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2 abr. 2013

Desvelar el paisaje. Jorge Yeregui en El Ojo que ves


Fotografía de la serie Espacio natural protegido 2 de Jorge Yeregui
Tete Álvarez / Ars Operandi

Las fotografías de Jorge Yeregui siempre esconden más de lo que muestran. Y la oportunidad de recabar una mirada al conjunto de su obra que nos ofrece esta nueva entrega de El Ojo que ves, así lo corrobora. La monografía, cuidadosamente editada por la Universidad de Córdoba como parte del Premio Pilar Citoler, nos permite descubrir todas las adherencias y sustratos que encierran imágenes  como la que le encumbró en 2011 a hacerse con la sexta edición del premio internacional de fotografía que lleva el nombre de la coleccionista. Y es que bajo la mirada de Yeregui, arquitecto y urbanista de formación, la fotografía se convierte en un instrumento de precisión para transformar la información visual en caudalosa fuente para el conocimiento y el análisis de la realidad socieconómica de nuestro tiempo.

A-497, km. 3, fotografía de la serie En el camino de Jorge Yeregui

Un tiempo cargado para Alfonso de la Torre de paradojas e inquietudes, "suspendido entre la incertitud y la contradicción" que Yeregui rastrea caminando estupefacto al borde del abismo. Para el director de la colección El Ojo que ves, Yeregui, "un artista circular, en el sentido de que su investigación ha sido siempre coherente y constante, en torno a ciertos asuntos, se ubica entre una nómina de artistas que han elevado, como divisa de su arte, la creación entre la apariencia de la duda". Sus creaciones, "elogio de la interrogación", promueven "la incontenida enajenación del paseo entre los vestigios de nuestro tiempo, algo que queda luego simbolizado en sus hallazgos: despojos de la voracidad inmobiliaria, puertas tapiadas, edificios sepultados entre la hojarasca, calles a ninguna parte y así ad infinitum".

Fotografía de la serie Cotacero de Jorge Yeregui

Joan Nogué sitúa la obra de Yeregui dentro del proceso de transformación que ha sufrido el territorio peninsular en los últimos años. Nogué dibuja el paisaje después de la batalla que encontramos tras la "amnesia colectiva en la que hemos estado inmersos durante demasiados años". Es el paisaje de la crisis , un escenario desolador que "refleja perfectamente la transformación del espacio urbano, el vertiginoso crecimiento del parque inmobiliario, el derroche de un territorio que es un recurso escaso, diversos procesos de gentrificación (algunos de ellos, fracasados), así como el nacimiento de nuevas edificaciones en los márgenes de las carreteras que dan entrada (y salida) a lo que hasta hace pocos años habían sido núcleos urbanos compactos, con fronteras nítidas que delimitaban con claridad el espacio construido del no construido". Pero lo grave de este proceso no solo resulta la "evidente hipertrofia" de las promociones urbanísticas, sino más bien su localización, "casi siempre alejada del núcleo urbano compacto, lo que está generando unos altísimos costes ambientales, de mantenimiento y de transporte, además de haber provocado el surgimiento de infinidad de espacios vacíos, desocupados, aparentemente libres; espacios sin ninguna función clara en el nuevo entramado territorial". Son terrains vagues, lugares que aparecen "como tierras de nadie, territorios sin rumbo y sin personalidad, despojados como están de su carácter primigenio, de su razón de ser en un territorio que ha dejado de existir".


Fotografía de la serie Sitescapes de Jorge Yeregui

Para el catedrático de Geografía Humana y director del Observatori del Paisatge de Catalunya, asistimos a una crisis de representación entre los paisajes de referencia convertidos ya en arquetipos y el paisaje real, aquel que a diario nos rodea. Nuestra mirada solo atiende al paisaje que deseamos ver, "buscamos en el paisaje aquellos modelos estéticos que tenemos en nuestra mente, o que más se aproximan a ellos". Emergen así ante nosotros una suerte de paisajes invisibles, aquellos que no vemos porque no estamos preparados para mirarlos. Son, por ejemplo, "los paisajes de los territorios densos, rotos, de los entornos urbanos y metropolitanos que han perdido buena parte de su discurso territorial y de su imaginario paisajístico habitual. Son los paisajes que alternan sin solución de continuidad terrenos intersticiales yermos y abandonados, precarios almacenes, construcciones inacabadas, medianeras a la vista, descampados intermitentes…".


