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28 de abr. de 2011

Sucio y limpio reencuentra la obra de José Mª Baez con Córdoba

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Izq: In the summertime, mixta sobre papel, 2,5 x 1,4 m. Dcha: Bricktop y Pearl bailan cha cha cha, mixta sobre papel, 2,5 x 1,4 m (1983)

Redacción / Ars Operandi

La Sala Puertanueva de nuestra capital acoge hoy la inauguración de la exposición Sucio y limpio, una muestra individual de José Mª Baez, la primera en una sala pública de Córdoba en las dos últimas décadas realizada a modo de retrospectiva, por un lado, y de presentación de su obra sobre papel más reciente, por otro.

Comisariada por Óscar Fernández, la exposición Sucio y limpio constituye una muestra singular de este artista nacido en Jerez de la Frontera y afincado en Córdoba desde hace décadas. Con esta muestra individual, José Mª Baez ofrece una suerte de revisión de su trabajo pero sin incurrir en la nostalgia. Al contrario, lo que propone es contrastar esa obra histórica con su producción actual en busca de posibles lecturas que expliquen su trayectoria artística desde un enfoque abierto que transmite una impresión de trabajo en progreso y constante desarrollo.

Sus contenidos se articulan en dos bloques que corresponden a cada una de las plantas de la sala:

1.- La planta baja está ocupada con una selección de veintitrés papeles de gran formato (2,5 x 1,4 m. c/u aprox.) que el artista pintó entre 1982 y 1984. Estas obras, que aparecieron representadas en las exposiciones históricas de la figuración española de los años ochentacomo, por ejemplo, En el centro y Cota Cero. ± a nivel del mar, un proyecto comisariado por Kevin Power en 1985nos muestran a un Baez joven, colorista y fascinado por el imaginario popular que construyen el cine de Hollywood, la política o la música ligera italiana. Estas obras, claramente inclinadas hacia lo narrativo, nos muestran instantes de la actualidad del momento en que fueron pintadas y alternan, sin prejuicios, iconos de la prensa y la cultura de masas con figuras y lugares que pertenecen a la biografía personal del autor.



 Diarios, óleo sobre papel, 29,5 x 21 cm, (2009-2011)

 2.- La planta alta está ocupada por una gran composición de pinturas de pequeño formato que proceden de la serie en la que el pintor trabaja actualmente. Se trata del proyecto Diarios, una extensa producción de pequeñas pinturas y collages sobre papel que funcionan como variaciones abstractas sobre el problema del color y de la superficie pictórica. A diferencia de los grandes papeles de los ochenta, estas obras huyen de la actualidad, de la inmediatez y del guiño figurativo para ensimismarse en su complejidad abstracta. Esta serie, que fue presentada por primera vez en la Galería Rafael Ortíz en 2009, se instala en sala como una sinuosa composición que, a modo de oleadas, inunda cada rincón de la planta alta de la sala Puertanueva. La muestra se completa con cuatro vitrinas donde el artista dispondrá diversos materiales, procedente de su extenso archivo, que apoyarán la lectura de las obras presentadas.

Nacido en Jerez de la Frontera en 1949, José Mª Baez inició su carrera artística en la literatura, fundando en 1968, junto a Rafael Álvarez Merlo y otros, la revista de poesía Zaitún (Córdoba, 1968-1969). En 1973 publica en Málaga Trepanación / Pernil miserable / Carrozas reales, conjuntamente con Fernando Merlo. Duurante la década de los setenta madura su paso a las artes plásticas y en 1980 accede a la Beca Nuevas Formas Expresivas del Ministerio de Cultura, comenzando en esta década un trabajo continuado tanto en el campo de la creación pictórica como en las intervenciones de arte público y comisariado de exposiciones. De las muestras comisariadas por Baez señalaremos las exposiciones Equipo 57. Esculturas (Córdoba, Huelva, Cádiz y Jerez, 2002); Ladis y Ricardo; Fotoperiodismo en Córdoba 1950-1970 (Córdoba y Cádiz, 2002); En torno al Barroco. Fondos del Museo de Bellas Artes de Córdoba (junto a Fuensanta García de la Torre, Córdoba y Sevilla, 2005); Tauromaquia cordobesa. Desde el Romanticismo a la Transición (Córdoba, Ciudad Real, Bilbao, Badajoz, Alfaro, Murcia, Roquetas y Huelva, 2005); Intimidad. Manolete a través de la cámara de Ricardo (Córdoba, Jaén y Zaragoza, 2007); La enfermedad, la muerte. Reflejos y visiones en el arte cordobés (Córdoba, 2009) y Pablo García Baena. Rumor oculto (Córdoba, 2009). 

José Mª Baez en NYC, años 70. Archivo del artista

En cuanto a las exposiciones individuales, Baez ha realizado una serie continuada de muestras desde 1970 en galerías como Num (Córdoba), Céspedes (Córdoba), Melchor (Sevilla), Rafael Ortiz (Sevilla), Oliva Mara (Madrid), Paral.lel 39 (Valencia), Elba Benítez (Madrid); Manuel Ojeda (Las Palmas de Gran Canaria); Siboney (Santander); Maite Béjar (Córdoba); Fernando Serrano (Moguer); Carmen de la Calle (Jerez) y Carlos Bermúdez (Córdoba), así como en el Museo de Bellas Artes de Córdoba y el Museo de Navarra de Pamplona, siendo muy numerosas las muestras colectivas en las que ha participado. Su obra se encuentra en diversos museos, colecciones públicas y privadas. En el campo de la gestión cultural ha sido director de la Sala Vimcorsa de nuestra capital durante la última década.

José Mª Baez
Sucio y limpio
Inauguración jueves 28 de abril, 21:00 h
Sala Puertanueva
Ronda de Andújar, s/n (Facultad de Derecho), Córdoba
Horario: lunes a viernes de 18 a 21 horas
sábados, domingos y festivos, de 10 a 14 horas
Comisario: Óscar Fernández

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27 de abr. de 2011

Monólogo interior, retrospectiva de Miguel Rasero


S/T, 2008 de Miguel Rasero

El Espai VolArt de Barcelona presenta durante estos días Monólogo interior, una exposición retrospectiva del artista cordobés afincado en Barcelona, Miguel Rasero. La muestra, comisariada  por Gloria Bosch, directora de arte de la Fundació Vila Casas, reúne cincuenta obras entre esculturas, pintura y dibujos. Monólogo interior se articula a través de dos vertientes medulares, la serie negra con obras realizadas hasta 2004 con motivo de la exposición en la Sala Valechi de Florencia y la serie blanca que agrupa obras hasta 2009, fecha de la individual que Rasero realizara en la sala Puertanueva de nuestra ciudad. Dos series aparentemente antitéticas en las que Gloria Bosch advierte una  cierta continuidad, una evolución natural que las lleva a convertirse en las dos caras de una misma moneda.

Aunque la exposición se centra en la revisión de trabajos realizados en los últimos años, una pieza de 1975 se sitúa como arranque del recorrido. Se trata de un dibujo a lápiz sobre papel, sin título, inspirado en Joan Ponç y fechado en 1975, año en que Rasero realiza su primera individual en Estudi Trece de Barcelona. La serie negra ocupa la planta baja de la sala. Es el tiempo de obras como El sueño del arquitecto, El grito y Homenaje a Genet, un periodo de fondos oscuros plagados de funambulistas, redes suspendidas y equilibrios imposibles. A medio camino entre ambas series se sitúa Crucifixión una obra de 2004 que da paso a la serie blanca, ubicada en la planta subterránea de VolArt donde se pueden contemplar obras bidimensionales de Rasero y sus construcciones arquitectónicas realizadas en  madera en muchos casos a partir de materiales de deshecho. Son obras que según la comisaria Glòria Bosch "llevan a un universo de atmósfera frágil y solitaria, a una metáfora de la existencia".

