1/6/2012

Nacho Criado en la sala Céspedes. Córdoba, 1978


Catálogo de la exposición de 1978 de Nacho Criado en la sala Céspedes de Córdoba
Redacción / Ars Operandi

Al hilo del artículo de A.L. Pérez Villén sobre la exposición de Nacho Criado en Madrid que publicamos en estos días  en Ars Operandi traemos a nuestras páginas un documento que rememora el paso del artista jiennense por la capital cordobesa. Corría el año 1978 y la salas Céspedes y Liceo, de la mano de Antonio Povedano, constituían el epicentro de la actividad artística en nuestra ciudad y fiel reflejo de las vanguardias españolas de los años sesenta y setenta. Por las galerías del Circulo de la Amistad desfilaron trabajos tempranos de Equipo 57, Saura, Rivera, Guinovart, Hernández Pijuan o Gerardo Rueda entre otros, en lo que el crítico de arte Francisco Zueras calificó como la época dorada del arte contemporáneo en la ciudad. Povedano ya había dirigido las salas del Círculo cuando Fernando Carbonell era el encargado de asuntos culturales y en 1976 retoma el cometido, esta vez de la mano de Manuel Salcines y Rafael Mir Jordano. En esta  nueva etapa se pudieron contemplar exposiciones de Alfonso Ariza, José Vento, Vaquero Turcios, Antonio Suárez o la que ahora nos ocupa de un entonces emergente Nacho Criado, que ese mismo año concurriría a la Bienal de Venecia dentro del Pabellón Español. Criado trae a Córdoba 1966-1969, una serie de piezas realizadas en esos mismos años y que hasta el momento no habían sido nunca expuestas. En este sentido, escribe Juan Manuel Bonet en el texto del catálogo editado con motivo de la muestra, que su destino de obras "no vistas, rescatadas, incluso deterioradas, les confiere una cierta ejemplaridad". Las obras habían permanecido años en Mengíbar "esperando, algunas incluso en el mismo lugar en que fueron halladas; y en la ocultación ha jugado sin duda, más que el medio en abstracto, una cierta autocensura, fruto del despecho que el páramo infunde". Por su interés documental reproducimos íntegramente el texto que escribiera el crítico experto en las vanguardias españolas y que fue publicado en 1978 por el Liceo Artístico Literario de nuestra ciudad.
 


De piezas sobre piezas
por Juan Manuel Bonet

Me parece muy importante el que estas piezas realizadas entre 1966 y 1969, sean expuestas por primera vez. Su destino de obras no vistas, rescatadas, incluso deterioraras, les confiere una cierta ejemplaridad. Años han estado en Mengibar esperando, algunas incluso (por su condición de objeto seleccionado) en el mismo lugar en que fueron halladas; y en la ocultación ha jugado sin duda, más que el medio en abstracto, una cierta autocensura, fruto del despecho que el páramo infunde. 

Alguien ha hablado de minimal en España. Nada más equívoco. Tan sólo sus huellas pueden rastrearse, en la obra de Nacho Criado, en la de Navarro Baldeweg, en la de Berenguer, en la de Llena, en la de Francesc Torres. Precisamente esos trabajos –sin excepción- fueron objeto de la inatención pública. Tradición provinciana. Complacencia en los artistas, en la crítica, en el mercado. Muy significativa la acogida que reciben algunos momentos particularmente reflexivos: Oteiza, Equipo 57, ZAJ. Escépticas sonrisas. Lo que tales momentos representan no se constituye en tradición moderna; permanece como vago recuerdo de una provocación. Realismos, buen gusto conquense, magia, política, ornamento. Nacho tuvo conciencia de que ninguno de esos caminos servían ya. Romper, empezar de cero, meditar. Precisar una metodología para el aislamiento. Apuntarse al bando de los que provocan escépticas sonrisas. El minimal era buena escuela para fortalecerse frente al medio. La pureza conceptual, el atractivo por la fábrica neutral, la adecuación entre proyecto y realización, el monumentalismo, el lado objet trouvé: disciplina cuyo influjo se sentirá en toda su obra posterior, en la medida en que se mantendrá una capacidad muy minimal para acotar un espacio (alterarlo, re-definirlo, transformarlo) con un mínimo de elementos. 

