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18 abr. 2014

Natalie Häusler & Fernando M. Romero. El polvo se posará

Aspecto de la intervención de Fernando M. Romero en la fachada de CoMbO. Foto: FMR

Jesús Alcaide / Ars Operandi

Una exposición es siempre una conversación, un diálogo entre el artista, el espacio y el público. En este lugar, hablamos ahora con Natalie y Fernando sobre su exposición en CoMbO, un espacio independiente en Córdoba para artistas que están explorando las posibilidades de las residencias artísticas en La Fragua (Belalcázar). Dos espacios, dos artistas, algunas preguntas y quizá también respuestas. Comienza a fluir la conversación infinita.

Jesús Alcaide.– CombO es un espacio abierto a la experimentación y el diálogo. Una posibilidad para arriesgarse y equivocarse. ¿De que forma valoráis esta posibilidad en vuestra manera de trabajar?

Fernando M. Romero.– En mi caso el error es una herramienta más de mi trabajo. De hecho la mayoría de mi rutina en el estudio se basa en generar y producir errores y distorsiones sobre materiales visuales recurrentes. Este tipo de proceso en bucle en el que la imagen va incorporando y acumulando pequeños errores o fracturas me sirve para indagar en la manera en que percibimos y construimos nuestra realidad. Lo que sí me ha permitido CoMbO es poder mostrar una visión más amplia de este proceso y no sólo el resultado final. Podría decirse que mi trabajo para Combo ha supuesto una oportunidad de desplazar el foco hacia esa carencia de certidumbres, hacia esa ausencia, y cómo desde ahí podemos continuar trazando construcciones aún siendo conscientes de su precariedad. En ese contexto los “errores” despliegan mucha más información y de mayor interés que los aciertos.

Natalie Häusler.– Mi trabajo reciente ha sido moldeado bajo una estructura de trabajo muy abierta. No llego a un lugar con una idea preconfeccionada. Me interesa llegar a un nuevo lugar con una percepción permeable y ver qué llega a mi campo de visión cuando me abro a ello. Luego, el trabajo en sí, es recoger y transformar lo que encuentro y en lo que me concentro. No estoy segura acerca de los términos “riesgo” y “error” ya que los dos tienen un valor de sentencia que son, pienso, algo ficticios en relación con la creación artística. Lo que importa es lo que uno decide que merece la pena hacer, eso es lo que tiene cierta dificultad.

Vista de la sala con obras de Fernando M. Romero. Foto: FMR
J.A..– Hay algo que a primera vista puede relacionar el trabajo de ambos que es el propio proceso de construcción de las obras. Mientras Natalie trabaja con material textual y sonoro, Fernando lo hace con archivos visuales, imágenes que se de-construyen y remezclan. ¿Cómo se ha ido produciendo este trabajo en el espacio de residencia de La Fragua?

F.M.R..– En mi caso comencé a partir de una imagen fotográfica muy ligada a mí, vinculada a una pérdida reciente. Normalmente trabajo con imágenes más genéricas, sin esa carga autobiográfica, pero en este caso me inquietaba cómo los procesos de construcción de nuestra imagen de la realidad se aplicaban al recuerdo y a la memoria. Mi trabajo siempre ha incidido en cómo nuestras concepciones previas afectan y modifican nuestra percepción de la realidad. Sin embargo al enfocarme en la memoria me ha llamado la atención que este proceso se multiplica debido a que su objeto ya no existe o no está presente. Esto hace que sea aún más “representación” si cabe. Una representación que se repite una y otra vez en nuestro recuerdo y se va modificando al introducir además el factor tiempo. Simultáneamente, esa construcción de la memoria condiciona toda nuestra identidad y supone un filtro indeleble que modifica nuestra percepción del momento presente. De este modo comencé a cuestionarme todo esto a partir de la imagen mencionada, partiendo de repeticiones y manipulaciones en papel a pequeña escala. Conforme nuestro trabajo avanzaba comenzamos a percibir conexiones entre ambos de una forma muy natural y no premeditada. De algún modo creo que ambos trabajos se imbuyen de la idea del rastro, de la ausencia y de la problemática que implica esa traducción. Esta ocasión además me ha permitido, por la forma de presentar mi trabajo, mostrar esa noción de tiempo o de secuencia de manera más explícita.