Nacido en 1955 en Doña Mencia (Córdoba), Miguel Rasero ha realizado exposiciones individuales   en salas de Paris, Nueva York, Basilea o Florencia además de hacerlo regularmente en  las galerías  Trama y Trece de Barcelona. A nivel internacional destacan las muestras realizadas en la Galería Etienne de Causans de París, en la Philippe Guimiot Art Gallery de Nueva York y de Bruselas o en el Museo Pedro de Osma de la capital de Perú. Su obra  puede encontrarse en las colecciones del Museo de Arte Moderno de Barcelona, La Caixa,  Travelstead de Nueva York o en la Banca Rotschild de Zúrich (Suiza).

Monólogo interior. 
Miguel Rasero. 
Espai VolArt. Barcelona 
Hasta el 25 de Junio

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24 de abr. de 2011

Éxitos y fracasos de la pintura en los años ochenta

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Éxitos y fracasos de la pintura en los años ochenta es el título del seminario que el Museo Picasso Málaga, con la colaboración de la UMA, organiza con motivo de la exposición Kippenberger miró a Picasso, que se muestra en el museo hasta el 29 de mayo. El seminario reúne a un grupo de protagonistas de aquella década para conocer qué sucedió a partir de sus testimonios. De este modo, los asistentes tendrán la oportunidad de participar en una reflexión que para los organizadores pretende ser un ejercicio de memoria colectiva con críticos de arte, galeristas y artistas de nuestro contexto cultural, entre los que se cuenta el historiador y crítico de arte cordobés Ángel Luis Pérez Villén.

El seminario tendrá su inicio el 27 de abril, jornada en la que bajo el tema Una mirada desde la teoría, intervendrán los críticos de arte Manel Clot, Fernando Huici, Ángel Luis Pérez Villén y Kevin Power. La siguiente semana, El papel de los mediadores congregará a galeristas y agentes culturales, contándose con las intervenciones de Juana de Aizpuru, Pepe Cobo, Norberto Dotor y Tecla Lumbreras. El ciclo se cerrará el día 11 de mayo tratándose El estado de la cuestión desde Andalucía, debate en el que intervendrán los artistas Chema Cobo, Curro González, Guillermo Paneque e Ignacio Tovar. El coordinador del seminario es el gestor cultural Pedro Pizarro. Los actos comenzarán a las 20:00 horas.

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18 de abr. de 2011

Jornada de celebración y reflexión sobre el Museo de Madinat al-Zahra

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El próximo día 29 de abril, en el Conjunto Arqueológico Madinat al-Zahra se llevará a cabo la Jornada de celebración y reflexión sobre el Museo de Madinat al-Zahra que, con motivo de la concesión del Premio Aga Khan de Arquitectura 2010, organizan la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y la Fundación Aga Khan.

El objetivo de esta jornada es dar a conocer los criterios que han llevado a esta Fundación a otorgar dicho premio y los valores arquitectónicos y museológicos que concurren en este edificio y han sido reconocidos por un prestigioso jurado internacional. La Jornada se desarrollará en el auditorio del Museo de Madinat al-Zahra y contará con Luis Monreal, director general del Aga Khan Trust for Culture, y con algunos de los más prestigiosos profesionales de la arquitectura de nuestro país.

Los intervinientes serán Antonio Vallejo, director del Conjunto Arqueológico Madinat al-Zahra, Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano, arquitectos, Luis Fernández-Galiano, Eduard Bru, Ángela García de Paredes, Ignacio García Pedrosa, Luis Moreno Mansilla y Víctor Pérez Escolano, arquitectos, quienes participarán en una mesa redonda, y una última intervención a modo de balance y conclusiones a cargo de Luis Monreal, Lluís Hortet, director de la Fundación Mies van der Rohe y Martha Thorne, directora ejecutiva del Premio Pritzker de Arquitectura.

Para la asistencia a la Jornada de celebración y reflexión sobre el Museo de Madinat al-Zahra es necesario efectuar una inscripción previa, cuyos requisitos y demás datos sobre el desarrollo del programa pueden consultarse aquí.

Jornada de celebración y reflexión sobre el Museo de Madinat al-Zahra
Conjunto Arqueológico Madinat al-Zahra
Viernes 29 de abril, desde las 10:30 horas

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17 de abr. de 2011

La restauración de la "Virgen de los plateros", obra del mes en el Bellas Artes

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La obra de Valdés Leal en una fotografía previa a su restauración

Hoy domingo, 17 de abril, en el Museo de Bellas Artes de Córdoba se llevará a cabo la cuarta edición del año de La obra del mes, actividad en la que se dan cita puntualmente numerosos aficionados a las Bellas Artes, y en la que se tratan importantes aspectos de las más relevantes obras que la institución cordobesa custodia. En esta ocasión, la presentación estará a cargo de Alfonso Blanco López de Lerma, restaurador del Museo de Bellas Artes de Sevilla, anteriormente en el Museo de nuestra capital.

Bajo el título Inmaculada con San Antonio y San Eloy, de Juan de Valdés Leal. Un ejemplo de restauración, los asistentes podrán conocer de primera mano el proceso de restauración de una de las obras emblemáticas del Museo por sus valores tanto artísticos como etnográficos. El lienzo de Valdés Leal (Sevilla, 1622-1690) procede de un altar callejero propiedad del gremio de los plateros sito en la calle Pescadería, de donde fue retirado en 1841 tras el furor iconoclasta surgido a mediados del siglo XIX. Realizado en Córdoba hacia 1645, adonde el pintor se había trasladado para trabajar en el taller de Antonio del Castillo y donde contrajo matrimonio con la hija de un platero, el lienzo es considerado una de las obras maestras de Valdés Leal. La composición emula la Inmaculada con Fray Juan de Quirós de Murillo, la cual se conserva en el Palacio Arzobispal de Sevilla, obra en la que se representa a la Virgen sobre peana de platería y a San Eloy, patrono del gremio, junto a San Antonio de Padua.

Alfonso Blanco López de Lerma ha publicado diversos artículos sobre los trabajos de restauración llevados a cabo por su equipo en el Museo de Bellas Artes de Córdoba, de entre los que señalamos, a más de la obra que hoy nos ocupa, el de San Nicolás de Bari, óleo sobre tabla de hacia 1470 procedente del Convento de Capuchinos o los dos medios puntos de Juan de Peñalosa Santo Tomás de Aquino ante el Crucificado y Muerte de San Pedro Mártir.

La obra del mes
Inmaculada con San Antonio y San Eloy, de Juan de Valdés Leal. Un ejemplo de restauración
Presenta Alfonso Blanco López de Lerma
Museo de Bellas Artes de Córdoba
Plaza del Potro, 1
Domingo 17 abril, 13 h

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13 de abr. de 2011

“Aula de Paisaje” de la Escuela de Arte Antonio Povedano en Studio 52

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 Participante del Taller de Paisaje en acción. Foto

La Asociación Escuela Artística Antonio Povedano Bermúdez inaugura mañana 14 de abril a las 20 horas, en la galería Studio 52 – Juan Bernier la exposición titulada Aula de Paisaje. La muestra consta de 16 obras pintadas por los alumnos y alumnas de las clases impartidas por el artista cordobés Manuel Garcés Blancart, el Taller de Paisaje Contemporáneo. La exposición está dedicada a la ex presidenta de la asociación María Villegas, fallecida recientemente.