“Ni un monumento, ni un objeto”, dice Donald Judd (citado por Robert Morris en “Notas sobre la escultura”, Artforum, febrero y octubre de 1966). Esa escala humana del minimal, y a la vez esa percepción de la escultura como totalidad no jerarquizante, serán decisivas para Nacho… Cuando Malevich en uno de sus catálogos, prescindió de reproducciones e incluyó esquemas de sus cuadros, inauguraba la posibilidad de que la idea de pintura suplantara la realización de la misma. Del mismo modo, una escultura minimal también puede “contarse”, o encargarse por teléfono como alguna vez se ha hecho. Imaginar un cubo de cinco metros de lado. O ¿por qué no? Encargar una pirámide alta, de varios kilómetros. 

Intervención parcial como diría Patricio Bulnes. Disponer unos elementos para que sus “propiedades” o “cualidades” se manifiesten. La lámina de metal, de cinco metros y medio de largo, reposa en los extremos sobre dos tacos de madera, junto a un redondo del mismo material, grosor y longitud. 

La disposición de los elementos en presencia hace que lámina y redondo se curven (flexionen) mínimamente. Activación de la materia. No añadir nada al elemento seleccionado. No utilizarlo como “material” del que desgajar una forma, sino como materia sobre la que intervenir para crear una situación. Interesante también el desfase entre el dibujo, la descripción y la obra realizada. El dibujo, y en menor medida la escritura, necesitan “acentuar” una curvatura más difícilmente perceptible (mas no por ello menos presente) en la realidad. 

Escalera que no posibilita acceso. Sólo recorrerla. Cierta simbólica monumental, algo de ready made arqueológico. Monumento inútil, acceso vedado a una mastaba, zigurat sepultado bajo la tierra o pirámide maya representada que fielmente transcribe lo que ve aunque no lo crean sus ojos. El motivo de la escalera estará siempre en la obra posterior de Nacho: escalera rastreada, dematerializada, fosforescente (en Cuenca, 1971); escaleras inaccesibles, reducidas a rampas deslizantes, o funda excavada para no contener. 

Hay veces en que los elementos componentes, no necesitan sino una subjetivación funcional (disposición), frente a posibles alteraciones formales. Otras en cambio, esa geometría encontrada se somete a un proceso de transformación. De un mismo madero se obtendrán, por una parte, dos piezas de idéntica forma aunque de tamaño diferente; por otra, se utilizará el elemento restante, cuya corporeidad será además transformada progresivamente por la acción de la polilla. En este último caso, observamos el cúmulo de elementos en juego: madero, ausencia/presencia de las otras dos piezas, elaboración de la pieza en sí, configuración procesual (dematerialización) a través de la polilla.

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1 comentario:

AMAZING WEIGHT LOSS dijo...

No, en ese tiempo la Sala Cespedes no estaba dirigida por Povedano, sino por Fernando Yllescas, un hombre extremadamente discreto y educado, fans del arte moderno y fiel cumplidor de cuanto dijeran los artistas que exponia, aunque a veces esa opinion difiriera de lo que el pensara.
Por cierto, en la inaguracion de Criado se llevo a cabo una accion povera-poetica en la que participaron solo dos residentes en la ciudad.
Ah, y al hilo de la actualidad de Franz Roh en Vimcorsa: Roh no solo fue el teorico de los realismos europeos modernos de los 20 a los 30, sino que ademas contribuyo a la consideracion de la fotografia como soporte de la expresion contemporanea. Un texto suyo se incluyo en el mitico e historico libro "Subjektive fotografie" de Otto Steinert, publicado en Bonn en 1952.
Kisses.
AMAZING WEIGHT LOSS!