.

.
.

12 abr. 2010

Cartier-Bresson: el Momento Decisivo en el MoMA

.
desde Nueva York: Fanelo Aguayo

Fotografía: Nannette Racette-Aguayo

¨Henri Cartier-Bresson (1908-2004) es una de las figuras más originales, fértiles, influyentes y amadas en la historia de la fotografía¨. Así comienza la introducción que el MoMA de Nueva York hace a la exposición que ayer, 11 de abril, se inauguró en sus salas, no dejando el menor resquicio de duda sobre el respeto que el museo y el mundo sienten por este artista. Gran representante junto a Robert Capa y David Seymour del moderno periodismo fotográfico -photojournalism-, con ellos fundó la agencia MAGNUM, que permitió por primera vez a los fotógrafos alcanzar una mayor audiencia a través de revistas como Life sin por ello perder el control sobre sus obras.

Nacido en Chanteloup-en-Brie, Seine-et-Marne, Francia, fue pintor antes que fotógrafo. En 1931, y tras haber leído El Corazón de las Tinieblas de Conrad, se marchó a la África Colonial Francesa en busca de aventura, donde sobrevivió cazando y vendiendo las piezas a los locales. De la cacería extrajo técnicas que más tarde aplicaría a su método de trabajo gráfico.

De regreso a Francia, en Marsella, donde se estableció para recuperarse de unas fiebres contraídas en el continente africano, comenzó a simpatizar con el movimiento surrealista. Fue entonces cuando cayó en sus manos una foto del fotoperiodista húngaro Martin Munkacsi. Se trataba de una instantánea de tres chicos africanos desnudos corriendo a orillas del Lago Tanganika. El propio Cartier-Bresson lo explicaba así:

¨Cuando ví la foto que Munkacsi tomó de los chicos negros corriendo no logré creer que tal cosa podía ser capturada por una cámara. Así que me dije a mí mismo: ¡Maldita sea!, cogí mi cámara y me fui a la calle… De repente había comprendido que era posible captar la eternidad en un solo instante¨.

Así nació el concepto de el Momento Decisivo, la eternidad contenida en una de sus mínimas fracciones y recogida por una cámara. Por supuesto, la pintura llevaba haciendo algo similar desde hacía siglos –mostrar el momento que en sí mismo contaba toda una historia- pero partía de la realidad de una forma indirecta. En otras palabras, la pintura recreaba ese momento total, lo dramatizaba, lo escenificaba, mientras que la fotografía simplemente lo captaba justamente cuando ocurría, siendo por lo tanto auténtico y puro. Así explicaba el propio artista el concepto de Momento Decisivo en una entrevista que concedió al Washington Post en 1957: ¨Hay una fracción creativa de segundo cuando estás tomando una foto. Tu ojo debe de ver la composición o una expresión que la vida misma te ofrece, y tú debes de saber por intuición cuando apretar el botón. Ese el el momento en el que el fotógrafo es creativo…¡Uy, el momento! Si lo pierdes se ha ido para siempre¨.

Henri Cartier-Bresson, Greenfield, Indiana. 1960. The Museum of Modern Art, New York. ©Henri Cartier-Bresson / Magnum Photos

Poco después de aquella revelación llegada de la mano de Munkacsi, Cartier-Bresson adquiriría su afamada Leica con lentes de 50mm y se echaría a la carretera. El anonimato que proporcionaba esa pequeña cámara fue esencial para lograr evitar la conducta formal y artificial de las personas que se saben fotografiadas –llegó incluso a pintar de negro las partes niqueladas de la Leica para aumentar así el efecto camuflaje-. Con ella tomó sin descanso fotografías en Berlín, Bruselas, Varsovia, Praga, Budapest y Madrid.

La primera exposición de su obra tuvo lugar en la galería Julien Levy de Nueva York, en 1932, exposición que inmediatamente después pasaría a mostrarse en el Club Ateneo de Madrid. En 1934 conoció al polaco David Seymour, quien a su vez le presentaría a un fotógrafo húngaro llamado Endré Friedmann, que más tarde cambiaría su nombre por el de Robert Capa. Capa se convirtió de inmediato en el mentor del joven francés: ¨No dejes que te etiqueten como surrealista- le dijo en una ocasión-. Sé un fotoperiodista. Si no lo haces caerás en el manerismo. Mantén el surrealismo guardado en tu corazón, querido amigo. ¡No te quedes quieto! ¡Muévete!¨.

En 1935 Cartier-Bresson viajó a los Estados Unidos y recibió el encargo de hacer un reportaje de moda para la revista Harper´s Bazaar, convirtiéndose éstas en sus primeras fotos publicadas. Pero no sería hasta 1937 cuando aparecerían en prensa el primer trabajo puramente fotoperiodístico, con la cobertura de la coronación del rey George VI. Durante el período de 1936 a 1939 también trabajó en cine colaborando con el director francés Jean Renoir e incluso haciendo un film propagandístico junto a Herbert Kline para promover los servicios médicos republicanos durante la Guerra Civil Española.

Cartier-Bresson alcanzó la fama internacional con sus reportajes sobre el funeral de Gandhi (1948) y los momentos finales de la guerra civil en China (1949), donde llegó a cubrir los últimos seis meses del Kuomintang y los primeros seis meses del establecimiento de la República Popular maoísta. Fue también el primer periodista occidental con total libertad de movimientos en la Unión Soviética tras la muerte de Stalin.

En 1952 publicó su gran obra Images à la sauvette -titulada El Momento Decisivo en la edición norteamericana-, con portada de Matisse, y que contiene 126 de sus más legendarias fotos.

Henri Cartier-Bresson, Lunchwagon, Uvalde, Texas, 1960. The Museum of Modern Art, New York. © Henri Cartier-Bresson / Magnum Photo

Durante más de veinticinco años, Henri Cartier-Bresson fue ¨el más agudo observador del teatro global de los asuntos humanos¨. Esta retrospectiva que ofrece el MoMA, titulada Henri Cartier-Bresson: The Modern Century, es la primera en los Estados Unidos en tres décadas y contiene 300 de sus más famosas fotografías organizadas principalmente por temas. Abierta hasta el 28 junio, viajará luego a The Art Institute of Chicago, el San Francisco Museum of Modern Art (SFMoMA), y el High Museum of Art de Atlanta.
.

.

2 comentarios:

Carola dijo...

Buenísimo, Fanelo. Una razón más, si cabe, para no perderme esta exposición.

Abrazos desde Brooklyn.

Kitty dijo...

A must!