Las obras expuestas han sido trabajadas al aire libre en diferentes sitios de Córdoba, como el Parque Miraflores, el Jardín Botánico, la plaza del Museo Arqueológico y el Jardín de Orive, desde octubre del año pasado. Muchos de los alumnos del taller de paisaje, expositores en la muestra, estudiaron con Antonio Povedano en la Escuela de Artes y Oficios o en los cursos de paisaje que el fallecido artista puso en marcha en Priego y Alcaudete hace 20 años.

La presidenta de la escuela, María Jesús Vázquez Moyano, hace hincapié en que la asociación quiere mantener vivo el legado de Antonio Povedano a través de los talleres, conferencias etc. que organiza. “La escuela pretende ser un eje aglutinador y agitador cultural de Córdoba, a través de la enseñanza a todos los niveles y fomentando desde su naturaleza abierta y participativa una base potencial para el arte en nuestra ciudad”, añade. Para eso, cuenta con artistas de una reconocida trayectoria entre sus colaboradores, como son Manolo Garcés, Sofía Ostos, Ismael Mancilla, Fernando Martínez Romero, Juanma Pérez, Antonio Castilla, Camilo Huéscar, Pepe Sánchez, María Ortega Estepa y, en su momento, el propio Antonio Povedano.

Según la presidenta de la escuela, entre las novedades más recientes en la programación de actividades está la segunda edición del curso de collage que María Ortega Estepa impartirá los próximos días 15, 16 y 17 de abril. “También se ofertará en los próximos meses talleres de vídeo, fotografía y paisaje nocturno”, adelantó Vázquez Moyano.

Aula de Paisaje
Inauguración 14 de abril, 20 h
Galería Studio 52 – Juan Bernier
Ronda de los Tejares, 15
Hasta el 29 de abril

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Recuerdos al sol: Gómez Losada en Ibiza

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Por segundo año consecutivo, Miguel Gómez Losada presenta en la ibicenca Galería ABA Art una muestra de su más reciente producción pictórica, titulada Te recuerdo al sol. La exposición está compuesta por una amplia serie de bocetos y dibujos de estudio para el mural Tierra Nueva, que el pintor está realizando en estos momentos, y que está destinado a la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba, en proceso de reforma dirigido por el arquitecto Arturo Ramírez.

Tierra Nueva es una obra realizada en óleo sobre cristal, dispuesto en doble superficie, con una longitud total de 40 metros, donde Gómez Losada despliega su personal repertorio iconográfico, basado en temas vegetales, formas de las que se sirve para construir la superficie pictórica a base de grandes juegos de manchas de color, técnicamente resueltos del mismo modo en que el pintor se ha expresado durante su trayectoria artística, independientemente de su utilización de un lenguaje abstracto o figurativo, campo en el que se sitúa la obra del pintor de una forma cada vez más estable desde los últimos años.

Del proyecto, cuyos inicios se remontan al año 2008, Gómez Losada ha escrito: "Tierra Nueva propone mediante la pintura un porvenir mejorado. El título retoma la poética del descubrimiento, de la esperanza y de la emoción ante aquellas nuevas geografías al norte de América, nombradas Terra Nova, Newfoundland, o Terre Neuve. La naturaleza salvaje como metáfora de -la posibilidad-."

La anterior exposición de Gómez Losada en ABA Art, la titulada Visiones de un nuevo mundo/Primeras flores y otras hierbas/El frío, las estrellas, se llevó a cabo en el mes de febrero de 2010, y fue la consolidación del nuevo lenguaje naturalista que el pintor inició con la muestra La tierra prometida, una fantasía vegetal, llevada a cabo en la sevillana Fundación de Cultura Andaluza en el año 2009.

Miguel Gómez Losada
Te recuerdo al sol
Inauguración 14 de abril
Galería ABA Art
Plaça Porta de Santa Catalina 21, 07012 Palma de Mallorca 

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12 de abr. de 2011

Juan Serrano expone su primera individual en Córdoba




Juan Serrano
Fotografía de Jaime Martínez

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Redacción / Ars Operandi

El próximo jueves 14 de abril, en la Sala Vimcorsa, tendrá lugar la inauguración de la exposición Pintura, escultura, diseño, de Juan Serrano, primera que realiza indivudualmente en Córdoba el que fuera miembro fundador de Equipo 57. Conformada a modo de revisión de la obra del artista, la exposición, que ya pudo contemplarse en el mes de abril del pasado año en el Casino de la Exposición de Sevilla, mostrará la producción realizada entre los años 1985 hasta 2005 en su mayor parte, aunque también se mostrarán bocetos más recientes que no han sido llevados a su material definitivo. Pintura realizada en técnicas diversas, así como esculturas en distintos formatos, junto con una selección de diseños de mobiliario articulan la exposición, que se completa con una amplia variedad de bocetos, maquetas y esquemas que muestran el proceso creativo de uno de los artistas referentes de la vanguardia artística cordobesa.

La exposición, que se inaugurará oficialmente en la Sala Vimcorsa a las 19:30 horas, será exhibida asimismo en la Sala Orive de nuestra capital, espacio en el que la inauguración contará con un segundo acto protagonizado por el Coro Ibn Rushd de la Universidad de Córdoba, dirigido por Albano García.

Juan Serrano Muñoz (Córdoba, 1929), arquitecto, es miembro fundador de Equipo 57, colectivo de artistas formado en París en mayo de 1957 al que pertenecen los cordobeses Juan Cuenca, José Duarte y Juan Serrano junto a Ángel Duarte y Agustín Ibarrola, una nómina que se amplía en diferentes momentos de la existencia del grupo con los nombres de Jorge Oteiza, Thorkild Hansen, Néstor Basterrechea, Francisco Aguilera Amate y Luis Aguilera Bernier. Equipo 57, uno de los grandes grupos de la vanguardia artística española del siglo XX, ha visto reunida su obra en diversas exposiciones retrospectivas, como la dedicada a ellos en el Palacio de Congresos de Córdoba en 1994 o la que conmemoró el 50 aniversario de la fundación del grupo en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y posteriormente en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo durante el año 2008.

Texto crítico de Ángel Luis Pérez Villén, Incitación al juego, apuesta compartida  aquí

Juan Serrano
Pintura, escultura, diseño
Sala Vimcorsa
C/ Ángel de Saavedra 9, Córdoba
Sala Orive
Jardín de Orive, s/n
Inauguración 14 de abril, 19:30 horas, Sala Vimcorsa
Actuación Coro Ibn Rushd de la Universidad de Córdoba, 21:00 horas, Sala Orive
Otras actividades:
Día 28 abril, 18:00 h. Visita guiada por Juan Serrano
Día 12 de mayo, 18:00 h. Conferencia de Ángel Llorente y mesa redonda

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11 de abr. de 2011

Conferencia en el Arqueológico. Convenio GMU-UCO

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Interior del Museo, yacimiento Teatro Romano. Foto © Junta de Andalucía. Consejería de Cultura

El próximo miércoles 13 de abril, a las 19:00, el Museo Arqueológico de Córdoba acogerá la conferencia titulada El Convenio Gerencia Municipal de Urbanismo – Universidad de Córdoba, a cargo del Dr. Juan Francisco Murillo Redondo, Jefe de la Oficina de Arqueología de la G.M.U.

