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11 de may. de 2012

Las no-imágenes de Eduardo D’Acosta


Valla 39 (Cáceres), 2009. Fotografía de Eduardo D'Acosta en Birimbao
Redacción / Ars Operandi.

El artista Eduardo D’Acosta (Sevilla, 1975) presenta en estos días en la galería Birimbao de la capital sevillana una selección de trabajos que comparten su interés por intentar dilucidar el estatuto de la imagen. Se trata de una serie de fotografías, Vallas,  realizadas entre 2008 y 2012 en distintas regiones de España y Portugal que muestran imágenes de vallas publicitarias ya en desuso. Desde sus primeros trabajos D’Acosta ha mostrado su preocupación por el concepto de mentira, "la idea de falsedad que conlleva una fotografía". Creo, explica, que la fotografía es "una ficción constante  que a su vez esconde los mecanismos apropiados para hacer visibles estas falacias. Es la propia imagen la que nos tiene que hacer conscientes de su poder de convicción y manipulación". A su juicio, autores como Vik Muniz, Thomas Demand, Thomas Ruff o Thomas Struth hacen que el espectador "esté puesto constantemente en alerta sobre la fotografías, que no son más que una representación plana de la realidad". Si en su primer proyecto Horizontes Cotidianos  buscó "la fragmentación para evitar la profundidad, evadir la parte figurativa como elemento referencial", con Mentiras  el encuadre se abre al paisaje y todo se presenta en un mismo plano. Más tarde en  Apariencias  ahonda en este discurso "puliendo los detalles técnicos para que la realidad planteada, aún siendo ficticia y construida por manipulación digital, no mintiera. Es decir, colocar todo en un plano bidimensional que es lo único que puede reproducir la fotografía". 

Valla 155 (Lugo), 2012. Fotografía de Eduardo D'Acosta en Birimbao
El proyecto que ahora presenta en Birimbao pretende  retomar el concepto de mentira "huyendo de la parte física de una fotografía". Piensa que ya ha agotado las posibilidades con respecto al engaño que supone la perspectiva por lo que pretende "ir más allá transformando el contenido de la imagen en objeto para aislarlo de su contexto y hacer evidente que el poder de la imagen no es omnímodo sino más bien lo contrario". La imagen de un anuncio, manifiesta el autor, "llena de exotismo, espectacularidad, sensualidad y erotismo, necesita un soporte para ser mostrada. Ese continente sin la imagen -el contenido- todavía es quizá más representativo y atractivo por su carácter abiertamente sugerente.”

Valla 75 (La Algaba), 2010. Fotografía de Eduardo D'Acosta en Birimbao
Aunque el desarrollo de la serie pudiera remitir a ciertos registros emparentados con  la fotografía taxonómica, para el comisario y crítico de arte Sema D’Acosta no subyace en este conjunto de tipologías ninguna intención documental. El procedimiento, más bien, sería inverso, "lo que se intenta es rescatar la valla como objeto descontextualizado y construir a partir de ahí un nuevo significado alejado de su función enunciativa inicial". Una vez que se inhabilita su uso publicitario y el contenido queda anulado como representación, afirma, "la estructura que perdura permanece como una huella artificial –generada por la mano del hombre– que acaba incorporándose al paisaje de forma extraña y al mismo tiempo ajena". D’Acosta mantiene que una vez despojado de su valor connotativo como icono consumista y anulada también su intención como reclamo publicitario sólo queda "una no-imagen  que reproduce algo que ya no existe, si acaso, un recuerdo vago de lo que fue". El rastro de los sucesivos anuncios que permanecen en las vallas remiten al crítico sevillano a los antiguos palimpsestos que encerraban huellas de escrituras anteriores. De esta manera, todas estas representaciones "acumulan una memoria especial".

Eduardo D’Acosta. Vallas
Galería Birimbao
Alcázares, nº5.  Sevilla 
Hasta el 22 de mayo

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2 comentarios:

srfimia dijo...

Este trabajo de D'Acosta me ha gustado especialmente. Un rastro de nuestra memoria más allá del paisaje, a pesar de la descontextualización.

Enhorabuena por este artículo y a D'Acosta por estas no-imágenes.

Recomiendo también la interesante crítica hace unos días de Juan Bosco Díaz-Urmeneta en el Diario de Sevilla.

Paco Muñoz dijo...

Como siempre extraordinario. Enhorabuena por el trabajo.
Saludos