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14 jul. 2013

Terrenos de Giacometti. Creación y juego

Alberto Giacometti, La pareja (1926), bronce. Fundación Alberto Giacometti, Kunsthaus, Zürich. Fotografía: Francisco Posse 

José Álvarez / Ars Operandi

Terrenos de juego, el título escogido para la muestra de Alberto Giacometti que se podrá ver hasta agosto en la sala Fundación Mapfre de Recoletos, alude, según sus organizadores, a la particular concepción de sus esculturas de los años 30, concebidas a modo de tableros de juego, y también, al propio terreno personal en donde se desarrollaba la labor creativa del escultor. Su taller, situado en Montparnasse, de apenas 18 m², recreado en la exposición a través de los propios dibujos del artista, se conformaba como el espacio vital en el que Giacometti llevó a cabo su continuada y fructífera experimentación. Aparentemente caótico, como muestran las fotografías de Ernst Scheidegger, en realidad era el terreno perfectamente organizado por el artista para dejar fluir su particular relación con la realidad y su entorno. Su precisión en el trabajo se evidencia en hechos como las marcas exactas donde colocar la silla del modelo, a 1,40 metros de distancia del caballete, situado de forma que guardase 45º hacia la derecha. Obsesivo hasta rayar la compulsión, sus retratos podían prolongarse durante meses tras jornadas extenuantes en las que Giacometti aparentaba carecer de la sensación de tiempo. James Lord, autor del célebre Retrato de Giacometti, cuenta desde su personal visión de modelo cómo fue la relación con el artista durante los dieciocho días en que éste tardó en realizar su retrato. Lejos de guardar un recuerdo placentero de su paso por el estudio, Lord recuerda la desazón que experimentaba todas las mañanas cuando Giacometti se volvía a enfrentar al lienzo y volvía a deshacer el camino andado hasta el momento, borrando y repintando todo lo anterior. Relata Lord: "La situación parecía convertirse en algo profundamente irreal por momentos. El retrato ya no significaba nada como tal. Como cuadro tampoco decía mucho. Lo que sí tenía sentido y existía con vida propia era la lucha infatigable e interminable que Alberto había emprendido para expresar en términos visuales, y a través del acto de pintar, una percepción de la realidad que, por casualidad, había coincidido con mi cabeza".

Terrenos de juego es un amplísimo recorrido por la obra del artista. Dibujos, pinturas, aguafuertes, esculturas en madera, bronces... Obra emblemáticas como El hombre que camina, Mujer grande o La pareja se disponen junto a sus trabajos surrealistas mostrando de este modo la personal evolución seguida por Giacometti desde que llegase a París en 1922. En estos primeros momentos, el artista recibe una fuerte influencia del arte no occidental, sobre todo del africano y el oceánico, visible no solamente en el aspecto formal de las obras realizadas en los años 20-30, sino en la propia concepción de la representación del objeto y su significado. En 1920 Roger Fry había publicado su texto Negro Sculpture, y cinco años después fue Paul Guillaume quien diera a la imprenta Primitive Negro Sculpture, un libro con profusa circulación en los círculos vanguardistas parisinos incluso antes de su traducción al francés, como señala Rosalind E. Krauss en su estudio sobre Giacometti. Los 30 son años en que el artista experimenta con volúmenes geométricos dispuestos sobre placas o plazas, un modelo creativo que se irá prolongando a lo largo del tiempo como escenario idóneo para desarrollar la concepción escultórica del artista. Sus obras irán paulatinamente simplificándose, adelgazando, perdiendo materia, un proceso que el propio Giacometti explica así: “Después de 1945, me juré que no dejaría que mis estatuas menguaran de tamaño sin parar. Pero sucedió lo siguiente: podía mantener la altura, pero iban adelgazando, adelgazando… se volvían flacas y larguiruchas”.

Ernst Scheidegger, Giacometti en su taller, 1960. Colección Fotostiftung Schweiz, Winthertur.© Stiftung Ernst Scheidegger-Archiv. 

Son los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial cuando Giacometti ha consolidado su estilización característica y realiza sus plazas, en las que las figuras se disponen relacionándose entre sí, caminantes que reanudan la marcha después de la gran devastación, serie de bronces de los que la muestra expone varios ejemplos. Su Hombre que camina—de impresionante presencia—surge en estos momentos como metáfora de la búsqueda y del progreso asociados a lo humano. La interrelación entre las figuras, sus modelos emblemáticosel caminante, la mujer de pie—formarán parte de otros proyectos esenciales como el conjunto realizado para el Chase Manhattan Bank en la plaza donde tienen su sede neoyorquina, en un interés por lo urbano que acompañó al artista a partir de entonces, como campo abonado para mostrar su visión de las relaciones humanas, y que el artista explica de manera vital:  “La gente confluye y se separa, después se aproxima para acercarse unos a otros. De este modo, se forman y se transforman sin cesar composiciones vivas de una complejidad increíble. Es la totalidad de la vida lo que me gustaría representar en todo lo que emprendo”. Asombrosamente complejas en su aparente economía, las esculturas de Giacometti se suceden en la sala dando el contrapunto a los trabajos sobre lienzo, cargados de pintura, que nos muestran el permanente deseo de perfección del artista, volviendo una y otra vez sobre la mancha y la forma. Por su volumen de obras, la calidad de éstas y el excelente trabajo expográfico, que une deleite y didáctica, Terrenos de juego nos permite introducirnos profundamente en el universo de quien mejor supo plasmar la soledad y la vulnerabilidad humanas.

Giacometti. Terrenos de juego 
Fundación Mapfre. Instituto de Cultura 
Paseo de Recoletos nº 23. Plantas 0 y 1, Madrid
Exposición coproducida por Fundación Mapfre y la Kunsthalle de Hamburgo
Hasta el 4 de agosto de 2013