Murillo Redondo, arqueólogo, académico correspondiente por Palma del Río desde 1996, ha coordinado o dirigido diferentes excavaciones arqueológicas como el paso subterráneo de Ibn Zaydum (julio 2002-octubre 2003), ampliación del Rectorado de la Universidad de Córdoba (octubre 2002-octubre 2003, Finca Fontanar (noviembre 2002-septiembre 2003), Patio de Mujeres del Alcázar (enero 2003-diciembre de 2004), Puerta del Puente (octubre 2003-junio 2004), entre otras. Asimismo es vocal de la revista Anales de Arqueología Cordobesa, profesor del curso “Arqueología urbana y de gestión”, impartido en el Master y Doctorado Interuniversitario en Arqueología y Patrimonio en el curso académico 2005- 2006. Es profesor del curso “Gestión y Musealización”, impartido en el Master y Doctorado Interuniversitario en Arqueología y Patrimonio en el curso académico 2005-2006.

Conferencia del Dr. Juan Francisco Murillo Redondo
Miércoles 13 de abril, 19:00 h
Biblioteca del Museo Arqueológico de Córdoba
Plaza de Jerónimo Páez

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9 de abr. de 2011

José Luis Muñoz en la galería José Pedraza de Montilla



HAL 9000. LOST IN THE MACHINE series.A2011N04. Punta de plata sobre circuito electrónico de Jose Luis Muñoz

Redacción / Ars Operandi


La galería José Pedraza de Montilla acoge desde ayer Multiverso, una exposición que reúne los últimos trabajos del artista cordobés José Luis Muñoz. Bajo el subtítulo de Solo Dibujo, la muestra presenta una serie de obras en las que adquieren gran protagonismo los soportes utilizados ya sean  tarjetas de circuitos impresos o páginas de libros. En Lost in the Machine, Muñoz utiliza placas de circuitos electrónicos, a los que ha realizado previamente  una base de imprimación, para dibujar sobre ellos mediante el procedimiento de la punta de plata. Se trata de obras de pequeño formato, alrededor de 15 x 15 cm., en las que el relieve de los componentes electrónicos sirve de base  para la realización de primeros planos de ojos y rostros humanos. En Crónicas del Retrofuturo, el caracter objetual viene dado por la utilización de libros como soporte en los que, sobre páginas teñidas, resuelve una serie de dibujos realizados mediante  lápiz sanguina.

José Luis Muñoz (Córdoba, 1969) es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla y desde principio de los noventa desarolla una obra, fundamentalmente pintura y grabado, influenciada según su autor por "el simbolismo y la pintura del renacimiento, pero, tanto estética como conceptualmente, me divierte fusionarlas con el cómic y el cine que tanto me hacen disfrutar. En las composiciones busco una actualización de símbolos universales de la mitología o literatura clásicas, desde mi visión contemporánea". Muñoz expone habitualmente con galerías como la José Pedraza de Montilla,  Haurie de Sevilla o Arte 21 de Córdoba. 

Inaugurada en 1994 la galería de Montilla se ha convertido en la decana de las galerías de arte contemporáneo en la provincia de Córdoba. Por sus paredes han pasado en estos diecisiete años buena parte de la nómina de creadores cordobeses tanto en exposiciones individuales como en celebradas muestras colectivas. Durante este tiempo, su director José Pedraza, ha ido conformando una escudería de artistas que atraviesa todas las épocas del arte cordobés más reciente. Desde el histórico Alfonso Ariza, pasando por artistas más veteranos como Antonio Bujalance o Rita Rutkoswki, la generación de los ochenta con los Parody, Salido, Hidalgo, Yanase o Celorio hasta llegar a creadores más recientes como Garcés, Gómez Losada, Ángel Corral o el propio Jose Luis Muñoz entre otros.

José Luis Muñoz
Multiverso
Galería José Pedraza
C/ La Andaluza, 1 Montilla
Del 8 de Abril al 10 de Junio de 2011
Lunes a Viernes de 18:30 a 21:30 h.
Sábados de 12:00 a 14:00 h. previa cita

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7 de abr. de 2011

Imagen y palabra: Ut poesis pictura

A propósito de la exposición Manhattan [5th Avenue at 42nd Street]
por Eduardo García


 Ignacio Tovar

Desde que Horacio escribiera su célebre lema ut pictura poesis no hemos cesado de merodear, vagando en círculos concéntricos, en torno a la tan apasionante como procelosa cuestión de las relaciones de complicidad entre poesía y pintura. Es cierto que en su remoto origen la cita se proponía atribuir a la pintura el prestigio de arte elevado del que ya disfrutaba la poesía desde la Antigüedad, prestigio que al menos desde finales del Renacimiento no ha necesitado en absoluto buscar fuera de sí. También lo es que en su “Epístola a los Pisones” Horacio ceñía tan sólo su comparación a la semejanza de efecto entre ambas artes: la experiencia estética —que de hecho comparten no sólo pintura y poesía, sino la totalidad de las artes. Pese a todo, durante siglos se ha enarbolado el lema “la pintura como la poesía” a modo de trinchera para una teoría humanista del arte, entendido al modo de la mímesis aristotélica.

Más próxima resuena a una mirada contemporánea la réplica de Lessing a la en exceso vaga identificación entre poesía y pintura. Para el filósofo alemán ambas artes operan en direcciones opuestas. A su juicio las artes plásticas son adecuadas para la representación de cualidades sensibles, de modo que tan sólo en segundo término y de manera harto ambigua es capaz de evocar ideas o contenidos de lenguaje. La poesía, por el contrario, tendría en la lengua su centro de irradiación. Su innegable capacidad a la hora de evocar sensaciones carecería sin embargo por naturaleza de la fresca vivacidad de las artes plásticas.

Imagen y palabra son pues medios diversos. Bien pueden revertir mutuamente, entrecruzar sus lenguajes, pero parece imposible situarse en el exacto punto intermedio entre ambas. En último término, su diversidad es irreductible. Al lector de poesía tan sólo le es dado acceder, a través de la palabra, a una sensación interior, imaginada. Una sensación —reconozcamos— más bien borrosa, difusa, alcanzada al final de un proceso de descodificación intelectual. El pintor, por su parte, puede ofrecer la imagen viva, de manera inmediata. Pero tan sólo a través de ella —esto es, de manera oblicua, tangencial— es capaz de despertar ideas o contenidos de lenguaje en el contemplador. 

Carmen Laffón




Sin embargo, sí nos es dado encontrar un frágil puente entre tan divergentes formas de expresión. Al fin y al cabo, la pintura encuentra su origen en la observación del mundo, pero se propone en realidad rebasarla en una expresión de la sensibilidad que trasciende la llana mirada del observador. Por su parte, es la poesía ante todo un fenómeno de lenguaje, una construcción de palabras. Pero alcanza su auténtico objetivo en un desbordamiento de sentido más allá del que pueda denotar, a ras de tierra, el lenguaje común. Desde tal perspectiva ambas se encuentran, en cuanto actividades creativas, en la finalidad hacia la cual dirigen sus esfuerzos: generar sentido.

El argentino Roberto Juarroz, desde la orilla de la palabra, lo plantea con brillantez: "El oficio de la palabra/ mas allá de la pequeña miseria/ y la pequeña ternura de designar esto o aquello/ es un acto de amor: crear presencia".
  
Más allá de la re-presentación —ya sea exterior o interior—, trascendiendo los límites de la mera designación, la palabra poética aspira a generar un espacio autónomo, abrir inéditos senderos al sentido. Un poeta ahonda en los ocultos territorios de la identidad, explora una región desconocida para rescatar lo que en rigor no estaba en un principio o —al menos— no se manifestaba en plenitud. En definitiva, es preciso entregarse a la intuición para encontrar, en el curso mismo de la incesante búsqueda, lo que desconocíamos al emprender el viaje.

