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11 feb. 2010

Las lágrimas de Eros

por Manuel Sánchez

Man Ray, Larmes, fotografía, 1930

Lágrimas de Eros (1961) es la reflexión final de Bataille sobre El Erotismo (1957), en el que daba vueltas a la relación eros-tánatos. Con el estudio final revelaba que en la petite mort del orgasmo experimentamos un avant-goût de la muerte definitiva. De una manera no tan teorizada, esto ya estaba presente en Wagner, Bernini, Miguel Ángel, los místicos españoles y la poesía lírica de la Grecia Arcaica. La aportación de Bataille supone fundamentar la identificación entre eros y tánatos en ambas experiencias cumbre.

Tanto en la muerte como en la consumación erótica regresamos, desde la discontinuidad de la vida individual a la continuidad originaria del Ser. Esta identificación sólo cobra sentido en lo sagrado, en el tabú de una prohibición: el sexo y la muerte. Pero en el erotismo, como dimensión de lo sagrado, la prohibición no existe sin la trasgresión y ahí radica el hecho artístico que nos propone esta exposición.

La prohibición excluye lo natural, los impulsos naturales para instaurar el dominio de lo cultural, una manera de ordenar el mundo. Pero desde este momento la prohibición desencadena el retorno de lo excluido, de lo que debía ser rechazado con horror. Los impulsos bestiales regresan en el sacrificio religioso, donde su violencia es moldeada como un material preciso y peligroso. El sacrificio es para Bataille el escenario último del erotismo. Siguiendo su libro la exposición se centra mucho en el mito, a veces demasiado, pareciendo que son variaciones del mismo tema superpuesto, pero que por la calidad de las obras o por la manera en la que los artistas las han tratado, no arriesgan ni aportan demasiado al tema.

Las temáticas van de la inocencia, la tentación, los suplicios de la pasión y la expiación hasta la muerte. Y como esto va de lágrimas, era imposible empezar sin las de Man Ray, fotógrafo queer antes del queer, llenas de una belleza hiriente.

Cézanne, Tentación de San Antonio, O/L, 1877

El primer objeto de análisis es Venus, cuya forma pura surge de una trasgresión: nacida del semen de Urano, castrado por su hijo Cronos. Como contrapunto bíblico se adentra en el mito de Adán y Eva y concretamente en Eva y la serpiente. La tentación domina igualmente en los capítulos siguientes: esfinges y sirenas. Criaturas ambiguas y tentadoras que tienen la encubierta amenaza de muerte. Con las tentaciones de San Antonio entra en escena el voyeur, con una duda entre la acción y la omisión. Estas pinturas fueron muy célebres en la época medieval y moderna porque permitía al pintor recrearse en cuerpos femeninos sin el miedo a ser censurado.

La misma excusa, pintar desnudos a colación de una escena religiosa, ocurre en el martirio de San Sebastián. Con esta sección también nos adentramos a la consumación erótica como acto de violencia ritual dentro del sacrificio religioso. Además en San Sebastián encontramos la primera mirada interesante de la exposición. Icono gay que ha llegado al siglo XX, se puede apreciar en las grandes pinturas clásicas del santo por Remi, Fabre o Bronzino donde no muestra ningún dolor, apenas sangre con anecdóticas flechas y sí un cuerpo vigoroso. Junto a las pinturas clásicas, fotografías contemporáneas que desacralizan y banalizan en la vida cotidiana el tema, como es el caso de La herida (2004) de Edouard Levé. Aquí un modelo escandalosamente guapo está entre la agonía y el éxtasis mientras Sta. Marta más que curarle parece limpiar su torso. La versión pagana y femenina del tema lo constituye Andrómeda, a punto de ser sacrificada a un monstruo marino.

John Currin, Honeymoon Nude, O/L, 1998

El siguiente capítulo es el beso como acto erótico. Aquí los amantes luchan por superar sus límites individuales para fundirse en un solo ser. Ello entraña una violencia abierta o latente, una pasión caníbal por devorar al otro o por vampirizarlo, como se ve en El beso (Bela Lugosi) (1963) de Andy Warhol o en el más subyugador El vampiro (1893) de Munch. La culminación amorosa en la pareja es un bondage o esclavitud ¿mutua?, y Magritte la representa encapuchando a Los amantes (1928). La versión contemporánea y trasgresora nos la da la fotografía de Golding: Rise y Monty besándose (1988). Extraños en el planteamiento general de la exposición son los vídeos de Bill Viola en los que parejas se enfrentan al agua. Amor a pesar de los elementos, obras que acompañaron a su producción del Tristán e Isolda de Wagner en la Bastilla de París y que, en este contexto, pierden toda su fuerza. Viola está a años luz de Bataille y su presencia en la exposición ha sido un error.

