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6 mar. 2010

Miquel Barceló. 1983-2009. La solitude organisative

La solitude organisative, A/L, 2008
Álvaro Tarik / Ars Operandi

Entrar al edificio de CaixaForum Madrid a bucear en los últimos 25 años de experiencia artística de Miquel Barceló no es, desde luego, un acontecimiento que se nos vaya a presentar con frecuencia. Sobre todo porque, en esta ocasión, la selección de las obras ha contado con la implicación de su autor, quien incluso ha prestado telas de su propia colección, añadiendo valor emocional a la muestra.

En verdad, el conjunto de la obra de Miquel Barceló (Felanitx, Mallorca, 1957) conforma un autorretrato orgánico y complejo que permite asomarnos a su misteriosa personalidad: oscura, muchas veces; solitaria, casi siempre; vital y enérgica, hasta en la representación de los elementos más exánimes; brutal, en la manifestación de la materia como algo inevitablemente expuesto a la putrefacción, al paso del tiempo, en definitiva. Y, a veces, tras los irrefrenables trazos de las pinturas, acuarelas y dibujos de Barceló, tras las formas vivaces de sus piezas cerámicas y escultóricas, también se vislumbran el humor y la ternura.

Pero sería injusto entender La solitude organisative como un túnel que nos conduce al universo de su autor. El arte de Barceló tiene vida propia porque ha sido concebido con pasión y entrega, por lo que cada tela nos abre un mundo turbador en sí mismo, desligado incluso de la mano que lo creó. Y esto es lo que enaltece a los artistas que, amén del talento que albergan, deben su genialidad a la devoción con que trabajan: que se convierten en humildes subordinados de su obra.

Ex-voto à la chèvre, mixta, 1994

El extraño subtítulo de la exposición, La solitude organisative, está tomado del lienzo del pintor mallorquín que así se titula y en el que se muestra a un gorila de aspecto serio sentado en un rincón. La pintura está realizada sobre una de las telas que se utilizaron para cubrir el suelo de la Sala de los Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones del Palacio de las Naciones Unidas cuando Barceló llevaba a cabo las tareas de decoración de la cúpula. El cuadro podría interpretarse como una suerte de autorretrato que refleja también un proceso de “animalización” que, según el artista, ha venido experimentando hasta la fecha. “Un privilegio”, ya que, en sus propias palabras “no se trata de una pérdida de humanismo, sino de un extremo de humanismo”.

Pero es otra figura animal la que llama la atención del espectador nada más acercarse a la plaza que se extiende a la entrada del edificio CaixaForum: un elefante de bronce, de siete metros de altura, que se sostiene boca abajo sobre su trompa erecta. En una ciudad como Madrid, acostumbradamente conservadora en lo estético, el oso que la simboliza parece haber sido desplazado por este Gran Elefant dret juguetón y surrealista, que invita estridentemente a ver la exposición.

Gran Elefant dret

Dentro del edificio CaixaForum, la muestra retrospectiva se distribuye en diferentes espacios, de acuerdo a criterios ya cronológicos, ya conceptuales o incluso disciplinares. 180 ejemplos que revelan el universo genial de su creador, su heterodoxia, sus transformaciones.

Así, recorriendo las salas, encontramos trabajos tempranos, como L’amour fou (1984), aquellos que el artista pintaba a cuatro patas con el lienzo extendido sobre el suelo y en los que se reflejan sus sueños, ambiciones y obsesiones (los libros, por ejemplo). Son pinturas coloridas, protuberantes, ásperas y sinuosas, donde, cómo no, el mar es un elemento ineludible que señala a los orígenes del pintor.

L'amour fou, mixta, 1984

En otro espacio se exponen las ilustraciones, algunas de ellas inéditas, que Barceló realizó a finales de los noventa para La divina comedia. En las acuarelas, refleja el mallorquín con maestría las atmósferas lóbregas que el libro de Dante describe.

El arte procesual también ha ocupado un capítulo de estos 25 años de trabajo, como apreciamos en los cuadros realizados mediante técnicas de adición de elementos naturales (frutas, peces muertos) a las gruesas capas de pintura. Alimentos como elementos, telas arrugadas, relieves, representación de animales sacrificados, como en Ex voto à la chèvre (1994).

Frente al dramatismo que late en su universo, el artista opuso durante una época obras más diáfanas, como aquellas en las que se representan meras piedras en el desierto, pequeños detalles de luces y sombras inspirados por sus vivencias en el desierto del Sahara y en Mali.

