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5 nov. 2013

La abstracción como catarsis. Hilma af Klint, una sueca en la Costa del Sol


Retrato de Hilma af Klint  Fotógrafo desconocido


A. L. Pérez Villén / Ars Operandi

Que una artista no desee mostrar parte de su obra por temor a la incomprensión y el rechazo del público no constituye novedad alguna, que insista en la decisión, por escrito, hasta 20 años después de su muerte ya es algo más especial, pero que resulte ser una adelantada a su tiempo en la práctica de la abstracción resulta además de controvertido gratificante. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida... cantaba Rubén Blades. Pues eso, que en realidad la obra de Hilma af Klint no se mostró veinte años después de su muerte, que acaeció en 1944, sino hace muy pocos. Y resultó ser una sorpresa mayúscula para el mundo del arte (un sobresalto al que volveremos más adelante). La exposición de su obra se hacía necesaria y por fin se ha materializado. Estamos de suerte porque la muestra recala durante unos meses en el Museo Picasso de Málaga después de mostrarse en el Moderna Museet de Estocolmo y el Hamburger Bahnhof de Berlín y posteriormente viajará hasta el Louisiana Museum of Modern Art, Humlebaek, en Dinamarca. La comisaria, Iris Müller-Westermann ha logrado reunir más de dos centenares de obras, entre pinturas, dibujos y acuarelas, además de cuadernos, que ponen de manifiesto la singularidad de esta artista sueca.

Porque Hilma af Klint nació en Estocolmo en 1862 y ya desde su adolescencia y posterior juventud practica el espiritismo, si bien es a partir de los treinta años cuando sistematiza su provecho mediante un grupo de cinco amigas con el que comparte interés por la escritura y el dibujo automáticos. No obstante se ha enrolado como alumna en la Escuela de Bellas Artes de Estocolmo y desarrolla un trabajo de tipo naturalista, aunque permanece atenta a otras expresiones más profundas, como por ejemplo la de Edward Munich, cuya obra pudo contemplar en una muestra celebrada en un salón de la capital. Interesada asimismo por la teosofía, Hilma af Klint estudia la obra de maestros en la materia, en especial las enseñanzas sobre antroposofía de Rudolf Steiner, que añade a la convicción espiritual de una verdad suprema más allá de las religiones históricas, la reflexión y la meditación en torno a los valores del cristianismo. Para completar este contexto de finales del siglo XIX hay que mencionar los avances de la cienciala publicación de El origen de las especies, de Darwin, el descubrimiento de las ondas electromagnéticas y de los rayos Xy la implantación del espiritismo y demás manifestaciones de lo oculto, pero no inexistente. 

Hilma af Klint (1862-1944) Grupo IV, nº 3. Los diez mayores, Juventud, 1907. Témpera sobre papel montado sobre lienzo, 321 x 240 cm © Cortesía Stiftelsen Hilma af Klints Verk 2013. Foto: Albin Dahlström / Moderna Museet, Suecia © Hilma Af Klint, VEGAP, Málaga, 2013.

Este es el espíritu y la pauta de este movimiento de creadores y pensadores, fundado en la sospecha, cada vez más cierta por los indicios de la ciencia y las religiones, de que hay otra realidad, quizás no visible o palpable por los sentidos pero no por ello menos real y tangible a través de experiencias como el espiritismo o la teosofía. Y la obra de Hilma af Klint está plagada de alusiones y símbolos que marcan el acceso y el tránsito a esa otra realidad.

La exposición respeta la organización y clasificación de la obra de la artista sueca en series o grupos de obras. Y hay que decir que la impresión del conjunto de obras expuestas es, amén de un descubrimiento que cuestiona y trastoca las coordenadas espacio temporales de la aparición de la abstracción, una experiencia conmovedora por la serena y candorosa belleza que transmiten sus dibujos y sobre todo los óleos de gran formato. Monumentales son los papeles sobre lienzo que componen la serie Los diez mayores (1907. Por cierto el mismo año de la invención del cubismo por Picasso). Una serie dominada por un cromatismo apastelado que atempera los contrastesque la artista confiesa realizar guiada por una inteligencia superior, de la que ella actúa como médiumen la que se prefiguran formas geométricas oblongas junto a gérmenes, semillas, esquemas florales y botánicos que pueden pasar por ser diagramas y bosquejos de un universo en transformación, equilibrado y musical que contrapuntea con palabras y anagramas una sinfonía espiritual.

Hilma af Klint (1862-1944), Sin título, década de 1890. Acuarela, tinta y grafito sobre papel, 57 x 35,4 cm © Cortesía Stiftelsen Hilma af Klints Verk 2013. Foto: Albin Dahlström / Moderna Museet, Suecia © Hilma Af Klint, VEGAP, Málaga, 2013.