Revelador resulta el hecho de que la cita del poeta pueda también leerse desde la particular perspectiva de la pintura, arrojando luz sobre ésta en análoga dirección. Al fin y al cabo, la tarea que despliega el pintor en la imagen, más allá de la llana representación del objeto, es similar a la que desarrolla el poeta en la palabra: “crear presencia”. Trae el artista al mundo un reguero de imágenes capaces de dejar entrever un vago resplandor insospechado. En definitiva, lo que de poético o artístico alienta en ambas disposiciones estéticas, ya sea desde la “exterioridad” —trascendida en la mirada del artista— de la imagen, ya desde la “interioridad” —encarnada en escenas plásticas— de la palabra, es siempre un desbordamiento, un hacer-se, revelar-se espontáneo en el brotar mismo que se rebasa en el impulso.

En primer término libro de artista de Nieves Galiot, al fondo pintura de Matías Sánchez. Fotografía: Ars Operandi

Testimonio de este espacio de encuentro entre poesía y pintura, la exposición ante la cual nos encontramos nos invita a explorar ese neblinoso espacio de iconos y palabras que se resiste a la cosificación. Posmoderno es, en rigor, el diálogo que se nos propone. La selección de textos obedece a un criterio de representatividad histórica, abarcando un dilatado arco temporal desde alguna muestra de los primeros balbuceos de la poesía en castellano hasta un poeta todavía en activo como Pablo García Baena. Por su parte, las obras recogidas pertenecen en su totalidad a autores vivos. Se produce así una manifiesta asimetría, un diálogo que aspira a disolver las fronteras cronológicas. La pintura nos habla desde el aquí y el ahora, al tiempo que los poemas que los artistas acogen como agente provocador nos llegan —a excepción del mencionado Pablo García Baena— con el aura de la tradición. Poetas que han sobrevivido en nuestra estima a la implacable selección que el tiempo impone son a su vez glosados a la luz del pincel de artistas que no pueden por menos que dejar en su obra su impronta en tanto ciudadanos del tercer milenio.

Se respira aquí y allá la libertad creativa con que estos artistas contemporáneos han emprendido su labor. Por supuesto, algunos se han mostrado más sensibles a la capacidad de sugerencia del poema que les correspondía, mientras otros han preferido abandonarse más a su impulso creativo, alejándose del texto. Pero unos y otros nos ofrecen una vivaz muestra de su quehacer.

Quizá tal contraste entre texto y obra plástica alcance su máxima expresión en la pieza que inaugura la muestra. El poema anónimo “Toma niña esta naranja” nos remonta al recio castellano de principios del Renacimiento. En él disfrutamos del ingenuo regusto de la lírica popular. Unos versos que en su sencillez resuenan en nosotros, al cabo de los siglos, con una frescura que ya quisieran para sí libros recién publicados. Una mínima pieza, primitiva en lo formal, pero muy certera al proyectar la emoción en una imagen simbólica: la naranja que contiene el corazón del autor, amenazada por el filo del cuchillo de la destinataria del poema.


Instalación de Jacobo Castellano. Fotografía: Ars Operandi

Con el intenso cromatismo que le caracteriza, Ignacio Tovar (Castilleja de la Cuesta, Sevilla, 1947) hace suya la imagen de la naranja, disponiendo en ella las grietas que dan a entender la amenaza de la rajadura emocional. El dinamismo de las líneas curvas, discurriendo en paralelo, recuerda la cresta en vilo de las olas, otorgando vida al conjunto. Un díptico que sugiere entre líneas, desde la más franca disparidad de la mirada, en un lenguaje plástico por completo contemporáneo, una sensación análoga a aquella a la que nos invita el poema. El espectador se siente atrapado en el flujo, entregado a la marea de un naranja brillante; entreverado de unas mínimas líneas verdes que otorgan la atmósfera vegetal que la composición requería. Sin duda el artista ha sabido trasladar la mirada de un remoto poeta anónimo a su propio mundo plástico. Un genuino acto de re-creación en donde el primitivo texto popular se trasciende en imagen contemporánea en virtud de la personalidad del artista.

Si anónimos eran los versos de nuestra primera andadura, anónimo es a su vez el poema que le sucede. Pertenece al Romancero viejo, auténtico tesoro de la poesía en castellano, en cuyas fuentes viene ésta nutriéndose desde el Renacimiento. En ese sentido, quizá resulte esclarecedor recordar aquí cómo los poetas de la generación del 27 recuperaron a su través el pulso original de la lengua castellana a fin de renovar la dicción poética de principios del siglo XX. Hay pues un diálogo subterráneo entre este poema y los de Antonio Machado y Pedro Salinas, que encontraremos más adelante. Mención especial merece el hábil tratamiento de la disputa territorial entre musulmanes y cristianos por la mítica ciudad de Granada como si de una cuestión de amor se tratase. El rey cristiano se nos presenta como un pretendiente de la ciudad, al que ésta rechaza con tacto, alegando el buen trato recibido por el rey moro.

Con extrema sensibilidad Carmen Laffón (Sevilla, 1934) aborda el romance ofreciéndonos una lectura entre romántica e impresionista de los jardines de Granada: el amor imposible por la ciudad soñada que se resiste a entregarse al amante. Su dibujo al carbón, magistral en el tratamiento de la naturaleza, genera una atmósfera vaga y sutil, un brumoso clima de ensueño en donde la soledad de los jardines remite al ojo del observador, que permanece fuera de plano, amenazado por la desolación. Sombras, luces dispersas, contornos apenas definidos al caer de una atípica tarde invernal que rompe el tópico de la resplandeciente luz de Andalucía para ofrecernos un inédito punto de vista de singular recogimiento. Los senderos de cipreses parecen difuminarse en el vacío, reforzando su naturaleza de metáfora de un espacio interior.

A la izda. dibujo de Pérez Villalta , a la dcha. carboncillo de Carmen Laffón. Fotografía: Ars Operandi

En un colosal salto cronológico acudimos de inmediato al Siglo de Oro, la cumbre de nuestra tradición hispana. Degustamos ahora uno de los más celebrados sonetos de Góngora. Su culteranismo encuentra aquí una de sus expresiones más logradas. El verso barroco, la sintaxis alambicada, el dominio de la forma hasta límites insospechados, se ponen al servicio de una desgarrada reflexión en torno al tópico del tempus fugit. Nos encontramos ante la que quizá sea la más brillante recreación en castellano del clásico “Collige, virgo, rosas” de Ausonio. Mientras el poeta latino invitaba a la joven belleza a recoger las rosas antes de que se marchite su belleza, fácil presa del tiempo inexorable, en la pluma de Góngora la rosa deviene “vïola” (violeta), “lilio” (lirio) o “clavel”.

Un certero olfato lector manifiesta Guillermo Pérez Villalta (Tarifa, Cádiz, 1948) al poner en escena los dos versos clave del poema, en los que la palabra de Góngora abandona toda abstracción para ofrecer una ágil sucesión de imágenes. Me refiero a aquellos que cierran los tercetos: “oro, lilio, clavel, cristal luciente” y “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”. El efecto de contraste entre los símbolos de juvenil belleza y los de muerte es demoledor. Villalta, experto como pocos en el juego de reavivar los temas clásicos a la luz de una inédita mirada, entra a su vez en la propuesta del poema enlazando entre sí, en una sola imagen, la práctica totalidad de los símbolos que articula el texto. En el búcaro de cristal reposan el clavel, la violeta y un girasol, cuya dorada corola representa al astro resplandeciendo en plenitud. Las flores rebosan de color, mientras se desvanece el cromatismo en el resto de la escena. Vivaces todavía, las flores han sido ya cortadas y pronto se marchitarán. Simultáneamente, en un juego tan barroco como el que se despliega en los versos del poeta cordobés, aparecen atrás las figuras del árbol seco y el apesadumbrado viajero. Todo apunta en la misma dirección: la amenaza de la fugacidad del tiempo sobre la efímera belleza.