Fotografía de la serie Espacio natural protegido 1 de Jorge Yeregui
La conexión de la fotografía con la ciencia y el conocimiento resulta, para Alberto Martín, consustancial al medio fotográfico. Aunque históricamente la fotografía ha mantenido una posición subsidiaria frente a las disciplinas académicas científicas, con el paso del tiempo ha logrado emanciparse integrando en la práctica fotográfica la metodología y la información procedente de estas materias. Un cambio de status que implica la "reformulación del papel que desempeña la intrínseca referencialidad de la imagen fotográfica y su escritura descriptiva". Un buen ejemplo de este proceso de inversión en la relación entre fotografía y conocimiento es, para Alberto Martín, la obra fotográfica de Jorge Yeregui. Una práctica inseparable de sus conocimientos de arquitectura y urbanismo que encuentra en las formulaciones y soluciones del arte conceptual las respuestas a sus propias preguntas o planteamientos. Aunque también advierte Alberto Martín de que la recuperación de la dimensión figurativa de la imagen sitúa a esta obra muy lejos del carácter funcional y antiestético que caracterizaron el uso de la fotografía en aquel movimiento.

El Valle. Piscina municipal, Lobres de Jorge Yeregui

En la confluencia entre la práctica fotográfica y las disciplinas científicas como la antropología, la geografía, la historia, el urbanismo y la arquitectura se ha ido construyendo "una forma de mirar e interpretar que profundiza en las posibilidades de una dialéctica entre imagen o representación y realidad socioeconómica, entre hecho real y mirada artística". Un modo de hacer que, para Alberto Martín, se nutre tanto del conceptual como de prácticas próximas al land art y que en lo fotográfico ahonda en las propuestas que llevaron a cabos los autores relacionados con la New Topographics. Pero no se trata ya tanto de "registrar y evidenciar un estado real del paisaje y sus transformaciones, de mostrar los efectos de una realidad sobre el territorio, o del productivo binomio arte-naturaleza, con mayor o menor grado de intervención, sino de revelar las estructuras y fuerzas no visibles, así como sus agentes: el sustrato político, los efectos del mercado o de la planificación, las nuevas pautas culturales, las conductas sociales, las figuras del promotor inmobiliario o el planificador, la ideología del paisaje".


Fotografía de la serie Ecotopografías de Jorge Yeregui
Cierra la monografía un extenso recorrido, enriquecido por las aportaciones del propio autor, que documenta buena parte de la trayectoria artística de Jorge Yeregui. A medio camino entre los Terrain Vague y las propuestas emanadas del Manifiesto del Tercer Paisaje sitúa Yeregui, Sitescapes, una serie que documenta esos terrenos "donde la naturaleza recupera su propia ley", son los espacios obsoletos o en desuso que quedan al margen de la ciudad, de su orden y de su control que el abandono  transforma en "paisajes neonaturales donde buenas y malas hierbas crecen libremente, al azar, al margen de cualquier diseñador". Paisajes mínimos conforma para su autor "una exploración conceptual sobre el valor simbólico que adquiere la naturaleza en la ciudad contemporánea". Son una suerte de nuevos espacios naturales que reflejan "una preocupación por el medio ambiente, que trabajan para construir una ciudad más ecológica y habitable pero que, a la vez, pueden transformar la naturaleza en un objeto de consumo más sujeto a los dictados de las modas". En Ecotopografías, Yeregui destaca el nuevo rol que asume la naturaleza en el planeamiento de la ciudad. En este contexto nace "un nuevo tipo de zona verde, convertida en envolvente, en topografía vegetal, que alberga en su interior un programa arquitectónico". Son edificios que nacen del terreno, "a modo de pliegue, y cuya cubierta recupera un fragmento del paisaje natural, descongestionando la trama urbana e introduciendo un nuevo modelo de espacio verde cuyas atribuciones, ya sean de uso, fenomenológicas o mediáticas, le confieren un papel predominante y de representación".

