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23 may. 2013

La primavera eterna de la pintura. Jacinto Lara, Hashim Cabrera y Miguel Rasero en el Salon de Mai 2013.


Obra de Jacinto Lara en el Salon de Mai. La primavera eterna de la pintura . Foto: Cortesía Fundación Pons
Redacción / Ars Operandi


La plena vigencia de la pintura es reivindicada por Michel Hubert Lépicouché en la muestra que se inaugura hoy en la Fundación Pons de Madrid. El comisario y crítico de arte francés que comisariara en nuestra ciudad exposiciones como  Mayo del 68 o el espectáculo de la sociedad, Paradeisos o Pintores Literarios reúne a casi una treintena de artistas que atestiguan con sus trabajos la pertinencia de una disciplina que parece aguantar indemne los reiterados intentos de certificar su defunción. Entre la nómina del Salon de Mai 2013. La primavera eterna de la pintura se encuentran los andaluces Federico Guzmán, Matías Sánchez, Cristina Lama, Tomás Cordero, David Panea y Ricardo Castillo junto a los cordobeses Jacinto Lara, Hashim Cabrera y Miguel Rasero.

Michel Hubert recuerda que la pintura, desde siempre, "ha parecido estar a punto de padecer un colapso mortal ante las amenazas de una evolución artística revolucionaria. Ya a principio del siglo XVII, Nicolas Poussin acusaba a Caravaggio de querer matar a la pintura. En el siglo XIX, los academistas acusaron a Manet y Courbet de pervertir los valores burgueses sobre los que se asentaban las instituciones sociales y políticas, mediante una práctica vulgar y decadente de una pintura a la que acusaban de querer acabar con la decencia de cinco siglos de historia de arte". Pero reconoce que el golpe más mortal a la pintura "le vino del pensamiento de Duchamp, cuando el padre del arte conceptual volvió a utilizar un viejo dicho muy de moda en las familias burguesas francesas del siglo XIX, cuando uno de sus vástagos tenía la nefasta idea de ser pintor en lugar de banquero o político: ¡Tonto como un pintor!".

Obra de Hashim Cabrera en el Salon de Mai. La primavera eterna de la pintura. Foto: Cortesía Fundación Pons

Los antecedentes del Salon de Mai arrancan en la Francia ocupada de 1943.  Durante la ocupación alemana, un grupo de artistas decidieron manifestarse públicamente contra la ideología nazi y su persecución del arte degenerado. Artistas como Henri-Georges Adam, Emmanuel Auricoste, Lucien Coutaud, Robert Couturier, Jaques Despierre, Marcel Gili, Léon Gischia, Francis Gruber, Jean Le Moal, Alfred Manessier, André Marchand, Edouard Pignon, Gustave Singier, Claude Venard y Roger Vieillard organizaron una exposición en la Galerie Pierre Maure de Paris  que titularon Salon de Mai al considerar el mes sinónimo de regeneración vital,  alegría y  optimismo. Ya en nuestro país "la idea de crear un salón contestatario similar al de París para la defensa en España de la creación pictórica moderna surgió en Barcelona en la mitad de la década de los 50 del pasado siglo: el Salón de mayo (1956-1969), conocido en plural como Salones de mayo". Este certamen anual, explica "fue creado por la Asociación de Artistas Actuales, con el objetivo de contribuir a romper con la situación de marginalidad que sufrían las tendencias post-impresionistas en Barcelona y, complementariamente, para encontrar en el sector privado el apoyo económico a sus actividades profesionales, teniendo en cuenta las pocas facilidades que recibían de las instituciones oficiales. En sus trece ediciones reunieron a más de 900 artistas de Cataluña y también de ámbito internacional. Siempre fue un célebre punto de encuentro de artistas, críticos y público, y se considera una acción precedente de lo que se convertiría en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona".
 
Obra de Miguel Rasero en el Salon de Mai. La primavera eterna de la pintura. Foto: Cortesía Fundación Pons

"A nadie se le escapa el malestar de la pintura en esta segunda década del siglo XXI" afirma Michel Hubert. Si para Marcel Duchamp el origen de este malestar era la fotografía, "en nuestros días está motivado por el auge de la utilización de las nuevas tecnologías y por un efecto de la moda que impone la supremacía del arte de concepto y objetual sobre el pictórico. Esto no es nada nuevo. En años precursores a la situación actual de la pintura, pintores como Bazelitz y Per Kirkeby eran presos de una gran desesperación, no podían dejar de dedicarse a una actividad tan mal vista como era la pintura en aquellos tiempos: su mala conciencia les obligaba a una actividad casi clandestina, obligándoles a adoptar toda clase de subterfugios: pintar sólo el domingo –haciendo alusión a los pintores no profesionales que se dedican a esta actividad sólo los domingos como forma de ocio–, pintar sólo con la mano izquierda, o colocando los cuadros cabeza abajo. Ya en la década de los noventa del siglo pasado, la pintura representaba menos de 10% de la creación artística. Todo indica que en la actualidad este porcentaje siga bajando". El Salon de Mai, concluye, "como en el París de 1943 en reacción a la barbaría nazi, o en la Barcelona de 1956 a favor de una renovación del gusto pictórico aún estancado en la era impresionista, pretende revindicar el derecho de la pintura a mantener un sitio propio en el contexto de la creación contemporáneas a pesar del efecto perverso de las modas actuales. ¡God save the picture!"

Salon de Mai 2013. La primavera eterna de la pintura
Comisario: Michel Hubert Lépicouché
Fundación Pons
Serrano, 138. Madrid 
Del 23 de mayo al 14 de junio


1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Vaya trío de ases!