Merece quizá especial atención, por su modernidad, la descontextualización de los objetos. En efecto, el jarrón reposa sobre un páramo. Un espacio insólito, que rompe con las expectativas del espectador, su convencional sentido de lo real. Mas se trata, además, de un espacio literalmente imposible en la medida que escenifica una manifiesta desproporción del motivo central —el cual, en clave fantástica, rebasa el horizonte—, al tiempo que las figuras del árbol y el viajero se nos muestran a su lado diminutas. El dibujo nos propone una singular relectura del bodegón clásico, que al situarse en un espacio imposible, adquiere una repentina dimensión simbólica. Un posmoderno bodegón, en las antípodas del realismo tradicional, que dinamitando las convenciones de la representación nos conduce de la perplejidad a una franca invitación a interpretar en clave sus motivos. La palabra despertó la imaginación simbólica del pintor y éste supo trazar una imagen capaz —en virtud de la magia del símbolo, ese espacio de encuentro entre imagen y palabra— de generar un revuelo de palabras en nosotros. El resultado es un lúcido diálogo entre lenguajes en el que llega a alcanzarse la fusión.

A la izda. Miki Leal, a la dcha. Matías Sánchez. Fotografía: Ars Operandi

De muy diverso signo es el encuentro entre el poema de Quevedo y su glosa pictórica por Miki Leal (Sevilla, 1974). El pintor lo tuvo en esta ocasión bastante más difícil, pues —fiel a su estética conceptista— el poeta apenas le ofrece motivos plásticos capaces de sugerir por sí solos la idea generadora del texto. Se imponía pues una aproximación más netamente conceptual. El desolado tablón recuerda a un ataúd, sugiriéndonos el tema de la muerte, que atraviesa a su vez la totalidad del poema. Una elíptica marca en la parte superior nos remite a un medallón de aquellos en los que tradicionalmente los amantes enmarcaban un diminuto retrato de su pareja. Sin embargo, el medallón mismo está ausente, apenas sugerido. La cara de la amante ha sido borrada por el tablón, que se superpone a la imagen escamoteada. La propuesta del pintor, en definitiva, lejos de reflejar fielmente la fe quevediana en la inmortalidad del amor, se acerca a su tema desde una irónica perspectiva no exenta de sarcasmo. Su representación del presunto amor ultraterreno es, cuando menos, ambigua. De una parte se nos sugiere en sordina la vida de ultratumba mediante los triángulos en vivos colores que rompen la escena a la derecha y abajo; por otra, el retrato de la amada aparece sellado por la madera del ataúd.

Pero continuamos nuestro viaje en el tiempo para recalar ahora en el posromanticismo. Rosalía de Castro, una de las más grandes cultivadoras de la poesía femenina en nuestra lengua, perfila un breve poema de ritmo juguetón. Entre la sentencia moral y la queja de amor, expresa la poeta su habitual hiperestesia. Fue en efecto Rosalía una mujer melancólica, de extremada sensibilidad, que padeció una frágil salud y una muerte temprana. Su actitud trágica y desengañada ante la vida se refleja en estos versos. Su don reside ante todo en la gracilidad de la expresión, eco sin duda de la lírica popular galaico-portuguesa, en cuyas fuentes bebe, elevándolas al rango de la lírica culta. También la acendrada composición, pues en apenas seis versos expone una escena simbólica y —en un certero crescendo— su interpretación: la queja que da sentido al conjunto.

En su aproximación al poema, Nieves Galiot (Córdoba, 1968) acierta al rescatar desde una perspectiva contemporánea cierta atmósfera “kitsch” que sobrevuela los versos de Rosalía. La sensibilidad femenina decimonónica encuentra en el libro-collage un paralelo que funciona en varios planos a la vez. De una parte el símbolo del corazón, que aparece aquí desgajado del cuerpo, dando así a entender la queja de amor, omnipresente en el texto. De otro, el hallazgo de presentar las páginas del libro como fachadas de una casa asolada por los años. El universal símbolo de la casa, tan querido a la poesía femenina, suele representar la interioridad, el alma. Una casa en ruinas, surcada por árboles secos, refleja en claroscuro la emoción herida de la autora. Una fotografía de época de una feliz pareja, devorada por polillas que merodean amenazantes las páginas del libro, nos remite a la leyenda —desconocemos a ciencia cierta su veracidad— del matrimonio infeliz de Rosalía. Las flores estampadas con su hoy anacrónico regusto “kitsch” recuerdan en efecto esa sensibilidad algo cursi de la poeta entregada a la melancolía, disfrazando de meditación desengañada, con despechado victimismo, una venganza moral a través del tema de la inconstancia del corazón. Solitarios pájaros negros y gotas de lluvia-sangre contribuyen a tan desolada atmósfera.

A la izda. Ignacio Tovar, a la dcha. Pérez Villalta. Fotografía: Ars Operandi

Tras nuestra breve cala en el posromanticismo acudimos ahora al siglo XX de la mano de Antonio Machado, un poeta cuya obra se origina en la estela de los simbolistas franceses y el modernismo hispanoamericano fin de siècle, para ir sentando más tarde las bases de una poesía realista de inclinación reflexiva. Muy notable ha sido su influencia posterior en la poesía escrita en castellano, considerándosele hoy el padre del realismo poético español contemporáneo. El poema elegido es una buena muestra de su última etapa, en la que se escora hacia una poesía más conceptual, aforística. Constituye una buena muestra de alegoría en torno al símbolo del camino, que comparte con el poema de Rosalía. Podemos pues observar cierta continuidad entre ambos textos. Se evidencia en el poema machadiano el tema filosófico del devenir —Heráclito y Nietzsche vs. Platón—. La vida es un camino que nosotros mismos hemos de ir desbrozando día a día, una senda que es preciso abrir por propia mano. Vivir es pues “estar en camino”, ser-en-tránsito. Late al fondo la concepción existencialista de la vida humana como “proyecto vital”, que con toda probabilidad tomara Machado de su buen amigo el filósofo español José Ortega y Gasset.

Por su parte, Matías Sánchez (Tubingen, 1972) en las antípodas de la actitud intelectualista del poeta, nos ofrece uno de sus más obsesivos temas pictóricos: el pintor en el momento de la ejecución del cuadro. Con la ironía y el sarcasmo que le caracterizan, huye el pintor de la solemnidad del texto original para deconstruir el acto de creación. Con una iconografía inspirada en la pintura infantil y los tebeos, el cuadro rezuma una soterrada venganza. Con vibrante expresionismo concentra el retrato del artista en unas caóticas manchas de color. Su humor alcanza el rango del sarcasmo, demoliendo la heroica visión romántica del artista prometeico, que deviene aquí apenas un niño que juega con su pincel. Las descompuestas facciones de la figura representada dan su justo contrapeso a la escena, haciendo derivar nuestra sonrisa hacia la mueca ante la tenebrosa fragmentación del sujeto que amenaza tras el en apariencia alegre desbordamiento cromático. En la estela del art brut Matías Sánchez se aventura en una tan deliciosa como cómplice ironía sobre el ARTE y el ARTISTA con mayúsculas.