N.H..– Los primeros intentos que hice al llegar a Belalcázar fueron grabaciones de sonidos de pájaros. Era el inicio de la primavera y por tanto sonidos muy intensos, de alguna forma casi agresivos. Me interesé en la repetición, los patrones de este lenguaje, y comencé a pensar en qué forma podía transformarlos en partituras para poemas, estructurándolos como si fueran un coro.

J.A..– Ambos habéis realizado gran parte de vuestros últimos proyectos en Berlín. ¿Qué os aporta como ciudad para artistas?¿ Qué creéis que nos puede aportar a esta ciudad?

F.M.R..– Berlín me ha aportado un intercambio muy constante e intenso con compañeros que no sé si habrían podido producirse en otras ciudades. Por otro lado me ha permitido leer mi trabajo desde otro contexto muy distinto, lo cual me ha permitido abandonar determinados corsés y hacerme más consciente de mi proceso. Lo que una referencia como Berlín puede aportar a una ciudad como Córdoba son tres cosas en mi opinión: en primer lugar desactivar esa noción de que la cultura o el arte siempre van ligados a un gran potencial económico detrás que lo genera y lo sustenta. Berlín es una ciudad pobre pero la actitud proactiva de todos los agentes implicados, la imaginación y la cooperación entre ellos generan una escena increíblemente activa que compite con plazas mucho más fuertes económicamente como Londres o Nueva York. En segundo lugar, nada de esto sería posible sin la existencia de una fuerte sensación de colectivo entre artistas, comisarios, residencias y demás agentes. En Córdoba se echa en falta ese apoyo y esa cooperación entre compañeros, esa curiosidad por ver qué se está haciendo y qué podemos aprender de ello. Y por último, da gusto ver cómo en Berlín (y en Europa en general) la cultura es algo cotidiano que forma parte de la vida diaria de la ciudadanía, que se acerca sin complejos a galerías, inauguraciones, museos, conciertos, charlas, eventos y talleres. En ese sentido CoMbO y La Fragua me parecen iniciativas muy necesarias para trabajar en estas carencias y una oportunidad para una ciudad como Córdoba.

Obra de Nathalie Häusler en CoMbO. Foto: FMR
N.H..– Me impresionó Córdoba desde el momento en que llegué a la estación de autobuses, una estructura circular de cemento que encierra un jardín de palmeras. La mezcla arquitectónica de la ciudad es tremendamente chocante y tiene una buena atmósfera. No he pasado suficiente tiempo en Córdoba para comentar cuál es la situación de los artistas pero creo que un lugar como Combo, es un regalo para la comunidad de artistas, y desde aquí se pueden desarrollar cosas muy interesantes hacia el exterior. Berlin, es por supuesto, una ciudad con una gran fluctuación de artistas y muchas cosas interesantes pasan por allí pero personalmente exponerme a un lugar como Córdoba es mucho más inspirador. Es muy importante cambiar el campo de visión de tiempo en tiempo.

J.A..– Otro de los elementos que puede unir el trabajo de ambos, es la manera en que trabajáis en lo que Mitchell denominaría la In(ter)disciplina, o en esos territorios de nadie donde las antiguas clasificaciones disciplinarias (pintura, escultura, instalación, fotografía) ya parecen no ser demasiado claras. ¿Se puede trabajar a día de hoy desde la propia disciplina, o es inevitable contagiar vuestro trabajo de todo aquello que os rodea e interesa?.