Fotografía de la serie El valor del suelo de Jorge Yeregui
Fechadas en 2005, en pleno apogeo de la burbuja inmobiliaria, El valor del suelo, las fotografías que lo dieron a conocer dentro del panorama nacional, son una serie de trípticos en los que pone de manifiesto "la complejidad del mercado, la amplitud de factores que intervienen y las relaciones que se establecen entre ellos, tratando de generar una reflexión sobre este problema sin establecer un juicio a priori". Con lenguaje y estética apropiados de los utilizados por las agencias inmobiliarias en sus estrategias de venta, El valor del suelo pone el dedo en la llaga de los problemas generados por la construcción indiscriminada de viviendas o el consumo de ocio asociado a la inversión y al endeudamiento. La construcción de un sueño lo titulaban los mensajes publicitarios de las promotoras inmobiliarias.  Yeregui da una nueva vuelta de tuerca al apropiarse del imaginario de la construcción desenfrenada y elaborar mediante técnicas de realidad virtual esa "imagen idílica" utilizada en la promoción de las nuevas áreas residenciales. En El ideal suburbano, el artista afirma querer desvelar "la frontera entre lo soñado y la realidad, entre lo majestuoso y lo grotesco, entre la calidad de vida y la ostentación. En definitiva, cómo se construye sobre el terreno este modelo de vida ideal". Unos años más tarde el mercado inmobiliario muestra sus primeros síntomas de desgaste. "Solares tapiados, viviendas desalojadas y cerradas, obras abandonadas a mitad de ejecución, inmuebles reformados sin habitar y un gran número de promociones sin vender", conforman un paisaje urbano que "desvela un fuerte incremento en el número de viviendas vacías, una homogeneización estética con falsas tipologías tradicionales y una potenciación de los procesos de gentrificación".

Fotografía de la serie Ciudad, País, Estado de Jorge Yeregui
El entorno natural también ha sido sometido en estos últimos años a un "intenso proceso de transformación socioeconómica e infraestructural que, mediante sucesivas operaciones de consolidación y apropiación del terreno, ha tratado de domesticar un agitado paisaje natural". Tomando como campo de operaciones el espacio interurbano de la Bahía de Cádiz, Yeregui elabora en Cotacero un estudio que analiza un espacio "en permanente estado de disolución, un territorio desprovisto de representación donde fragmentos de tiempo se depositan sobre la realidad de un paisaje en resistencia". Como vestigios de otro tiempo aparecen por las carreteras construcciones inacabadas que yacen abandonadas por los designios de la crisis inmobiliaria, "su contundente materialidad las asienta en el paisaje, a modo de hitos, con la misma intensidad que su estado ruinoso y ausencia de función las difumina, poniendo de manifiesto su contradictoria presencia". En las series Espacio Natural Protegido documenta entornos naturales donde se ha "activado un sistema de significación y puesta en valor del territorio. Un método que con su mera presencia invoca cualidades no siempre visibles que hacen referencia al imaginario sobre la conservación del medio ambiente". Cierra la monografía de Jorge Yeregui Ciudad, País, Estado, el último proyecto hasta la fecha del artista en el que documenta mediante una amplia serie de fotografías un enclave que es a la vez político y urbanístico,  el perímetro del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Jorge Yeregui. Colección El ojo que ves
Edita
: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Córdoba
ISBN:
978-84-9927-128-6
272 págs.

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