Un paso más allá nos aguarda Pedro Salinas, uno de los poetas de la española generación del 27 cuya obra ha sabido sobrevivir al paso del tiempo. El poema pertenece a Fábula y signo (1931), uno de los poemarios de aquellos brillantes años de las vanguardias que a día de hoy conservan en buena medida su frescura y capacidad de seducción. “Underwood girls” constituye un canto de amor a la creación poética, la magia de la inspiración, motivo auroral donde los haya, en consonancia con el gusto de una época de hallazgos y apertura de espacios de libertad. “Tú alócate bien/ los dedos” —escribe el poeta, dispuesto a abalanzarse sobre las teclas de la máquina de escribir. “Alocarse”, tal es la llave que enarbola la vanguardia, dispuesta siempre a colonizar nuevos horizontes para la palabra. Y en efecto, la pasajera locura —sobre la que ya ironizaba el en exceso racionalista Platón— es la condición misma de la creación poética. A fin de cuentas, se trata de saltar más allá de los estrechos límites del lenguaje común, la miope percepción convencional, para alumbrar una nueva mirada.

Análoga es la disposición del artista, siempre en persecución de esa otra cara de las cosas que se resiste a abandonarse al ocre cotidiano. Jacobo Castellano (Jaén, 1976) lo sabe, sintoniza con la propuesta del poeta, convirtiendo el discurso, la sucesión temporal de la palabra, en simultánea manifestación de los sentidos. Hay un sorprendente paralelismo entre la modernidad —metamorfoseada hoy en paradójico glamour— que representaba a principios de los años 30 celebrar las teclas de una máquina de escribir y la siempre arriesgada audacia de una instalación respecto a las formas iconográficas tradicionales. En sus dibujos las manos se “alocan”, multiplicándose en la pared como en un perverso juego de espejos, con destellos de rojo-sangre, plegados los dedos sobre sí al modo de garras que se ciernen en actitud amenazante. En el centro de la sala aguardan, plegados a su vez, los poemas por nacer, ocultos a la mirada. El espacio que media entre manos y textos es un abismo insondable. Tender puentes hacia lo ignorado, la misión del creador.

Instalación de J. M. Báez en el Ayuntamiento de Córdoba

Para concluir este diálogo entre imagen y palabra alcanzamos al fin el presente. Asistimos ahora al encuentro de un artista contemporáneo con uno de los poetas vivos en lengua española más valorados por crítica y lectores. Pablo García Baena, quien comenzara a publicar en los años 40 del siglo XX, desarrolla en el poema seleccionado uno de sus más queridos temas: la evocación de su ciudad natal. Una Córdoba mítica, preñada de un misterioso resplandor, a la luz de la ensoñación que da a luz la memoria. Elegíaco es el tono en el que el poeta lamenta la paulatina devastación de la ciudad, antaño extraordinaria, en las desaseadas manos del tiempo. “Edén siempre perdido,/ concédeme el recuerdo y su llave de niebla” —escribe el poeta. Pero si vibrante es la nostalgia de estos versos, su transfiguración de la ciudad en mito, tal metamorfosis vendrá impulsada por un despliegue léxico fuera de lo común. Palabras en desuso renacen en los versos, dispuestas a atrapar el tiempo en sus vocales. Tal riqueza de lenguaje encuentra su más hondo sentido en un soterrado diálogo con el barroco Góngora, el gran poeta cordobés del Siglo de Oro, al que García Baena hace desfilar por sus versos al modo de una silueta de ensueño —“Don Luis se alejó por la calleja…”— que se disuelve fugaz entre las sombras.

Hasta aquí la perspectiva que un lector común podría hacerse del poema a partir del texto mismo. José María Báez (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1949), por el contrario, conocedor de su intrahistoria, aborda su recreación desde una perspectiva sorprendente, reveladora de inéditas capas de sentido. Lo cierto es que el poeta escribió estos versos como reacción a un artículo publicado por el prestigioso psiquiatra e intelectual español Carlos Castilla del Pino en la revista Triunfo en 1973. Corrían los últimos años del franquismo, en los que el desarrollismo nacido en los 60 no había hecho más que incrementar la sistemática devastación del patrimonio histórico-artístico a manos de la especulación inmobiliaria. En su artículo Castilla del Pino denunciaba tal espolio bajo el inquietante título de: “Apresúrese a ver Córdoba”. Así pues, el poema de Pablo García Baena respondía a una demanda cívica frente a la dictadura: la necesidad de preservar la ciudad de las garras de quienes se enriquecían destruyendo un valioso patrimonio arquitectónico atesorado al cabo de los siglos. Se trata pues de unos versos que contienen una manifiesta crítica social, hecho infrecuente en la obra del poeta.

La instalación de José María Báez acude a rescatar tal dimensión crítica. Conocida es su personal inclinación a explorar las regiones fronterizas entre poética y artes plásticas. Resalta en sus cuadros, surcando sus composiciones, una refinada tipografía orientada a despertar en el observador una vivaz irradiación simbólica. Es el suyo el arte de la alusión, el don de la capacidad de sugerencia que se dispersa en diversas direcciones. En esta ocasión el artista ha optado por ir un paso más allá, hasta hacer de los caracteres la totalidad de la obra. Asistimos pues a una radical descontextualización del texto original. Arrancándolas de su acostumbrado negro sobre blanco del papel, la instalación proyecta sus palabras en un medio por completo heterogéneo. Las vemos ahora discurrir sobre el suelo del Ayuntamiento de la ciudad, cuyos dos últimos alcaldes del periodo franquista fueron directos responsables de los atropellos urbanísticos que denunciaba implícitamente el poema.

El texto-instalación tiene su punto de partida frente a la estatua de Marco Claudio Marcelo, cónsul romano que en el siglo II a.C. fundara la colonia que dio origen a la ciudad. Su emplazamiento dista por tanto de ser casual, en la medida que nos remite al pasado mítico que el poeta evoca en sus versos. El reguero de palabras cobra vida, adquiere dinamismo, al ascender los peldaños de la escalera. Atravesando la primera planta, alcanza su meta frente al cuadro de San Rafael, ángel custodio de la ciudad. Pero si el punto de partida distaba de ser arbitrario, menos todavía lo será el preciso lugar donde concluye la instalación. En la pintura, original de Antonio del Castillo, se despliega toda una iconografía barroca que acude a reflejar la barroca riqueza de lenguaje del poema de Pablo García Baena. Arte de la alusión, ya lo decía. El “texto” de José María Báez se desborda a sí mismo en imagen, apoderándose simbólicamente del espacio. Logra así aludir a las tres dimensiones del poema original: la mítica, la del lenguaje y su olvidado origen de crítica social.

Concluido el trayecto, queda el desocupado paseante con el hondo regusto de los viajes. La palabra y la imagen entrecruzaron sus miradas. Ojalá vuelva pronto a habitar —ut pictura poesis, ut poesis pictura— ese frágil territorio en donde las fronteras, por un instante acaso, parecen disolverse en la neblina.

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Trovadores de Cosmopoética se inicia con Álvaro Tarik, Malcolm Scarpa y Fernando Alfaro

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Álvaro Tarik, anoche. Foto: Lola Araque

La Sala Orive, con un lleno total, fue anoche el escenario en que se llevó a cabo el primero de los conciertos que forman el ciclo Trovadores, dentro de las actividades programadas para Cosmopoética 2011. Trovadores, presentado por Gabriel Núñez, editor de Boronía, contó con la participación de Álvaro Tarik, Malcom Scarpa y Fernando Alfaro, quienes desgranaron una serie de versiones acústicas de algunos de sus temas.

