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28 feb. 2013

Un perro manchego

Miguel Hernández Camacho. S/T. Serie Miguel About Kimi (2012)
José Álvarez / Ars Operandi

Aunque el título oficial de la exposición de Miguel Hernández Camacho es Fábula, al contemplar por vez primera la colaboración videográfica de Luis Manuel Tapia, en la que une fotografías de la muestra con fotogramas de Un perro andaluz, ocurrió que desde ese mismo momento Fábula fue titulada de forma oficiosa por sus organizadores como Un perro manchego. Y es que, como señala Fernando Castro Flórez en el prólogo del catálogo, "somos, conscientes o más que nada de modo inconsciente, los herederos de un corte cruel: la navaja de El perro andaluz sigue imponiendo su ley".

El manchego Miguel Hernández Camacho (1988) es deudor —consciente o inconscientemente, como anota FFC—, de un rico imaginario que encuentra sus referentes más claros en el surrealismo buñueliano, lorquiano y daliniano. La referencia a Buñuel es evidente en alguna fotografía. Pero me consta—desde que tuve un primer contacto con el autor y su obra—que muchas otras referencias aparecen de modo autónomo sin ser reflejo directo de aquellas surgidas en los agitados años veinte. Los dibujos infantiloides que aparecen en las fotografías y que tanta relación estética guardan con Lorca, los huesos de animales—carnuzos—que aparecen en sus escenografías, ojos, pestañas, bichos diversos... todos son elementos que el autor pone al servicio de una idea principal, como es indagar por sus propias emociones y fantasmas. Para ello se sirve de objetos heteróclitos que acumula en una vieja casa abandonada familiar, en medio del páramo manchego. En ella, una alberca desecada hace de decorado, y en su interior, objetos y modelos se suceden en escenas diversas que dan como resultado cinco series distintas: Impacientes I y II, Sombras, La trampa del mar y Miguel About Kimi. En cada una de ellas, Hernández Camacho se sirve de una única modelo que dispone, a modo de atrezzo, junto a los demás objetos de su particular iconografía.

Sus escenografías, lejos de ser casuales, obedecen a un sentido decidido de narración o de plasmación emocional de un tema previamente determinado, que aborda por medio de su traducción en imágenes. De este modo, las series Impacientes I y II son el resultado de la reflexión que el artista hace sobre el cuerpo y la enfermedad, aludiendo en ambos casos a situaciones reales con las que tiene o ha tenido contacto de forma directa. En esta misma línea, Sombras surge a través de una experiencia hospitalaria. Con tono más festivo aborda otra autobiográfica serie, La trampa del mar, donde plasma los recuerdos amorosos de una aventura estival.

Es en Miguel About Kimi donde podemos encontrar lo que sería una técnica más depurada si no fuese porque Hernández Camacho voluntariamente elude cualquier tipo de preponderencia técnica sobre su concepto de la fotografía. De hecho, si somos estrictos, en el proceso de creación de la obra final de Hernández Camacho—la fotografía—es donde el artista realiza sus mayores esfuerzos, siendo la imagen última una especie de soporte documental final del proceso. Miguel Hernández utiliza una cámara analógica reflex de 35 mm con película en b/n, que utiliza para fotografiar en un primer momento sus escenografías desde diversos planos. En el cuarto de revelado se procede a una primera revisión, utilizando las tomas de contacto, los tiempos de exposición, imágenes añadidas y/o fotocopias para realizar un collage analógico que es posteriormente fotografiado con una cámara compacta digital. Esta imagen es nuevamente transformada mediante sencillos programas de retoque que dan un resultado final low-fi buscado por el artista, que reivindica de este modo el defecto, lo imperfecto, en un ejercicio de feísmo voluntario. Este último paso—la utilización de la tecnología digital—es lo que aleja finalmente a Hernández Camacho de sus antecesores surrealistas: el collage como fin no le interesa ya que es solamente parte de un proceso, meticulosamente diseccionado por Pablo Navazo, comisario de la exposición, en el excelente texto que acompaña el catálogo.

Miguel Hernández Camacho. S/T. Serie La trampa del mar (2012)
Miguel About Kimi, su serie más reciente, tiene como protagonista a Kimi, una estudiante coreana con la que ha compartido piso—Miguel estudia en la cordobesa Escuela de Arte Mateo Inurria—este último curso. La convivencia se encontró en un primer momento con varias barreras: culturales, idiomáticas y con el carácter retraído del propio fotógrafo. La catarsis se produjo cuando Kimi accedió a ser protagonista de sus fotografías, quedando al fin una luminosa serie en la que la esplendente belleza de Kimi comparte protagonismo con una tortuga, metáfora de lo oriental para Hernández Camacho. 

Fábula, la exposición con la que Miguel Hernández se presenta por vez primera, es en definitiva un ejercicio muy individualista de creación que puede en un principio confundirnos formalmente con otras propuestas anteriores, las cuales, aunque presentes, aparecen más como un referente cultural, colectivo, que recuperado ex profeso. Es más una propuesta plena de introspección y de teatralidad en la que el proceso es indisoluble del resultado final. Experiencia y acción al servicio de una creación medida hasta el milímetro pese a su apariencia informal.


Miguel Hernández Camacho
Fábula
Galerías Cardenal Salazar
Facultad de Filosofía y Letras
Plaza del Cardenal Salazar 3, Córdoba
Hasta el 22 de marzo
Comisario: Pablo Navazo

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Magníficas fotos las de Miguel Hernández Camacho!!!! Way to go!!

The Wanderer

Anónimo dijo...

Pues si que fue una buenísima colección que pena que ya se haya desmontado! :(