F.M.R..– Creo que en mi caso ha sido un proceso gradual y natural que se origina desde la pintura. Es la pintura la que moldea mi forma de mirar, de pensar y de construir significado. Y para mí sigue siendo así aunque el soporte final no sea necesariamente pintura sobre lienzo. El uso de la fotografía, de instalaciones o de intervenciones es una forma de mostrar procesos que suceden en el estudio y que no siempre conducen a una pintura. En mi proceso diario en el estudio no hay barreras entre fotografía, instalación, pintura o intervención, pues todo forma parte de lo mismo y se influye mutuamente. Saltar de una disciplina a otra me ofrece formas de abordar el mismo problema desde enfoques distintos y me permite acotarlo con mayor precisión. La fotografía o las intervenciones me brindan un ritmo y una independencia frente a la escala que me permiten desarrollar ideas que no podría hacer en pintura. Finalmente todas esas ideas terminan contagiando al resto de disciplinas y saltando de una a otra.

N.H..– La manera en la que formulas esta pregunta me hace pensar en la palabra alemana “Ungehorsam/ Esp.: Desobediencia”. “Interdisciplinario” significa literalmente falta de disciplina y puede ser entendido como una forma de desobediencia a la separación de disciplinas. Es interesante pensar de esta forma en el tratamiento de las disciplinas, no necesariamente enfatizando el dominante acercamiento hacia la variedad existente. En mi caso se trata de descubrir dónde diferentes disciplinas cubren el mismo campo, dónde se cancelan unas a otras o dónde se superan. Mi método de trabajo muchas veces es la simultaneidad, por lo que puede resultar distractivo, esforzando la atención hacia diferentes piezas. Es un método de trabajo que considero muy productivo. Recientemente he vuelto a trabajar propiamente con las disciplinas, separándolas y poniéndolas a un lado una de otras en lugar de mezclándolas.

En primer término intervención sobre cristal de Fernando M. Romero,
al fondo intervención en la pared de la calle de Nathalie Häusler. Foto: FMR
J.A..– Ambos expandís vuestro trabajo más allá no sólo de la disciplina sino de los propios límites del objeto, propiciando las intervenciones site-specific en la sala de exposiciones e incluso en el espacio público. ¿Qué os interesa de esta manera de trabajo?

F.M.R..– Tiene que ver con lo que apuntaba antes, con esa intención de llevar al límite un proceso o desarrollarlo hasta que desborde la propia disciplina. Personalmente, el trabajar en intervenciones site-specific, jugar con el espacio de exhibición o intervenir un espacio público me sirve para desplazar el foco hacia la percepción y cómo podemos modificarla o tenderle trampas que nos alerten sobre otras mucho más sutiles y con las que convivimos sin ser conscientes. En este caso en concreto he intervenido sobre el cristal que comunica con la calle. Me resultó más acorde con el planteamiento inicial intervenir sobre una superficie sin ninguna certidumbre como es el cristal que hacerlo sobre la pared como he hecho en otras ocasiones. Proyectar esa retícula sobre el cristal es para mí una forma de articular ese vacío, de llenar ese hueco. Además el cristal, por su transparencia me servía para plantear cuestiones sobre los filtros que anteponemos a nuestra percepción y cómo la modifican inevitablemente. Al fin y al cabo mi trabajo busca hacer evidente el cristal por el que miramos y las proyecciones que en él encontramos. De esta manera podía hacer que el espectador experimentase esa sensación al moverse por el espacio, tanto dentro como fuera.

N.H..– Pienso que el entendimiento de dónde el objeto es situado, dónde ocurre, es una cuestión muy compleja en nuestro momento actual. Esta fluctuación del discurso y el significado, así como la dificultad de establecer un seguimiento del momento de la recepción (-del objeto) en un lugar o la interacción con una persona, tiene, por estos motivos, una gran influencia en mi método de trabajo.

En este territorio de similitudes y diferencias, incertidumbres y certezas es donde comienza a fraguarse el diálogo entre los trabajos de Natalie y Fernando, y donde termina esta conversación para que se abran otras nuevas, aquellas que los visitantes podrán tener con sus obras en esta exposición.


Dust is going to settle. El polvo se posará.
Natalie Häusler & Fernando M. Romero.
CoMbO. Hasta el 4 de mayo 


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