10/5/2012

Ni más ni menos. Vanidad de vanidades en la galería Mecánica


TRIBUNA ABIERTA

por Fer Francés

Vanitas del castigo de mi mano muerta, obra de Marina Vargas. Foto: cortesía de la galería
Generación tras generación el ser humano se ha cuestionado la razón de la existencia, eligiendo o admitiendo el modo de vida que ha vivido. La muerte es la realidad más firmemente segura que hay en una vida. Ya en 1679 Miguel de Mañara afirmaba en El discurso de la verdad: "pocos días vivirás, y muchas edades habitarás con lombrices de la tierra". Aunque realmente no es tanto tiempo porque la voracidad tanto de las bacterias como de las larvas de mosca, es demoledora. Tanto la gloria eclesiástica como la gloria de los reyes han sido incapaces de sortear la muerte. Aunque la humanidad ha logrado una más que notable evolución del pensamiento, la técnica y la ciencia aún no ha conseguido encontrar la fórmula que paralice ni siquiera retrase de forma natural tan odiado momento. E incluso el paso de los milenios ha provocado en el ser humano una conciencia olvidadiza del acontecimiento, del evento al que sin duda todos acudiremos, indefectiblemente, en nuestra vida. Tal asunto ha sido trabajado por las religiones y la filosofía buscando sosegar nuestra alma pero realmente aún ninguna lo ha conseguido. Todo tipo de bienes materiales o status quedan reducidos a polvo y tierra cuando el inevitable fin de la vida toma el poder. 

Finis gloriae mundis, óleo sobre papel de Matías Sánchez. Foto: cortesía de la galería
Hay diferentes maneras de admitir la realidad de la vida y la muerte, y de ésas intenta versar y reflexionar Ni más ni menos con tan carga de ironía como de aparente desdén. En esta selección cohabitan algunas visiones sobre cómo entender la existencia y cuáles son algunas de las opciones interpretativas y los puntos de vista desde los que otear el asunto del fin de la misma. Mientras que para unos la vida es un estudio sobre creencias, realidades o sentimientos para otros la fuente de inspiración es la observación de la vida desde un ángulo más jocoso, irónico y atrevido. Siendo quizá, en la conjunción de ambas opciones, donde reside algo que se asemeja a la cordura. Hegel sostiene que la muerte es lo más terrible que puede acontecernos y, que su aceptación es el reto que exige mayor fortaleza en nuestra vida. Además su pensamiento se apoyaba en la idea de que el entendimiento demanda esta aceptación, ya que por su discurso revela lo real y se rebela a si mismo. 

En este contexto Cristina Lama advierte la presencia de la muerte en todo momento, y suspira por un movimiento más de la ficha de ajedrez, una partida en la que se define y se retrata. Una visión, sin duda opuesta y distante al estudio científico de Alberto Di Fabio quien desde la abstracción busca el objetivo final de la ciencia y la alquimia, la explicación del más allá y respuestas ajenas a la reflexión metafísica. El ser humano es el animal más evolucionado tanto sicológica como sentimentalmente pero también es el único capaz de tropezar con la misma piedra dos veces. La manzana de Adán no se quedó en una mera historia religiosa y literaria sino que en el s. XXI artistas de la talla de Marina Vargas o Dorothy Iannone, dos artistas de generaciones e influencias totalmente diferentes, reproducen parcialmente los pecados capitales de la mano de la violencia y el sexo con una sobresaliente dosis de elegancia y sensibilidad. Ambas características muy asentadas en algunas de las más importantes mujeres artistas de la contemporaneidad como Bourgeois o Abramovic. En un evidente ejercicio de reivindicar un rol de la mujer como visionaria del mundo. 

Sin  título, óleo sobre papel de Cristina Lama. Foto: cortesía de la galería
La actitud contemporánea acepta la muerte de una manera más razonable a como fue en el pasado (y aún sigue siendo en ciertas culturas) y desprovista de cargas emocionales y dogmáticas y vive respecto a ella con más inmediatez. La religión, ardid usado durante siglos para crear esperanzas, se convierte en un tema actual y recurrente tratado ya desde una posición más burlesca e incluso sacrílega como pueden ser los trabajos de Kati Heck y Manuel León. Ellos navegan en este territorio temático buscando la sonrisa del joker ante las proposiciones de la fe. Todo el mundo piensa sobre la muerte, y llegado el tiempo en el que ese pensamiento se hace constante y vital, el hombre se transforma en pensador, ya sea literariamente épico exponiendo acontecimientos sesgada y subjetivamente como Dexter Dalwood o un pensador tenebroso, pragmático y realista como Matías Sánchez, quien disfraza de irónica y aparente torpeza su pintura con la intención de vulgarizar la muerte y su representación iconográfica, lo cuál también revela una actitud ante la vida de extremo optimismo. Invertir en experiencias y vivencias es una inteligente manera de acometer el lapsus de la vida, pero al tiempo es una opción escasamente elegida. La religión y el deseo por conocer la postmuerte, la diferencia entre el bien y el mal tienen un vínculo muy estrecho con la visión del religioso juicio final. Hans Lemmen explica en su obra el poder de la naturaleza y el sombrío y tenebroso efecto de la muerte del alma, una visión totalmente opuesta a la versión relativa de la vida como una sucesión de experiencias y situaciones desarrollada por Cristobal Quintero. El hombre puede elegir muchas creencias, filosofías o maneras de vivir, pero sólo tiene una manera de terminar que es muriendo. Ahí se recoge la cosecha de cómo se ha vivido y sólo el que sembró preparándose para ella, podrá asumirla sin trauma y hasta que llegue, disfrutar de la no muerte.

Ni más ni menos
Comisario: Fer Francés
Galería Mecánica
Cabeza del Rey Don Pedro, 15 41003 Sevilla 
Hasta el 30 de junio

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1 comentario:

Anónimo dijo...

Impagable el cadaver exquisito que han cocinado entre algunos de los artistas, enhorabuena a todos