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15 ene. 2014

Hacia un horizonte cercano (zonas de indeterminación, intuiciones satisfechas y varias lecturas en espera)

Jacinto Lara, de la serie 17 Haikus, 2013, Dimensiones: 49,5 x 80 cm. Profundidad 4,5 cm. Tabla revestida con papel hecho a mano y varilla de acero de 0,6 x 0,6 cm. soldada. Foto: Javier Lara

Jesús Alcaide / Ars Operandi

Utilizamos las palabras para ordenar el mundo. Nuestro entorno aparece difuso, caótico, desordenado, hasta que el lenguaje intenta delimitar territorios y conceptos con los que facilitar que la experiencia humana pueda tener lugar en él. Venir al mundo, es venir al lenguaje, construirlo y habitarlo, experimentarlo con la certidumbre de aquel que conoce los vacíos que en el existen, los alambres sobre los que debe danzar y ese público que expectante espera su caída. Es tiempo una vez más para el funambulismo. Pongámonos pues a jugar con las palabras. 

Decía Wolfgang Iser que en el proceso de lectura se mezclan sin cesar las esperas modificadas y los recuerdos transformados. Ante una obra, el lector se enfrenta con su horizonte de expectativas mediante un correlato que consiste al mismo tiempo en intuiciones satisfechas y representaciones vacías (1). Leer es pues habitar esos vacíos, intentar nombrar esas zonas de indeterminación, construir entre (no)dos la casa del lenguaje. 

En este sentido, la obra de arte es una propuesta de juego, una invitación a viajar hacia horizontes cercanos, por lugares que desconocemos y que finalmente, como en el cuento de Borges, acaban formando el rostro de cada uno de nosotros, nuestro mapa interior. 

Hace ya varias décadas que en el trabajo de Jacinto Lara aparecen estas coordenadas; la palabra como signo, el paisaje como terra incognita, el arte como juego, la imagen como sombra. 

Inmerso en la lectura de sus últimas obras, 17 Haikus, vuelvo a transitar por paisajes que intentan revitalizar la experiencia del lector, llegar a lugares desconocidos por zonas poco confortables, en los que a modo de hitos o señales, las palabras, los signos, el lenguaje en definitiva, va trazando esa exhausta tarea de poner nombre a todo aquello que nos rodea, olvidando que ya Barthes decía que innombrables son las palabras del mundo, a lo que estas obras añaden, a veces las palabras nada significan, un verso de un poema de Antonio Gómez, que tramándose en las superficies de sus obras, no para de repetirse en mi cabeza desde ese momento en que lo leí, y llegue a comprender todo aquello que se esconde en esas cuatro palabras y el vacío que existe en todo signo. 

Jacinto Lara, de la serie 17 Haikus, 2013, Dimensiones: 49,5 x 80 cm. Profundidad 4,5 cm. Tabla revestida con papel hecho a mano y varilla de acero de 0,6 x 0,6 cm. soldada. Foto: Javier Lara

En un mundo como el nuestro donde viajar es sinónimo de turismo, el arte parece ser el único medio que nos queda para viajar hacia territorios remotos. De la misma manera que la posmodernidad acabó con los grandes relatos, nuestra hipermodernidad (2) o posmodernidad líquida por utilizar el término de Bauman, hace imposible no sentirse turista en expediciones inciertas como las del viajero actual. 

Tal y como afirma Jorge Carrión a propósito de Sebald, el viaje físico es correlato del viaje interior, de conocimiento, de indagación. El viaje total: también en la forma, en las palabras (3). Es esa la experiencia de viajar que tiene el lector ante estos 17 Haikus. No escudriñamos atlas como diría Chatwin, sino que navegamos por un mar de signos en el que como semionautas tenemos que aprender a esquivar las tormentas del significado, los restos del naufragio del significante, volver a creer en el lenguaje y el diálogo como únicas maneras de acercamiento a la experiencia artística. 

Frente a ese viaje para turistas, los 17 Haikus de Jacinto Lara nos llevan a donde no sabemos por lugares que nunca habíamos transitado. Caminando por sus trabajos aparecen huellas y pisadas que nos avisan de la importancia del camino, de la experiencia de andar, no ya como experiencia estética a la manera de Careri, sino como experiencia de vida. Un camino interior, un proceso de auto-conocimiento, un viaje hacia el fondo no ya de la noche, sino de cada uno de aquellos que nos colocamos delante de alguna de sus piezas.

Escritas al margen, o quizás anotadas, como en el título de su anterior exposición, las palabras se van disolviendo para hablar sobre estos haikus que van desapareciendo de la superficie de la pantalla para habitar los vacíos internos de aquel que ahora escribe sobre ellos. Yo mismo, el funambulista que contra las cuerdas vuelve a ensayar corvetas y acrobacias sobre el alambre del lenguaje. 