Álvaro Tarik fue el encargado de abrir el concierto, que comenzó presentando el tema inédito Di a tus padres, prosiguiendo con una selección procedente de sus trabajos con La Fábrica de Colores y su nueva encarnación musical Rufus T, que incluyó Oyendo canciones, Porque es domingo, Andalusians y Mandy, entre otras. Tras Álvaro, el bluesman Malcolm Scarpa, autor de una extensa discografía que incluye influencias del blues, pop, free jazz, swing, experimentación y psicodelia, dejó una serie de temas llenos de surrealismo y blues, un personal estilo que ha servido para calificar a Scarpa de "el Frank Zappa español". Cerró el concierto Fernando Alfaro (Surfin' Bichos, Chucho), quien interpretó temas pertenecientes al recién publicado álbum La vida es extraña y rara (Marxophone), dejando también canciones como Problemas de sueño, publicados con su anterior proyecto Fernando Alfaro y los Alienistas. El ciclo Trovadores proseguirá hoy a las 21:30, en la misma Sala Orive, con la participación de Tontxu, Andrés Molina (ex Taller Canario) y Boris Larramendi (ex Habana Abierta), acto que presentará Luis Medina.

Álvaro Tarik es colaborador de Ars Operandi. Puedes leer alguno de sus artículos aquí.

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6 de abr. de 2011

Cuando los versos se convierten en imágenes.


Desde la raíz, instalación de Marta F. Jodar y Leire Olkotz. Fotografía:Leire Olkotz

Hoy arranca oficialmente Cosmopoética, el octavo Encuentro Internacional Poetas del Mundo en Córdoba. Y lo hace, como ya viene siendo habitual en las últimas ediciones, acompañado de un programa paralelo que pretende aunar el espacio de las artes visuales con el de la poesía. Sema D'Acosta ha sido el encargado de cocinar  el plato fuerte de Cosmoarte con Manhattan [5th Avenue at 42nd Street], la exposición inaugurada el jueves pasado en el Molino de San Antonio, que de la mano de una selección de poemas realizada por Paul LeClerc, reúne a varias generaciones de artistas fundamentales para la plástica andaluza.

Las artistas Sofía Ostos y Mariló Fernández Taguas tienen a los versos de Góngora como protagonistas de su doble cita en Cosmoarte. En los jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos han instalado A batallas de amor, campo de plumas, una escultura con forma de ala recubierta de versos del poeta cordobés. Mientras, en la Cuesta Peromato, proponen otra lectura de los versos de Góngora a través de una instalación con papeles cerámicos sobre los muros del Museo Arqueológico. La estación de autobuses de Córdoba acoge por su parte, Iluminar la palabra, una muestra de poemas visuales de la mano de Antonio Monterroso. La Biblioteca Central acoge por su parte la muestra Versos grabados, a cargo del Taller de Grabado Artístico de Rivas-Vaciamadrid

En el bulevar del Gran Capitán, 27 árboles aparecen vendados con gasas blancas que insertan poemas de 27 autores de otros tantos países europeos. Se trata de Desde la raíz, la intervención que han planteado conjuntamente las artistas Marta F. Jodar y Leire Olkotz con la intención de "acercar la poesía la poesía al público a través de la transformación plástica de los troncos de los árboles".

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5 de abr. de 2011

Ecos y ausencias. Fotografías de Javier Lara

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 No hay banda II, fotografía de Javier Lara

La Casa de la Cultura de Cabra acoge desde el día 2 de abril la exposición titulada Ecos y ausencias,  primera muestra individual del cordobés Javier Lara. Lara presenta una selección de obras que resultan de un proceso investigación mediante el cual el artista, ha pretendido "presentar lo estrictamente fotográfico (lo radical o real, en fotografía), junto a lo que se traduce como pura forma (la imago, gestalt o lo que concierne al registro imaginario), de tal manera que aquellos tres registros se involucren y nos susciten un juego revelador que nos permita en definitiva ver más allá del mero motivo o pretexto que recoja la obra en su consideración aislada, para encontrar su sentido en relación a la serie que las acoge”. Para Javier Lara resulta "especialmente interesante" la posibilidad de abordar su trabajo como “una articulación textual" que permita "la consideración de la imagen como texto".

La presentación de la obra ha contado con un texto, escrito por su padre el artista Jacinto Lara,  que nos dice: "En el ahora, las imágenes son proyecciones espaciales de su visión personal de las cosas, están realizadas con el “pincel” de una cámara de fotos, pero no importa cuál es la herramienta que un artista usa para expresarse, a estas alturas, eso es lo menos importante; una obra tiene que ser una obra que cuente una historia". Y continúa: "Repaso mentalmente todas y cada una de las imágenes que propone Javier para esta exposición y no puedo pensar en ausencias, pienso en aquellas palabras que quedaron como ecos en mi memoria, -¿Jacinto, me comprarás esto mañana?-. Para Javier nunca llegaba mañana, mañana era mañana, pero el mañana pasó y el ahora es aquí y ahora; mañana es futuro y cuando estés leyendo este texto será pasado".

Javier Lara
Ecos y ausencias
Casa de la Cultura de Cabra
C/ Martín Belda, 23
14940 Cabra, Córdoba
Horario: L-V de 19:00 a 21:30 h; S, D y F: 12:00 a 14:00 h 
Hasta el 10 de abril

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1 de abr. de 2011

La sala Mateo Inurria muestra los diálogos presentes en la obra de Ginés Liébana y Dalí

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 Una vista del público asistente a la inauguración. Foto Ars Operandi

Redacción / Ars Operandi

En la tarde de ayer se inauguró, en la Sala Mateo Inurria de la Escuela de Arte, la exposición titulada Liébana y Dalí. Diálogos, una muestra que indaga en la relación, no sólo de amistad, que tuvieron Salvador Dalí y Ginés Liébana durante los años 70. La exposición, que se pudo ver con anterioridad en la Casa de las Cadenas de Villa del Río, reúne una selección de obras del artista de Torredonjimeno en las que la influencia surrealista, presente en toda su obra, es más evidente. Complementan los óleos de Ginés Liébana una serie de grabados de Salvador Dalí así como fotografías y una interesante dedicatoria del genio de Figueras en la que califica a Ginés de "el más moderno i moderno monarquico español" (sic), realizada en 1972, año en que la relación entre ambos artistas fue más estrecha.

Dedicatoria de Dalí a Ginés Liébana. Foto Ars Operandi

Miguel Clémentson, comisario de la exposición, aludió en la presentación del acto de inauguración a las características particulares de la pintura de Ginés Liébana, situándola en una personal visión del surrealismo y haciendo referencia a sus raíces clásicas, de tradición en la escuela española, en géneros como el paisaje surgido de los pinceles de Ginés. Por su parte, el escritor y poeta Carlos Clémentson reivindicó la enorme calidad poética de Ginés Liébana, a quien siempre se ha considerado "pintor", del Grupo Cántico, pero siempre por debajo de los merecimientos que como poeta posee. La exposición contará con la presencia del propio Ginés Liébana el próximo lunes 11 de abril, en el que hará una lectura poética en la sala. La muestra cuenta con un catálogo en el que, a más de las obras expuestas, se intercalan textos de Miguel Clémentson sobre la obra de Liébana y poesías de Josep Pla, Ginés Liébana y Carlos Clémentson, quien a su vez publica unas traducciones inéditas de poesías surrealistas de Salvador Dalí.

Liébana y Dalí. Diálogos
Sala Mateo Inurria, Escuela de Arte
Plaza de la Trinidad, Córdoba
Comisario: Miguel Clémentson 

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Nueva cabecera: Mª Luisa Torres

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Comenzamos el mes de abril con nuestra nueva cabecera, obra de la artista y profesora de arte, nuestra querida amiga Mª Luisa Torres, a quien agradecemos cordialmente su colaboración, que hace la cuadragésima octava cabecera de nuestra colección.

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