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9 jun. 2016

Pasajes I. Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan

TRIBUNA ABIERTA

Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan, 1994. Port Bou, Gerona. Foto: Jorge Varas
Jorge Varas / para Ars Operandi


“Es una tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que no la de las personas célebres. La construcción histórica se consagra a la memoria de aquellos que no tienen nombre”. (1)

Conocía ya por imágenes consultadas en Internet el monumento de Dani Karavan destinado a conmemorar los cincuenta años de la trágica muerte de Walter Benjamin. Esta emplazado en Port Bou, pues aquí fue donde en septiembre de 1940 este berlinés no encontró ningún motivo ventajoso para conservar su vida, una vez que se vio acorralado y angustiado ante el escabroso futuro al que le conduciría la entrega de su persona por parte de las fuerzas de seguridad de nuestro estado, a los mandos alemanes de la Francia ocupada. Mi opinión cuando observé aquellas fotografías ya fue satisfactoria, y al contrario de lo que suele ocurrir cuando tenemos altas expectativas sobre una determinada realidad, la cualificación atribuida en este caso no se devaluó.

Llegamos a esta población a través de la carretera que conecta los pintorescos pueblos costeros del Alt Empordà, algunos como el mítico Cadaqués muy degradados por la especulación característica del desarrollo turístico. Lo que fue desde el siglo XVI un pequeño pueblo de pescadores, atractivo para pioneros célebres como fueron Marcel Duchamp, Picasso o el mismo Salvador Dalí natural de estas tierras, se ha alterado hacia otra clase de lugar que no se si sería hoy del agrado de aquellos singulares personajes. Cadaqués, Port de la Selva, Llança y Port Bou; entramos finalmente en la población fronteriza dotada por su posición geográfica con una importante estación de ferrocarriles.

Al llegar, un cartel nos indicaba que girásemos a la derecha para acceder al cementerio, donde sabíamos que estaba ubicado el memorial que ahora referimos. Ya he señalado en otros textos mi interés por visitar los camposantos, el de Florencia, el de Bonifacio, el de Fornells, el de Montparnasse, el de Deiá, el de Palermo… Todos son espacios sosegados donde pasear me resulta muy grato, pues recorriéndolos puedo paladear con más intensidad muchas de las delectaciones que provoca la práctica de esta actividad. También lo es en el cementerio de Port Bou, donde rodeada de otras sepulturas se mantiene al parecer sin cadáver la que pudo ser de este intelectual homenajeado. “No hay ningún documento de la cultura que no lo sea también de la barbarie”, es la inquietante frase escrita por la pluma del filósofo que debajo de su nombre y de las fechas de apertura y cierre de su biografía, está grabada en alemán y catalán sobre la placa de granito negro que señaliza esta simulada sepultura. La historia del cadáver, como el de Goya o como el de F. W. Murnau tiene un acontecer misterioso, pues hay algunos rumores que expresan que después de compartir la fosa común del cementerio, su cuerpo pudo desaparecer ante el temor de que fuera profanado por los nazis; por eso, pudieran estar enterrados sus restos en otra fosa sin nombre, o con él una vez intercambiado el orden de nombre y apellido para evitar su saqueo (Benjamín Walter).

Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan, 1994. Port Bou, Gerona. Foto: Jorge Varas

Aunque constituido según un diseño que apuesta por una producción y configuración comedida, distinguiéndose de la dirección grandilocuente que con frecuencia han tomado otras obras públicas en los tiempos de bonanza económica, el memorial de Dani Karavan (Tel Aviv, 1930) se significa más que el recordatorio situado en el interior del recinto de reposo. El reducido presupuesto en este caso no impidió el compromiso y la identificación del creador plástico con el trabajo del filósofo. Precisamente el éxito de esta empresa, provocado por la significación del homenaje y por la actitud comprometida de un artista competente, nos demuestra de nuevo que la afectación de lo espectacular de algunas producciones escultóricas no garantiza su efectividad estética. ”En esa llamada procedente de Bonn, Konrad Scheurmanann, director de AsKIme pidió que diseñase un monumento en memoria de Walter Benjamin. Ya desde el inicio advirtió que disponía sólo de una pequeña cantidad de dinero. Esto no es cuestión de dinero, le respondí. Yo mismo estoy en deuda con Walter Benjamin. De inmediato supe que no podría diseñar un monumento a Walter Benjamin. Pero quizá si un homenaje al hombre, al filósofo, al cronista, al crítico, al partisano de nuevas ideas”(2).

Karavan, formado como artista en Tel Aviv, Florencia y París, ya tenía en el momento del encargo una importante experiencia como creador de obras públicas y había participado en eventos artísticos importantes como la Bienal de Venecia del 76 o la Documenta 6 de 1977. En esta ocasión mantiene la propuesta ya presente en sus obras anteriores, de incitar al espectador a realizar recorridos alrededor del espacio en el que se insertan sus construcciones, siempre en asertiva dialéctica con el paisaje. Y además, se añadían como pluses la integración de dos temáticas propias de la tradición judaica como son la memoria y el exilio.