Sin título, cerámica, 1996. Fotos: Web resources

Del estudio del autor también han salido para esta muestra bocetos, acuarelas, collages, pinturas sobre papel y otras técnicas y soportes diversos que conforman un catálogo singular de 25 años de evolución creativa, durante los que Barceló (a quien, por cierto, no le agrada el término retrospectiva) se ha ido consolidando como el artista español vivo de mayor rango universal.

Miquel Barceló
1983–2009. La solitude organisative

CaixaForum Madrid, Paseo del Prado, 36

Hasta el 13 de Junio de 2010

7 comentarios:

Chester. dijo...

Cierto es que Barceló inunda con sus obras nuestras capacidades de observación,reflexión y conclusión, por lo variado de su contenido emotivo. Pero creo, que lo mas valorable de sus creaciones, es esa singular facilidad con que nos obliga a "resetear" nuestra memoria artistica, para tratar de encontrar nuevas visiones que a posteriori modelaran nuestro juicio crítico.
Hablando en plata: me parece que este señor nos enseña a ver las cosas con otra perspectiva. O lo que vendría a ser lo mismo, nos ha marcado nuevas pautas de contemplación, y ha abierto una pagina en la historia del arte, de la que antes o despues, todos recibiremos copia.
Atentamente:
Un lector balear.-

l'atelier [aXc] Miguel Segura dijo...

Una solitude de 26 años y 180 obras, sin duda esta es una cita ineludible con Madrid en este año MMX, que sólo espero elegir bien el momento. Son cosas de estas que te alegran el día cuando ves la noticia.

Acertado artículo!

Anónimo dijo...

La verdad es que no quería intervenir, he llegado incluso a pensar que los comentarios estaban preñados de ironía, pero no, parece que van en serio. En serio os digo que no es para tanto, ni Barceló ha abierto página en la historia del arte -a no ser para nombrar el síndrome del artista joven que en los años 80 estaba ansioso por el éxito- ni mucho menos nos ha enseñado a mirar ni a contemplar, que más quisiera.

Y lo cierto es que tampoco es para alegrarse. En Madrid hay en cartel en estos momentos exposiciones mucho más interesantes y que incitan a la "alegría" de visitarlo que la de Barceló. Os lo dice quien, en su visita a Córdoba, peleó por un autógrafo suyo.

Sara Pulido

Administrador dijo...

En nombre de que se puede cuestionar la obra o la trayectoria de un artista, con que criterio, con que intención, con que rasero, y quien puede.
Con articulos como este y otros muchos que publicais todos los dias se hace menos tediosa esta ciudad.
Bueno Alvaro.
Jacinto Lara.

Raquel Morrison dijo...

La exposición tiene mucha morralla de bocetos y borradores que están en posesión del autor.
Hay una sala enorme llena de bocetos que me resultó bastante prescindible.
Esperaba la exposición definitiva de Barceló pero me dejó un poco insatisfecho.

Anónimo dijo...

La calidad de la obra ya es suficiente criterio para valorarla, pero ¿cómo se mide la calidad? Aquí ya entran en juego variables de todo tipo : la opinión de los expertos, los museos y colecciones que se la disputan, su cotización...

¿Quién puede opinar? Cualquiera. Y mi opinión es que la obra de Barceló comienza a amanerarse a mediados de los 90, justo cuando deja de plantearse el espacio de representación del cuadro como una pantalla sobre la que volcar la experiencia de la pintura. A partir de entonces la pintura deja de ser un medio, ya no es el lenguaje con el que se expresa, experimenta y con el que se vincula a la tradición de la disciplina. Se convierte en un fin en sí misma, en un ejercicio redundante y endogámico puesto al servicio de una trasnochada figuración.

Durante los 80 y los primeros 90 la obra de Barceló deslumbraba pero a partir de entonces, en mi opinión, no ha hecho más que perder interés, replegarse en el manierismo y repetirse. Sin embargo su prestigio -en los salones oficiales del reino, que no tanto en los salones de la moda artística- no ha menguado, pero esta es otra cuestión.

Por cierto, maestro, estoy de acuerdo con usted en que Alvaro no lo hace mal. Ya quisieran algunos críticos en ejercicio. Con cariño.
Sara Pulido

© gómez losada dijo...

Buen artículo Álvaro, gracias y felicidades