Pero no adelantemos acontecimientos y volvamos casi al principio; es decir a su obra naturalista de finales del siglo XIX, de la que se muestran algunos ejemplos en óleos y dibujos preciosistas de flores, plantas y frutos. Llama la atención la serie Las cinco, de los primeros años del XX y en clara alusión al grupo de amigas que practicaban espiritismo. Son grafitos y tintas sobre papel que relacionan el microcosmos naturalistalas flores y las plantascon la imbricación en un universo macroscópico que camina de la mano de la escritura automáticaprecursora del surrealismohacia una dimensión espiritual. Se muestran también cuadernos que jalonan este interés de la artista sueca por la escritura automática y la descripción de un universo simbólico tramado y transido de espiritualidad. La serie Caos primigenio (1906) se compone de óleos de pequeño formato que representan símbolos, anotaciones y sistemas relacionados de palabras que funcionan como peldaños o inflexiones de un mundo en constante desarrollo. Símbolos y formas que aluden al alfa y el omega, al laberinto y la espiral, al cisne y la cruz... Y algunas series, como El árbol del conocimiento evocan esas descripciones minuciosas de las pinturas de artistas visionarioscomo sucede con William Blakecomprometidos en el esbozo de una geografía del espíritu que tutele las necesidades del neófito.

Hilma af Klint (1862-1944) Grupo I, nº 17. Caos primigenio, 1906-1907. Óleo sobre lienzo, 52,5 × 37 cm © Cortesía Stiftelsen Hilma af Klints Verk 2013. Foto: Albin Dahlström / Moderna Museet, Suecia © Hilma Af Klint, VEGAP, Málaga, 2013

El grupo VI de pinturas, denominado Evolución (1908) está compuesto de óleos de formato medio que evidencian y singularizan todo un proceso de ensamblaje y síntesis entre la espiritualidad derivada del cristianismo, más los anexos orientales, la antroposofía y la sublimación de la materia. Excesivamente ilustrados y descriptivos constituyen un elemento inigualable para calibrar el poder hermenéutico de la creación como motor de desarrollo personal y como germen de una teoría y práctica artísticas de las más singulares del arte moderno. También en torno a este año hay una serie de pasteles que claramente podrían vincularse con algunas de los ejercicios derivados del cubismo de Frantisek Kupka o el matrimonio Delaunay, si bienademás de anticiparse en unos años a sendas referenciasel grueso de la serie desarrolla y profundiza en esa decisión de la artista de describir el tránsito de lo particular a lo universal, de lo material y/o natural a lo espiritual e inmaterial. Y todo ello culmina en la serie de Pinturas para el templo que Hilma af Klint comenzó en 1906cuando estaba iniciándose en la escritura automáticay que en la exposición se muestra al final del recorrido en la primera planta. Unos óleos de gran formato embutidos en una suerte de sancta sanctorum de la abstracción, a modo de Retablo (1915) que despliega diferentes procesos formales que determinan visiones de una experiencia de purificación espiritual, de tránsito y ascesis a la comunión del espíritu.

Hilma af Klint (1862-1944), Grupo IX/SUW, nº 17. El cisne, 1915. Óleo sobre lienzo
150,5 x 151 cm © Cortesía Stiftelsen Hilma af Klints Verk 2013. Foto: Albin Dahlström / Moderna Museet, Suecia © Hilma Af Klint, VEGAP, Málaga, 2013.

Pero la muestra no termina aquí, también de 1908 se exhibe el grupo de pinturas denominado El cisne, compuesta de casi una veintena de óleos de gran formato que son un prodigio de sutileza cromática y economía formal, todo lo cual destila una obra pulcra y contundente, tan aparentemente simple como en realidad penetrante y de una belleza turbadora. Volviendo atrás sobre lo dicho y en relación al desconcierto que la obra de Hilma af Klint produce en el contexto espacio temporal de la abstracción, debemos recordar que la aparición de dicho estilo en la escena internacional se produce a lo largo de la segunda década del siglo pasado. La historiografía sitúa el hito en una serie de acuarelas de Kandinsky de entre los años 1910-1912 (precisamente los años de realización y publicación de su célebre De lo espiritual en el arte), aunque también hay otros autores que orbitan en torno a este grupo de precursores y primeros artistas que abrazan la abstracción. Una nómina tan generosa como innecesaria es su referencia aquí y ahora. Pero la controversia que el descubrimiento de la obra abstracta de Hilma af Klint genera no se detiene en esta eventualidad, que no deja de ser una mera anticipación, más bien señala otros derroteros que apuntan a la consideración cada vez más ponderada y ecuánime del arte realizado por mujeres, máxime si como es el caso se trata de una pionera de un estilo tan paradigmático para el arte contemporáneo como es la abstracción. Así como a la reflexión en torno a los orígenes de los estilos artísticos.