En este memorial quiso hacer referencia a la obra magna e inacabada de Benjamin Pasajes. A partir de algunas de las ideas que se proponen en el texto ha creado su propio pasaje construido en acero, que desciende desde la plataforma de entrada, al barranco que limita con las aguas del mediterráneo. El sitio de ubicación del monumento que tanto gustó a Hannah Arendt cuando lo visito en 1941, “Da a una caleta, directamente al Mediterráneo; desmontado en la roca, desciende en escalones en forma de terraza, en cuyos muros de piedra se incrustan los nichos. Es seguro, uno de los lugares más extraordinarios y bellos que he visto en mi vida” (3), favorece de forma ineludible el fortalecimiento de las sensaciones estéticas que nos ofrece; pero el arquitecto inteligentemente supo erigir una construcción que enfoca como un catalejo al paisaje activándole, concienciándonos de su belleza, constituyéndole como un elemento asociado esencial de la obra. Planificándolo todo con mucha intención, emplaza al espectador en un escenario grandioso, orientándole a adoptar una mirada romántica vinculada a la del propio Benjamin, y a partir de esta experimentación según donde orientemos esta, podremos distinguir entre esos dos términos diferenciados y relacionados a la vez que son el mundo visual y el campo visual. La realidad en toda su amplitud abierta a nuestra elección o la realidad enmarcada que selecciona y concreta nuestra percepción.

Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan, 1994. Port Bou, Gerona. Foto: Jorge Varas

Inaugurado el 15 de mayo de 1994, su producción fue financiada por la Generalitat de Catalunya y el Gobierno de la república Federal de Alemania. Asume por tanto también el memorial el título de la extensa obra inacabada de Benjamin, Passagenwek, texto que ocuparía al escritor desde 1927 hasta su fallecimiento. En él recogió la información necesaria para esbozar un rompecabezas activador de múltiples especulaciones, un plano de los fenómenos sociales de la modernidad que propone variadas alternativas de elección. El Pasaje, construido con láminas de acero que taladra el acantilado asomándose al mar, nos recuerda las galerías acristaladas tan aludidas por Benjamin en sus escritos sobre el París de Baudelaire, tan seductoras para él; pero también invoca los Pasajes entendidos como provisión de los relatos que ilustran los tránsitos de la vida moderna, o como textos sagrados de la tradición judaica que reclaman el sosiego necesario para ser interpretados y de ese modo poder obtener algún resplandor de veracidad de la realidad que nos circunda.

La filosofía de la historia, la necesidad de la experiencia, la idea de límite, el paisaje como aurea o la necesidad de la memoria, ideas centrales de la obra del autor alemán, han sido intencionadamente aprovechadas por el artista y ciertamente pueden ser percibidas con facilidad, cuando transitamos como espectadores el espacio en el que se despliega este memorial integrado completamente en el entorno paisajístico.

Una vez alcanzada la cima de la colina donde está la explanada en la que se establece el memorial, el visitante puede establecer varias experiencias perceptuales en función de los recorridos elegidos alrededor de los elementos que intervienen en su configuración. Independientemente de los tres recorridos cardinales, pero no excluyentes propuestos por el autor (pues coincide con Benjamin en que uno de los efectos más nefastos del sufrimiento del pasado siglo fue motivado por la imposibilidad de la experiencia), para mi fueron la interacción de construcción de acero, paisaje y cementerio, los elementos que mas condicionaron mi experiencia perceptual, una experiencia ciertamente muy física.

El primer pasaje o recorrido está determinado por la construcción del elemento arquitectónico de acero corten. La elevación sobre la superficie de la plataforma del prisma triangular de chapón de acero de unos 25 mm de grosor, hace la función de pórtico del pasadizo o túnel angosto de pronunciada pendiente, que con 87 escalones desciende vertiginosamente al mar. Según bajamos el corredor de 2,35 metros de altura apoyando con cuidado nuestros pies en los peldaños de este túnel de oxidado material férrico, cuando hemos recorrido tres cuartas partes de la distancia total del tubo de sección rectangular, nos topamos con un grueso vidrio que nos protege de la caída al mar. En dicho cristal aparece grabada una cita de Benjamin procedente de sus tesis sobre el concepto de la historia con la que yo abría el presente texto. Constituye Karavan un elemento estético que tiene dos caras, una exterior y otra interior, que nos condiciona a adoptar varias miradas paralelas de la realidad que rodea a dicho elemento. En las fotografías que presento podemos hacernos una ligera idea de lo que trato de explicar, pero más que en otras obras se hace aquí necesaria la experiencia real.

Memorial a Walter Benjamin, Dani Karavan, 1994. Port Bou, Gerona. Foto: Jorge Varas

El segundo pasaje se dispone a partir de un sendero abrupto y pedregoso que lleva de la modesta plataforma de delante del cementerio a la parte trasera del mismo, a la zona no católica. Según lo andamos vemos un centenario olivo con sus característicos retorcimientos de su tronco y de sus ramas, un árbol que ha representado más veces para Karavan el deseo de reconciliación. Desde este hito natural nos detenemos a contemplar el mítico y legendario Mediterráneo, los Pirineos y con una aguda visión también podremos distinguir el paso fronterizo por el cual Benjamin angustiado huía de sus verdugos para acabar en Port Bou, su estación definitiva.

El último recorrido que finaliza en el cementerio donde está enterrado el autor en una fosa común, pasa por una plataforma cuadrada de 16 m² donde un cubo de acero situado en el centro invita también a la admiración de la grandeza de todo lo que nos rodea.

Notas 
(1) Sánchez Sanz, J./ Piedras Monroy, P. (1989). A propósito de Walter Benjamin: Nueva traducción y guía de lectura de la “Tesis de Filosofía de la Historia”. “Duererías. Analecta Philosophiae”, Revista de Filosofía, 2ª época, nº 2, febrero 2011|ISSN 1989-7774. Pág. 12 


(3) El crimen fue en Port Bou. (5- 8-1984). Goytisolo, J. http://elpais.com/diario/1984/08/05/opinion/460504810_850215.html 
En esta cita la discípula de Heidegger parece visualizar algunas de las cualidades de la obra que años después realizaría Dani Karavan.

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