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16 may. 2014

Un asunto delicado en CoMbO. Tommy Høvik y Pablo Capitán


En primer término escultura de Pablo Capitán, al fondo obra de Tommy Høvik. Foto: Cortesía CoMbO

Gabrielle Mangeri (codirectora de La Fragua y CoMbO) para Ars Operandi

Tommy y Pablo acaban de pasar un mes en Belalcázar: conviviendo, comiendo y trabajando juntos en La Fragua. Es la segunda dupla de artistas invitados a participar en el programa CoMbO: experimentación + exposición. Tommy llegó directamente desde Oslo, Pablo desde Granada; dos contextos diferentes para jóvenes artistas. Ahora en Córdoba, un territorio virgen todavía para exposiciones experimentales e independientes, ¿será posible que dejen una huella?

Gabrielle Mangeri (G.M).: Dos de los conceptos fundamentales detrás de La Fragua y CoMbO son "movilidad y temporalidad". Sin la llegada y partida de nuevos artistas el programa no tendría vida. En vuestro proceso de trabajo y experiencias propias, ¿Ha sido importante desplazaros y tener vivencias en nuevos entornos para el trabajo creativo?

Pablo Capitán del Río (P.C.): Creo que sí, no sólo porque el cambiar de lugar de trabajo trae consigo el estar influido por otros estímulos, sino también por la novedad con las que se percibe el propio lugar, como si fuera una oportunidad para encontrar nuevos caminos de investigación. Normalmente esa receptividad va acompañada del hecho de que suceden más cosas, y que a veces algunas de ellas, como ha sido mi caso, se conviertan en temas para obras inesperadas.

Tommy Høvik (T.H.): Totalmente, desplazarse es importante. Cada vez que viajo a un nuevo lugar, algo diferente inspira mi lenguaje artístico. Encuentro nuevos materiales, cosas hechas e influencias que adquiero de la gente que conozco. Es como irse a dar un largo paseo o correr después de haber estado sentado horas enteras en el escritorio por ejemplo. Salir siempre me hace ver las cosas de con una nueva perspectiva.

G.M.: Walter Benjamin dijo que "vivir significa dejar huellas". ¿Pensáis que habéis dejado alguna en Belalcázar? Si fuera así, ¿Dónde podemos encontrarlas?

P.C.: En mi caso creo que más que una huella particular o física, lo que se percibe en el pueblo es una huella colectiva de ser un lugar pequeño por el que han pasado y siguen pasando muchos artistas. Es llamativo ver como mucha de la gente de aquí se han habituado a convivir con la creación artística como una profesión más dentro de la vida del pueblo antes que como una “rareza” llegada de la ciudad. La franqueza y la naturalidad de la gente del pueblo con los que llegan creo que es la mejor huella que los artistas de la fragua han ido dejando aquí.

T.H.: Puede ser que sea un intercambio entre el visitante y el lugar visitado, los dos dan y reciben algo que puede tener un impacto, ya sea pequeño o grande. Algunas veces ni siquiera te das cuenta lo que ocurre antes de que pase un tiempo vital. Yo normalmente he pintado en la cercanía de ciudades grandes, pero me ha gustado la paz que he tenido aquí en el campo. Ha sido un lujo estar en la naturaleza, con paz y silencio para concentrarme solo en mi trabajo y tener el tiempo de reflejarlo de varias maneras. Esta vida sencilla es bastante atractiva para mi, ese es el trazo que ha dejado, al menos en mí, Belalcázar.

Obra de Pablo Capitán en Delicate matter. Foto: Cortesía CoMbO
G.M.: Aunque vuestros trabajos sean bastante diferentes, da la sensación que algunos conceptos se solapan. Los dos trabajáis con objetos y texturas, una suerte de capa sobre capa, reproducción e interpretación de una "cosa" encontrada. ¿Veis vosotros también estas similitudes? ¿Pensáis que
vuestro trabajo se ha visto influido por el otro artista durante la residencia?

P.C.: Veo similitudes entre nuestros trabajos en el sentido en que los dos trabajamos desplegando las capas de sentido que irradian los objetos y los manipulamos para dirigirlas. A nivel de procesos de trabajo creo que somos bastante diferentes así que aún es pronto para notar si mi obra ha sido influida por la de Tommy. En el día a día lo más sorprendente ha sido ver diariamente cómo cada uno por separado íbamos probando soluciones para abordar los objetos desde nuestras posiciones; la sucesión de cambios que iban sufriendo al ser percibidos desde dos comprensiones distintas. Cuanto menos, ha supuesto una apertura de miras con respecto a mi modo de trabajar anterior.

T.H.: Sí, veo bastantes similitudes en nuestro trabajo. Cuando vi el trabajo de Pablo por primera vez me quedé impresionado, sentí bastante confianza en resolver los problemas que pudiéramos encontrar en este proyecto de exhibición conjunta. No puedo decir que haya estado directamente influido por su trabajo durante mi estancia pero ha sido un buen compañero a la hora de discutir conceptos y soluciones prácticas para la exposición. Nos hemos hecho amigos durante la residencia.

