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16 mar. 2012

Mapas y gárgaras


Abb. Michelin, Départements France № 325: Creuse, Haute-Vienne, Abschn. E/F-7/8. Fotografía de Sinaida Michalskaja

A. L. Pérez Villén/ Ars Operandi

Me comenta un amigo que leyendo la última novela de Houellebecq se ha sentido como si el protagonista, Jed Martin, le hubiese usurpado su personalidad: un artista que se dedica a hacer mapas y que utiliza las mismas herramientas, soportes y procesos que él. Una amiga me dice que El mapa y el territorio no arroja la imagen de un autor en exceso misógino, como sucedía en sus anteriores novelas. A mí ya no me interesa como antaño, cuando cada libro suponía tomar partido en la polémica que se planteaba en sus páginas. No es que el francés haya bajado la guardia en cuanto a temas y enfoques –que también– es que me he dado cuenta de que no me gusta como escribe. Antes tampoco me gustaba pero me quedaba fascinado con lo que contaba. La cuestión es que ahora lo que más me llama la atención es lo deficiente de su escritura.

De manera que estoy hecho un lío porque siempre he pensado que lo importante de un artista no es lo que cuenta sino cómo lo expresa. No obstante he reconocido que me gustaba Houellebecq porque sus primeras novelas te obligaban a replantearte muchas cosas, pero también he dicho que ya no me gusta como escribe. Entonces qué es lo que importa en una obra de arte. Insisto en que lo canónico durante el siglo pasado era primar la manera sobre el contenido pero ya no lo tengo tan claro. Creo que ambas cosas venían de la mano. La importancia que el impresionismo y el resto de los ismos tienen para el arte del siglo XX no es sólo por el lenguaje que emplean –absolutamente novedoso en cuanto a técnicas– sino también por lo que transmiten: una impresión moderna de la naturaleza y de la arritmia caótica de la urbe y sus habitantes. 

Así que lo mejor para una obra de arte debería ser la equilibrada combinación de un discurso atractivo y una tesis penetrante. Esta es la razón por la que ya no me interesan tanto Houellebecq ni algunas creaciones artísticas contemporáneas, porque el método que emplean hace aguas cuando no gárgaras y tras el ruido de éstas se escucha la misma canción de siempre. Más de lo mismo y además mal resuelto. Ya no lo creo, confirmo que me hago mayor, cada vez tengo menos paciencia y soy menos tolerante con lo que no me interesa. ¿Tenéis la misma impresión? ¿Hay alguien por ahí?

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11 comentarios:

Anónimo dijo...

...y el caso es que coincido, incluso todavía más por el tono con el que lo planteas. Quizá ahí esté parte del meollo, refrescar la mirada y la cabeza, no se pueden quemar neuronas ni pintar monas a este ritmo. Habrá que pararse y coger aire, digo yo.

Enhorabuena Angel

A.C.P

SOLosada dijo...

Hola: Si, yo también estoy aquí. Coincido en hacerme mayor,aunque me siento infante.
Creo que para el artista es importante lo que cuenta, pero para la obra es imprescindible cómo lo expresa.
Entre lecturas de maestros del pasado(que no difieren mucho de los pensamientos de hoy) y novelas que descubren cosas (El Danubio, Claudio Magris) concluí que lo único contemporáneo en el arte actual es precisamente la forma en que se transmite, presenta y difunde a través de este medio por el que nos comunicamos...sin parar.

Franti dijo...

Para leer a Claudio Magris te tienes que comer antes un bocadillo.

Anónimo dijo...

Contemporáneo y coetáneo son términos sinónimos, por lo que el arte contemporáneo -desde la opción más estricta del término- es el que se realiza en el momento de quien se plantea qué es el arte contemporáneo. Y yo me pregunto por el arte contemporáneo de ahora teniendo como referencia el del siglo pasado. Y digo que no tengo claro si lo más importante es el lenguaje o lo que se dice a través del lenguaje o una mezcla de ambas cosas. En lo que no estoy de acuerdo, Miguel, es en que internet sea lo único contemporáneo del arte que se hace hoy. Deben existir otros elementos para ponderar el interés de las creaciones actuales que no se refieran a la posibilidad de su difusión en la red. Creo yo. En cualquier caso la red sí que sirve para comunicarse y es un placer hacerlo abiertamente.
Gracias Antonio, gracias Miguel.
Seguimos

A.L.P.V.

José dijo...

La traducción del libro de Houellebecq es pésima, en su edición de Anagrama, por si sirve de algo decirlo(que creo que sí).

Anónimo dijo...

A mi me da un poco la impresión de texto sin corregir, alguien que leyó la versión en holandés primero apunta que su versión en castellano el lenguaje narrativo es torpe y entrecortado.

De cualquier manera veo que la novela intenta abrir demasiados frentes y pocos resuelve con naturalidad. Le veo más virtud como documento sociológico de una determinada sociedad y epoca que como composición literaria. Comparto con Pérez Villén su inclinación por lo "ben trovato"

Anónimo dijo...

Shock art dura lo que dura dura, o sea, lo que dura el shock! Luego se contrae y da risa!

Tremenda entrada!

The Wanderer

SOLosada dijo...

Creo que es necesario aclarar que no soy Miguel, ni su prima, pero si su seguidora,y
amiga...coincidencias de la vida.
Me apeteció responder a ese ¿hay alguien?, compartir mis impresiones como estudiosa y observadora de mis propias vivencias y de las opiniones de los expertos.
Me inclino por esa armonía entre lo que uno quiere decir y cómo lo cuenta(no siempre se consigue,a veces falta sinceridad incluso con uno mismo)... Pero esto es sólo una percepción personal y temporal de alguien que escucha atentamente.
Gracias A.L.P.V

Juan-Ramón Barbancho dijo...

Efectivamente querido Ángel Luis. Continente y contenido han de ir a la par. El continente debe ser eso, un buen "cajón" donde el contenido respire a gusto y se pueda leer lo que nos propone. Lo que ocurre, como bien apuntas, es que en la últimas décadas ha primado el continente sobre el contenido: la técnica sobre el mensaje y, como ya denunciaba McLuhan hace mucho tiempo, el medio no puede ser el mensaje. Se ha primado un arte como metalenguaje, una pintura que sólo habla de sí misma, puro formalismo que sólo interesa si se mira a un espejo.

Pero éste ya se ha convertido en un espejo de barraca que deforma y sólo produce hilaridad. El arte, y especialmente la pintura, se ha vaciado de contenido de tal manera que ha caído en lo que siempre ha detestado: en un objeto de decoración para que un coleccionismo semianalfabeto lo muestre en sus salones, pero sin preocupar, sin que les haga pensar demasiado, que no les plantee problemas.

Y a esta situación hemos llegado, a una creación que muy poco, o nada, tiene que ver con la sociedad, mientras nos quejamos de que a la sociedad no le interesa el arte, o peor aún, a exigir dinero público para la cultura, dinero del público. Cuando decimos que a la gente de la calle no le interesa el arte yo cambiaría el orden de la frase: ¿le interesa al arte lo que le ocurre a la gente de la calle?

anartista dijo...

Qué aburrido sería el Arte si sólo se ocupara de lo que le ocurre a la gente de la calle

Anónimo dijo...

Lo curioso es que ese debate no estaba en el primer arte revolucionario, el de David y la revolución francesa. Allí el tema y cómo se representaba era tan revolucionario como la manera de pintarlo. Desviarse de ese camino es como cortarse una de las dos piernas. Lo cuenta maravillosamente Thomas Crow en Historia critica del arte del siglo XIX.

Óscar Fernández