Gustave Courbet, El sueño (detalle), O/L, 1866

Los siguientes capítulos se pudieron ver en la Sala de las Alhajas de la Fundación Caja Madrid. Afortunadamente en este espacio se puede entrar gratis, sin los 8 € que supone la parte del Thyssen ¿es esta realmente una colección alquilada por el Ministerio de Cultura? Quizá estas obras sean más interesantes, más atrevidas. Si en la primera parte se advertían los peligros mortales de Eros, en la segunda es la propia muerte la que se ve erotizada. La muerte en doble aspecto: suavizada y embellecida como hermana del sueño o presentada con rasgos terroríficos. Bajo la escusa del mítico Endimión se muestra un sueño eterno que desarma al cuerpo y lo convierte en un objeto pasivo del deseo, mirado sin cesar por Selene. Hay una interesante variación del tema en el vídeo de Taylor-Wood: David Beckham (2004) en el que el astro duerme ajeno a todo y sustituyendo la mirada de Selene por la nuestra, la sociedad consumista ansiosa de nuevos mitos. Más trágico y gay es el repertorio de pinturas sobre Apolo y su amante Jacinto, muerto accidentalmente por el primero. Otros yacentes más politizados e interesantes los encontramos en las fotografías performativas de Marina Abramović , que construye piedades como símbolo de la pasada guerra de Yugoslavia.

De esta misma artista, pero ya con el tema de la Magdalena penitente, crea: Balkan Erotic Epic: Banging the Skull (2005) entre la mortificación y la indulgencia sensual representa a la mujer balcánica en guerra. Siguiendo las historias bíblicas encontramos a los cazadores de cabezas: Salomé y el Bautista, Judit y Holofernes y David y Goliat. Una sucesión de pinturas con el mismo tema, que rellenan pero aportan poco a la exposición. Entre las Judit se echa de menos la pintada por Artemisia Gentileschi, sólo por el gusto de traer a una pintora del XVII y por la impronta personal (fue violada) que le da a esta temática.

Finalmente Cleopatra y Ofelia ofrecen algunas de las obras más interesantes de la exposición. En estas dos suicidas se confunde la agonía y el orgasmo, la aniquilación y el éxtasis. Cada una de ellas encuentra el final más adecuado a su carácter: Cleopatra la petrificación marmórea por la mordedura de una serpiente y Ofelia la disolución en el agua. A parte del repertorio simbolista directamente inspirado en ambas historias, lo más interesante está en la recreación que hacen muchos artistas. Así, volvemos a encontrarnos con Man Ray en Primacía de la materia sobre el pensamiento (1929) donde recrea la esencia de Ofelia. Aunque falta Ofelia muerta (1854) de Millais y La Jeune Martyre (1855) de Delaroche, se pudieron ver sendas versiones de la pintura de Millais en fotografía: Camino a casa (2000) de Tom Hunter y Sin título (Ofelia) (2001) de Crewdson. E incluso el hermoso “Ofelio” de Soliloquio I (1998) de Sam Taylor-Wood. Aquí se actualiza el personaje y se ubica en una especie de retablo, sacralizando la “imagen delirante” del deseo. La moda y la publicidad como nuevos dioses en la época de las postimágenes.

Estas representaciones continúan un proceso de perversión de las formas iniciado a finales del XIX. Una pena que la exposición no haya seguido más este camino, una visión otra o queer, no normativa y por lo tanto más acorde con Bataille.

Sam Taylor-Wood, Soliloquy I, fotografía, 1998


La exposición Las lágrimas de Eros ha estado programada en el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid del 20 de octubre de 2009 al 31 de enero de 2010.
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4 comentarios:

Anónimo dijo...

fantástico!

Anónimo dijo...

fantástico!

Anónimo dijo...

fantástico!

Música dijo...

hermoso tema el de la dualidad,estos textos me hacen soñar