G.M.: Os he visto trabajando al aire libre en el convento durante el último mes. ¿De qué manera ha afectado vuestro espíritu y al trabajo que habéis realizado para esta exposición? ¿Podemos ver alguna pista de "primavera" en la exposición?

P.C.: Trabajar al aire libre en un espacio como el convento es algo que no hacía desde hace varios años. Supone un cambio total respecto al espacio cerrado de mi estudio en Granada. Aquí todo está lleno de mínimas interferencias porque se trabaja dentro del ritmo del mundo natural y sus procesos; los insectos, la temperatura y la luz van marcando en cierto modo el estado anímico día tras día. Sobre todo en un sitio tan fértil como es esta región del valle en la que la primavera esta omnipresente. Imagino que algo de huella habrá dejado en la obra, pero si acaso en el tono vital en el que fueron ideadas antes que en referencias o narrativas sobre ella.

T.H.: Viniendo de un estudio en un área concreta del centro de Oslo a trabajar en el exterior, en pleno sol, en un jardín hermoso de un convento como éste, ha sido puro éxtasis. La primavera es mi época favorita del año, esto también ha inspirado mi trabajo. No he pintado desde 2004, pero durante mi estancia ha vuelto a despertarse en mi la pintura. Ser capaz de trabajar de una manera divertida en lienzos grandes rodeado de árboles bonitos, flores y pájaros ha sido como una pieza de Debussy. Pienso que este tipo de luz y armonía puede estar reflejada en algunos de los trabajos que presento en Combo.

Obra de Tommy Høvik en Delicate matter. Foto: Cortesía CoMbO
G.M.: ¿Teníais alguna idea preconcebida antes de venir al convento y a Córdoba? Si era así, ¿Ha ayudado o perjudicado a completar ciertas cosas aquí?

P.C.: La única idea preconcebida que tenía antes de llegar, al margen de lo que uno conjetura al ver las fotos del convento y del pueblo, es que iba a intentar en la medida en que pudiese trabajar de un modo más “ligero” con los materiales; tratar de quitar peso a la limpieza en la ejecución y
centrarme más en combinatorias de materiales desacostumbrados para mí.

T.H.: No ha sido exactamente como había imaginado, aunque todo ha salido bastante bien. Cuando llego a una nueva ciudad siempre dedico mucho tiempo a conocer sus diferentes zonas, con un especial interés en recintos espirituales, cultos excéntricos, mercados, tiendas de segunda mano, grafitis viejos y cosas así. Mi trabajo se basa frecuentemente en cosas hechas que deconstruyo y ordeno para algo nuevo y he encontrado aquí buenas piezas con las que trabajar.

G.M.: Por último, CoMbO y La Fragua son espacios gestionados de manera independiente. ¿Cómo describirías las diferencias de trabajar en este tipo de lugares en contraposición a organizaciones más institucionales?

P.C.: Lo principal es que en este tipo de espacios gestionados de forma independiente se mantiene muy visible la escala humana porque se puede ver su funcionamiento como un contorno preciso. Se conoce quien es cada uno de los que están haciéndolo posible, se llega a conocer el modo de vida que llevan o las razones que les mueven a apostar por este tipo de iniciativas. A nivel de trabajo supone soslayar por ambos lados la figura del agente.

T.H.: Soy un artista bastante "limpio", nunca hago un desastre en mis exposiciones, por eso consigo normalmente lo que quiero. Además hasta el momento he trabajado solo con espacios e instituciones no comerciales, por lo que nunca he tenido la presión de nadie para presentar un trabajo "vendible". ¡A pesar de que todos necesitamos dinero! En el último año, Oslo ha tenido mucha repercusión internacional precisamente por la cantidad de espacios dirigidos por artistas. Es una escena muy vital con buenos programas internacionales. Algunos espacios reciben presupuestos buenos del estado para organizar exposiciones increíbles, otros se mantienen con bajos presupuestos personales. Yo también dirigí un espacio no comercial llamado Agnes Amstaff durante cuatro años en Oslo. Nunca solicité dinero o intenté vender obra alguna. Todo lo hice por el amor y la fe en los artistas con los que trabajaba. Decidí terminar un día, precisamente mientras estaba sentado en el jardín del convento de Belalcázar. Solo puedes hacer este tipo de trabajo voluntario por un tiempo. Luego alguien nuevo, con ideas frescas y energía, necesita mantener el fuego vivo.

El trabajo de Pablo y Tommy se desplaza del estudio a la galería, a un nuevo ámbito de interpretación y significado. Trabajos hechos específicamente para CoMbO, mostrados aquí por primera vez. Hechos con total libertad y bajo control de los artistas. Influidos por este sitio, La Fragua, bajo la atmósfera de este programa y de alguna manera un reflejo de este tiempo, una manifestación individual de la primavera de 2014 en un pequeño pueblo llamado Belalcázar. ¿A lo mejor podemos ver algo de ello? ¿A lo mejor incluso nos vemos reflejados en algo? ¿O quizá podamos encontrar nuestra propia interpretación de la exposición? Los artistas son los que mantienen el fuego de La Fragua vivo y vosotros, el público en CoMbO, el círculo en el campamento.

Delicate matter
Pablo Capitán del Río y Tommy Høvik
CoMbO. Hasta el 1 de junio


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