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8 oct. 2010

Superflat. Por una nueva superficialidad

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Óscar Fernández / Ars Operandi 

El concepto superplano, que defiende Takashi Murakami desde su exposición Superflat celebrada en el Museum of California (MoCA) en 2001, remite primordialmente a la configuración visual de ciertos mangas, como Astroboy, en los que la tercera dimensión es ignorada y se trabaja sobre un universo plástico sin profundidad habitado sólo por formas y colores planos. Sin embargo, esta pretensión de superficialidad se propone, más que una mera apropiación intelectualizada de las estéticas subculturales japonesas, como un síntoma cultural. Entendida, dice Michael Darling, como “un desafío directo a los límites y jerarquías entre los géneros culturales”, la estética superplana abre dos frentes de batalla. Por un lado, trata de poner en crisis las categorías de los fenómenos culturales impugnando el proselitismo de la consideración de lo artístico en la época imperial japonesa y retomando el estadio previo a la definición del estatuto de lo artístico, el que corresponde con la vertiente artesanal y de entretenimiento de la producción cultural. Todo ello se produce desde la potenciación de la “cultura Poku”, una fusión entre la tradición Pop occidental y el Otaku –así se denomina al potente, aunque marginal, contexto cultural de los coleccionistas y fanáticos del anime. En segundo lugar, aspira a trascender la anécdota subcultural para llamar la atención sobre las nuevas problemáticas sociales emergidas en la sociedad de consumo, constituyéndose en una cierta crítica contra una situación que el propio artista encontraba insostenible en 2001: “Se producirá un cambio. Los japoneses finalmente harán una revolución. Pero no será una guerra contra naciones extranjeras sino una guerra civil como la restauración Meiji”. 

La estética superplana y la subcultura Otaku, a la que está íntimamente ligada, comprenden, por tanto, horizontes de lectura más complejos que la mera apropiación frívola de la ausencia de profundidad. De hecho se las puede considerar como los mayores referentes de la compleja identidad japonesa posmoderna, atravesada por numerosas interferencias pop americanas y remanentes de la tradición imperial. Hiroki Azuma llega a afirmar, en este sentido, que “es la cultura Otaku la que con más claridad refleja esta condición mestiza, híbrida, bastarda” de la cultura nipona actual y defiende que es, precisamente, sobre las diversas manifestaciones de lo superplano: manga, pintura, diseño, etc., donde más claramente se pueden cartografiar los signos de la nacionalidad japonesa del siglo XXI. Azuma ofrece así un enfoque crítico sobre el concepto de lo superplano que lo aleja de la versión frívolamente travestida impuesta desde el modelo de cultura-hipermercado. Su enfoque se sustenta sobre el mantenimiento de ciertos identificadores anudados a lo local y la defensa de la supuesta espontaneidad que aporta la cultura popular al desarrollo del hecho artístico.


La exposición Superflat puede contemplarse en la Sala Vimcorsa hasta el 31 de octubre
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1 comentario:

emeerreese dijo...

En mi felicitación por vuestras 200000 visitas apuntaba la carencia de espacios para la crítica de arte en nuestra ciudad, una vez desaparecidos ya de las páginas del día de córdoba y de los cuadernos del sur. Se agradece, pues, esta intervención tan acertada de Oscar Fernández que nos desvela qué se puede ocultar tras el velo de banalidad de Takashi Murakami.