Caminar por caminar cansa, tal y como aparece en una de sus piezas, pero no es cansancio o agotamiento lo que se puede leer en cada uno de estos haikus, sino todo lo contrario, la huella de todas aquellas experiencias que configuran la memoria personal del artista, los alambiques geométricos de un pensamiento que parece asentarse y sostener el magma caótico de la memoria y la vida. 
Jacinto Lara, de la serie 17 Haikus, 2013, Dimensiones: 49,5 x 80 cm. Profundidad 4,5 cm. Tabla revestida con papel hecho a mano y varilla de acero de 0,6 x 0,6 cm. soldada. Foto: Javier Lara

De esta manera, al igual que en trabajos anteriores se había decidido a escudriñar el mundo a partir de figuras geométricas imposibles que proyectaban su sombra sobre el mundo real, en esta ocasión, esas estructuras geométricas, modelos mentales de número y aritmética visual, hunden sus cimientos en la masa informe de esas texturas del papel artesanal tintado, esgrafiado, grabado, trazando puentes y conexiones entre dos mundos considerados comúnmente opuestos, pero que como se ve en cualquier haiku, forman parte de ese Todo en el que se desarrolla nuestra vida. 

Y es en este Todo, donde los haikus de Jacinto hacen crepitar las múltiples experiencias que ha tenido a lo largo de estos años con diversas enseñanzas de la cultura oriental, experiencias que van creando una interminable trama sobre la que aparecen palabras, versos, que como señales o signos, nos orientan en algo que más que una cartografía sentimental, casi lo llamaría una topografía de la experiencia, habitada y señalada por los límites del yo siempre en relación con los otros. 

No existe otra manera de abordar estos haikus que no sea la del juego y el diálogo. Si en el famoso texto de Gombrich  (4) el niño jugaba con un caballo de madera, que no era más que un simple palo al que el niño convertía en animal sobre el que cabalgar, en los haikus de Jacinto, está Todo y está Nada, lo que quizá sea más importante, ese vacío que permite que nos proyectemos sobre cada una de estas composiciones para estar alerta de que, hablar de sentimientos no resulta gratuito y lo que duele me transforma

Decía Cioran que la mayor de las locuras es creer que caminamos sobre algo sólido. En cuanto la historia se insinúa, nos persuadimos de lo contrario. Nuestros pasos parecían adherirse al suelo y descubrimos bruscamente que no hay nada que se asemeje al suelo, que tampoco hay nada que se asemeje a los pasos (5)

Una vez más el lápiz quebrado en la portada del libro de Cioran me advierte sobre la futilidad de la escritura, sobre la imposibilidad de llegar al fondo de esos vacíos que deja el lenguaje, sobre la manera de habitar las zonas de indeterminación de Iser, sobre esas simas que se abren en cada uno de los 17 Haikus de Jacinto Lara. 

Su sombra me persigue. Hace tiempo que ya no veo las imágenes, sino la sombra que proyectan. Ahí es donde habita su presencia, en ese no ser, no estar, a medio camino entre el acontecimiento y la memoria de lo acontecido. Rastros y recuerdos que engrasan la maquinaria del pensamiento para volver a ponernos frente a otra de las frases que aparece esgrafiada en uno de los haikus. Cada ausencia, cada huella, cada cicatriz, son un poema

Y aquí es donde el círculo se cierra, pues por más que se suture, la cicatriz es recuerdo de un dolor, la huella, presencia de algo que ya pasó, y la ausencia, el signo de un acontecer que irremediablemente ya nunca volverá. Mientras tanto, seguiremos caminando. Despacio, pero caminando. 

1 Iser, W. “El proceso de lectura”. Estética de la recepción. Madrid. 1989. p.151
2 Lipovetsky, G. Los tiempos hipermodernos. 2006
3 Carrión, Jorge. Viaje contra espacio: Juan Goytisolo y  W.G. Sebald.. 2009. p.153.
4 Gombrich, E.H. Meditaciones sobre un caballo de juguete. Escrito originalmente como aportación a Aspectos de la forma. Simposio sobre la forma en la naturaleza y el arte. L.L Whyte (ed.), Londres, 1951. 
5 Cioran, E. Desgarradura. 2004. p.83
                                  
Jacinto Lara
17 Haikus
Galerías Cardenal Salazar
Facultad de Filosofía y Letras
Comisario: José Álvarez

1 comentario:

Anónimo dijo...

Siempre he sido un fan de Jacinto Lara. Me encantan los Haikus, en especial el que aparece al principio de este artículo, donde la imposibilidad de la geometría creada produce la impresión de un cuarta dimensión.

Casi tan fascinante resulta la imposibilidad, la paradoja en sí que es el texto-glosa-artículo: perfectamente denso y perfectamente vacío.