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24 ago. 2010

Comprender un jardín

por Rosa Colmenarejo


Parque Cruz Conde. Foto Justojosemm. (Cordobapedia)

El parque Cruz Conde no nació como jardín sino que ha llegado a serlo. Que con el tiempo se haya convertido en un lugar para soñar es lo que nos permite comprender que hablamos de un jardín en el sentido más filosófico del término. Es difícil concebir un jardín, comprender el genio del lugar del espacio que ocupa y trasponerlo a los usos y deseos de las personas que lo habitarán. De algún modo siempre es una condición a la que se llega, como por arte de magia, cuando las personas llegan a amar un lugar y se sienten en él como singulares, como individualidades únicas, como príncipes y princesas que pasean, respiran, descubren y desean. No crean que es gran cosa, así se sienten nuestras criaturas cuando observan el mundo desde lo más alto de un tobogán o de un árbol. Así de grandes nos hacen sentir los verdaderos jardines, por eso nos resistimos a que nos los arrebaten.

El filósofo italiano Massimo Venturi Ferriolo ha señalado la relación entre el término griego kepos, jardín, y el sexo femenino, unido a la metáfora de la tierra. El jardín es así entendido como útero de la naturaleza, un hueco, como primera morada del hombre en cuanto especie. El regazo es todo, decía el Rilke de las Elegías del Duino. El jardín se convierte de esta manera en lugar en el que llegamos a ser. Heidegger se ocupó también de revelar la relación lingüística entre “ser” y “habitar”, palabras que en alemán tienen una raíz común: Ser hombre significa estar en la tierra como mortal, significa habitar… el hombre es en la medida que habita. (el subrayado es del autor)

El parque Cruz Conde ha nacido como jardín según han crecido sus árboles, según se han desdibujado sus caminos, según han sobrevivido sus arbustos. Su pulsión natural ha permitido que varias generaciones hayan crecido a su sombra, hayan descubierto el amor por sus rincones, también la autonomía, la capacidad de decisión, la voluntad de elegir un camino o un atajo, una vía ancha o una trocha empinada. Es una caja de sorpresas que contiene lo que los ramplones “espacios verdes” no pueden siquiera atisbar: la flor inesperada, la sombra tenue o densa, las estaciones, los ciclos, los charcos, los hormigueros, los pájaros… todo cambia constantemente para que así la vida permanezca. Un jardín nos muestra la vida real, la vida que mancha y emociona.

Un espacio verde pavimentado y resuelto con grueso tiralíneas que fragmenta y resuelve por usos, acota experiencias, compacta y asfixia lo que de “natural” aún podríamos encontrar en el corazón de una ciudad no es un jardín. La realidad de un jardín, su razón de ser, procede de una idea. Una idea que es fruto del deseo de concebir lo natural como objeto estético: la presencia de lo ideal en lo real. Un jardín aspira a ser arte, y no mímesis, en el que la vida pueda gozar de sí misma en el momento de su vivirse. Comprender desde esta perspectiva un jardín nos permite comprender por qué nos aferramos a la idea de la tierra, a la idea de los árboles, al susurro de las fuentes, a las sombras que nos cobijan, a los rayos de sol, a las nubes o las piedras que nos hacen soñar, a la soledad o al silencio.

Cuando se resuelve que es necesaria una reforma ha de comprenderse también la necesidad de ser extremadamente sensible a estas voces que reclaman todo aquello que define el parque en tanto que jardín. No son voces de la “masa” pues como explica María Zambrano en “Persona y democracia” el hombre-masa orteguiano es aquel que vive de los resultados de los productos, cuyo proceso de creación le es desconocido y lo que es más grave, indiferente. No parece ser el caso de una ciudadanía exigente que mantiene una tensión vital constante con su entorno con el único fin de mantener su condición de personas sociales. Si vivimos una crisis del paisaje y del jardín esta es en tanto que paisajes y jardines no permiten a las personas encontrar en su derredor naturaleza en la que reconocerse. Podríamos aplicar esto a la también necesaria “reforma” de los jardines del Alcázar, pero esa es otra historia que merece una reflexión específica.

Sencillamente, deseamos el parque sin grandes transformaciones que lo banalicen, que le arrebaten el alma. Es un jardín, un regazo: convertido en belleza, lo útil deviene manifestación de lo infinito.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que poco a poco están eliminado estos lugares que recurrimos como espacio de disfrute. El adoquin reina en nuestros parques domesticados y esta vez parece que le va a tocar a mi querido parque. La presencia del parque domina mis recuerdos infantiles, era el espacio del juego, la imaginación y también de lo prohibido, no nos podríamos adentrar en él sin la compañía de un adulto, pués el parque conoció la exuberancia y era un lugar rodeado de matorrales y flores. Un espacio que queda solo en mi memoria. Muchas gracias por escribir de este lugar.

Carmen Mayorgas

Anónimo dijo...

Como aficionado a correr he visitado el parque en los últimos 18 años,a distintas horas del día, dándome grandes satisfacciones, más que los cuidados que le damos a cambio.A lo largo de estos años he visto como desguazaban (arráncando la carpintería metálica) las obras paralizadas durante un tiempo del teatro de la Axerquía...colocaban una escultura pública de dudoso gusto y desde mi punto de vista no muy acertada,podría haber estado bién en su lugar rehabilitar la alberca,...nacer "la ciudad de los niños"...colocar en los árboles notas las personas que verdaderamente visitan el parque, pidiendo servícios públicos.
En estos años el parque, como lugar de retiro no ha mejorado y ahora por lo visto se aproxima una reforma, la verdad me dá cierto pánico.
En una ciudad como Córdoba, no entiendo que ocurre con los parques, mis "envidias" al salir fuera, son además de los museos, los parques y espacios públicos.
De momento, ya de vuelta de vacaciones, leo con placer el regalo de mi amigo Antonio "De qué hablo cuando hablo de correr" de Murakami.

Francisco Salido

De la reunión con Ocaña dijo...

El Parque peligra. Ver:

http://www.callejadelasflores.org/?p=13877

SALVEMOS EL PARQUE dijo...

CONVOCAMOS a la jornada reivindicativa de 24 horas que tendrá lugar el día 28 de agosto a las 10 de la mañana. Hoy jueves, hemos quedado en el Parque a las 20 horas, frente a la Ciudad de los Niños, para hablar de las futuras movilizaciones.

Gerardo dijo...

Felicidades Rosa, excelente artículo.

Anónimo dijo...

Ahora que tan obsecionados estamos con la capitalidad europea.
Podrían mirar como son los parques de algunas ciudades europeas.
Por favor "taquete rústico"... que "barbaridad cultural".

Anónimo dijo...

Acabo de cometer otra barbaridad Obsesión es con "s"

CC dijo...

Sí, "obseccionado" es aquel que tiene una fijación enfermiza en dividir todo en distintas partes.

Anónimo dijo...

Claro, como los "taquetes". Por cierto existe Obseccionado en nuestro diccionario.