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8 feb. 2010

De cómo la soledad y la vulnerabilidad humanas baten récords



Henry Wyndam subastando L'homme qui marche I. Fotografías: Sotheby's


Magdalena Madueño / Ars Operandi

Hemos despedido esta semana pasada con una gran noticia para el mercado del arte internacional, ya que el pasado miércoles 3 de febrero se vendió la obra más cara de la historia en una subasta, eclipsando al mismísimo Pablo Picasso –que ostentaba el título gracias a Garçon à la pipe (1905), vendido en Sotheby’s Nueva York en 2004– . Y es que nunca antes las expectativas fueron tan halagüeñas para Alberto Giacometti (1901-1966), a pesar de que su nombre siempre ha estado entre los artistas más vendidos. Sotheby’s ya anunció en enero que saldría a subasta una de las esculturas más emblemáticas de Giacometti, L’homme qui marche I (El hombre que camina I), por su carácter casi excepcional, puesto que es la única obra a escala real que el artista realizó sobre este tema.

La leyenda no había hecho más que comenzar. Tan sólo ocho minutos hicieron falta para que el subastador Henry Wyndam adjudicara la mencionada obra a un comprador anónimo que pujaba por teléfono frente a diez posibles contrincantes. Los casi 14 millones de euros que figuraban en el precio de salida de la obra fueron ampliamente rebasados gracias a la impresionante cifra de 74.185.983 €. De esta manera la cotización de Giacometti llega a su punto más alto, tras una considerable progresión que empezó en el siglo pasado.

Giacometti, L’homme qui marche I

Dejando a un lado lo puramente económico, debemos detenernos en la verdadera protagonista de esta historia: la obra. L’homme qui marche I (183 cm.) fue realizada por Giacometti en 1961 y fundida en bronce por la centenaria casa Susse de París, cuya firma aparece junto a la del autor en la escultura. Exhibida en la Bienal de Venecia de 1962, representa el culmen de la experimentación de Giacometti con la forma humana, combinando lo monumental con una interpretación magistral del bronce. En esta obra el artista captura un momento de transición, creando no sólo la imagen humilde de un hombre normal sino también la de un potente símbolo de la humanidad.

La presente escultura es la primera de dos versiones de L’homme qui marche, ejecutadas a principios de los sesenta, durante el período de madurez de Giacometti. Por entonces, la imagen de una figura humana caminando se estableció como uno de los pilares de la iconografía del artista de origen ítalo-suizo. Entre 1947 y 1950 Giacometti realizó numerosas esculturas en las que aparecía un hombre que caminaba, ya fuera solo o en grupo, enmarcado en una plaza. Sin embargo, nunca antes había usado la escala monumental que aquí aparece ante el espectador. Giacometti no estuvo interesado en la recreación realista, ya que siempre trabajaba de memoria, buscando aquello que se esconde más allá de lo físico en el ser humano. Durante los años que siguieron el fin de la Segunda Guerra Mundial, sus figuras se redujeron a una forma esencial, mostrando una austeridad que encarnaban la preocupación existencialista del artista, así como la soledad y la vulnerabilidad de la condición humana.

La escultura que salió a subasta en Sotheby’s se ideó como parte de un proyecto público que Giacometti realizó para la plaza donde estaba ubicado el banco Chase Manhattan en Nueva York y que, a su finalización, sería el primer proyecto moderno al aire libre en el distrito financiero de la ciudad. Aunque la instalación nunca se completó L’homme qui marche I se convirtió en una obra icónica por méritos propios. Un comité formado por comisarios y otras figuras importantes de la escena artística de Nueva York y Boston seleccionaron a Giacometti frente a Alexander Calder e Isamu Noguchi para el proyecto. La fascinación del artista por las plazas, así como su reconocimiento internacional, fueron razones de peso para que fuera el elegido.

El proyecto tuvo como germen el grupo escultórico Tres hombres caminando (1949) de Giacometti, al que se le añadirían una mujer de pie, un hombre andando y una cabeza sobre un pedestal, representando los tres temas más importantes que ocuparon su obra escultórica más madura. Tras al menos cuarenta versiones, el artista sólo salvó dos, las dos versiones de El hombre que camina. Tuvo varios problemas para acabar el proyecto, que finalmente abandonó, aunque estaba claramente satisfecho con las dos esculturas, las cuales fundió en bronce y exhibió en numerosas ocasiones.

Giacometti solía dar mucha importancia al modelado de sus obras, y L’homme qui marche I muestra una vitalidad y una fuerza únicas en su escultura. El rico tratamiento del bronce, la profundidad de sus huecos, crean una superficie dinámica que invita a un juego de luces y sombras tal que forma parte de la obra en sí. Los ojos de la figura miran a un horizonte incierto, indicando la naturaleza transitoria de la realidad. Y mientras tanto, la energía nerviosa de la escultura activa el espacio que hay a su alrededor haciendo de ella algo único. Quizás el gran atractivo de esta escultura es precisamente su carácter actual, mostrando una realidad que vivimos diariamente.

La obra en cuestión ha sido puesta a la venta por el Commerzbank AG, que destinará lo recaudado a las fundaciones que integran este banco alemán, así como a museos en Frankfurt, Dresde y Berlín.

El récord de Giacometti no fue el único que se produjo en la noche del 3 de febrero, ya que le acompañaron otros como el de el precio más alto pagado por un paisaje de Gustav Klimt, Iglesia en Cassone (30.725.246€); y el de la mayor recaudación en una subasta en Londres, 167.575.324€. Cifras que demuestran que la belleza y la maestría nunca podrán ser derrotadas por la crisis financiera












Firma de Giacometti y justificación de la tirada (2/6). 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Magdalena, chapó -como siempre!
F.A.

Rafael Luna Leiva dijo...

Muy bien, Magdalena, cada día más profesional, sin lugar a dudas.