Hilma af Klint (1862-1944). Las Cinco. Sin título, 1908. Pastel seco sobre papel, 53,6 x 63,2 cm © Cortesía Stiftelsen Hilma af Klints Verk 2013. Foto: Albin Dahlström / Moderna Museet, Suecia © Hilma Af Klint, VEGAP, Málaga, 2013. 

Tenemos a Turner como un insigne precedente de la abstracción con sus volubles paisajes, inflamados de color y luz y sombra, incluso podemos irnos hacia atrás y llegar hasta el mismo Goya, sus pinturas negras y ese perro agazapado en la margen inferior del encuadre. Aunque lo habitual es partir de Cézanne y su proceso de síntesis de los elementos estructurales de la escena, después vendrá el cubismo y todo se complica con una visión estereoscópica y geometrizante de la realidad. Tras el cubismo llegan sus estetas y comienzan a desnudar la representación de elementos sobrantes quedándose con lo esencial o bien todo lo contrario, reconducen la trayectoria hasta el origen y barroquizan la composición hasta hacer indistinguible cualquier forma referencial. A mitad de camino hallamos a Mondrian y los neoplasticistas, a Malevich y los sumos sacerdotes del grado cero de la representación. En este repertorio de artistas que trabajan la abstracción el caso de Hilma af Klint no posee analogía posible. Solo con Kandinsky podríamos trabar intereses en torno a lo oculto tras el velo de la realidad y la importancia y ponderación de lo espiritual sobre lo material. De ahí la importancia de la artista sueca en este contexto, dada su rareza, acrecentada por sus repetidas alusiones a considerarse como simple mediadora de otra realidad que le dicta la expresión. Estamos pues ante la abstracción como trasunto colateral de un rito de iluminación.


Por otra parte y para terminar quiero referirme al hecho insólito de la no inclusión de la artista en la exposición colectiva que sobre los orígenes de la abstracción se inauguró a finales del año pasado en el MoMA de Nueva York. Parece ser que el museo pivota su selección en el cruce de relaciones y conexiones que establecen entre sí los creadores y que es esta red de enlaces la que determina el peso y el interés de la aportación de cada artista en la muestra. Como en el caso de la artista sueca su producción abstracta no existe como tal hasta bastante después de su muerte, no hay posibilidad alguna de enlace con sus coetáneos, por lo que para el museo neoyorquino pierde todo interés como pionera de la abstracción. Es evidente que este paradigma premia el vínculo entre artistas en detrimento de la insularidad; es decir, valora el contexto y el contraste heterogéneo de un estilo como la abstracción en perjuicio de la propuesta aislada de un artista. Y sospechamosdejándonos llevar por Vicenç Furioque esta pueda ser la razón de que un museo periférico como el Museo Picasso Málaga sea el que protagonice el desembarco en España de Hilma af Klint. La negativa del MoMA a reconocer el carácter pionero de la artista sueca por carecer del pedigrí relacional quizá sea el motivo de que otros museos españoles siguiendo el mismo preceptoléase el Reina Sofía de Madrid o el MACBA de Barcelonano se hayan ofrecido a mostrar su obra en un periplo internacional como el de la exposición que comentamos. Pues eso, que ellos se lo pierden, porque la exposición no tiene desperdiciopor lo dichoy porque se trata de un inolvidable descubrimiento que acrecienta la importancia de la abstracción.

Hilma af Klint. Pionera de la abstracción 
Museo Picasso Málaga 
Hasta el 9 de febrero de 2014
Comisaria, Iris Müller-Westermann

5 comentarios:

Francisco Salido dijo...

Preciosos los dibujos de flores. Cuando detrás hay un pintor-a la abstracción no queda vacía. Una exposición tan interesante como suelen ser en su mayoría las que realiza el museo Picasso de Málaga. Aunque suele poner (como la mayoría) trabas para que los niños se acerquen al arte. Una lástima con lo que parece que a Picasso les gustaban.

Ars Operandi dijo...

Por cuestiones de copyright las fotos que ilustran el artículo no pueden ser descargadas (N. de los Eds.).

Fernando M. Romero dijo...

Muy buena crítica, Ángel Luis, y muy necesaria. Enhorabuena!!!

j.caro dijo...

Magnifico, muchas gracias Angel.

Pilar del Pino dijo...


Redescubrimiento necesario en este momento hístorico de necesidad del arte como calor para tanta alma helada de materia y tecnología no bien usada.
Gracias a Hilma af Klint,Museo de Picasso y A.Luis Pérez Villén.