30 se tenga a Picasso en las nubes no es ningun atrevimiento por parte de Morla, sí hubiera sido que ya lo tuviese en el mismo lugar en torno a finales de la primera década del siglo, cuando el artista estaba definiendo junto a Braque el cubismo.
Por eso no es de extrañar que tenga la opinión que tiene de la obra de Buñuel; en primer lugar porque es absolutamente contemporánea suya, porque también lo es vanguardista (desde un punto de vista cinematográfico e incluso artístico) y porque en el caso de Buñuel entra de lleno en el surrealismo y a saco contra los valores establecidos de la sociedad burguesa. Ya sabéis.. lo de epatar al burgués que se decía.
En fin, delicatessen propios de las vanguardias.
A.L.P.V.

José Álvarez dijo...

Siento no haberme expresado bien, el comentario al que aludes es de Maruja Mallo, que indica sus preferencias. En la reseña he querido hablar de la dificultad de atinar en los análisis de las propuestas artísticas en el justo momento en que éstas se producen, al hilo de los diarios del autor del libro, testigo de la Edad de Oro que la cultura española vivió en los años de la II República. Naturalmente, con el propósito de extrapolarla a los tiempos actuales. Es claro que Morla, por su parte, conectaba mucho mejor con la literatura de vanguardia que con otras manifestaciones artísticas del momento. Un libro muy interesante, al cabo.

santi c. dijo...

Morla fue un espectador, en 1ª fila, pero un espectador al fin... lo que un surrealista buscaba causar en el pùblico era exactamente estupefacción y revulsiòn...Buñuel, sobre todo en su primera etapa, practicò ese instinto publicitario que caracteriza y casi resume a fin de cuentas el surrealismo...de hecho esta visiòn revulsiva y publicitaria de imàgenes influyò posteriormente en formas de expresiòn occidentales como el cine, publicidad, incluso el comic...de hecho lo hizo de una manera casi inmediata : en los 40 Dalì viajò a USA y colaborò con Hitchcock y W. Disney...actualmente,la intenciòn de muchos artistas que vemos en acontecimientos de gran carga mediática y publicitaria como ARCO, no se aleja mucho del propòsito de los primeros surrealistas...