.

.

6 ago. 2016

PhotoEspaña (y 3) Hiroshi Sugimoto, la fotografía como vanitas

El Capitan, Hollywood, 1993. Impresión a la gelatina de plata. 119.5 X 149 cm © Hiroshi Sugimoto

A. L. Pérez Villén / Ars Operandi 

Black Box de Hiroshi Sugimoto es sin duda uno de los platos fuertes de esta edición de PhotoEspaña 2016. Y lo es de la mano de la Fundación Mapfre, como no podía ser de otra manera, máxime teniendo en cuenta la apuesta continua por la fotografía —desde la coherencia y el rigor— y muy especialmente con la vigencia desde hace unas décadas de la sostenida contemporaneidad del medio. Y para muestra un botón: la exposición de Sugimoto (Tokio, 1948) es sintomática, ya que se trata de uno de los artistas actuales que mejor desempeña la valencia contemporánea de la fotografía, gracias a la defensa de la faceta conceptual de una práctica, que en su caso viene desarrollando desde hace varias décadas y como tal está presente en las colecciones de, entre otros museos y centros de arte, el Metropolitan Museum y el Museum of Modern Art de Nueva York, el Smithsonian de Washington o la National Gallery y la Tate Gallery de Londres. Se muestran unas 40 piezas de gran formato que pertenecen a la producción de los últimos cuarenta años del artista japonés, organizadas en torno a cinco de sus célebres series: Cines, Campos de relámpagos, Dioramas, Retratos y Paisajes marinos. Todas ellas se realizan mediante técnicas analógicas muy exigentes que supervisa directamente el artista, que se niega a abandonar los rudimentos y la magia artesanal de la fotografía tradicional.

Campos de relámpagos 119, 2009. Impresión a la gelatina de plata. 149 x 119.4 cm © Hiroshi Sugimoto

Cines es una serie inconclusa, iniciada hace unos cuarenta años, que nos muestra el escenario de la representación desierto. Pantallas de cines captadas con la luz exclusiva que se desprende de la proyección de la película. Una suerte de acción fotográfica que documenta en luminosidad la duración (el tiempo) habitando un espacio determinado. Las exposiciones tan dilatadas y el encuadre frontal, así como los grandes formatos habituales en su producción— hacen de esta serie un elemento clave de esta propuesta que se nos antoja una alegoría de la vanitas contemporánea. Más espectacular si cabe y valga la redundancia por la referencia cinematográfica y ahora por la iluminación de la sala, aún más tenue es la serie sobre Campos de relámpagos, iniciada hace una década. En este caso no se trata de largas exposiciones sino de ausencia de cámara. La tempestuosidad de los fenómenos naturales se combina a la perfección con las técnicas de Sugimoto, que parece remitirnos a la época en que la experimentación fotográfica de los inicios del medio corre paralela a la de la ciencia, componiendo escenografías abstractas que, no obstante, documentan hechos tangibles y naturales: relámpagos en la noche.

Aves de Georgia del Sur, 1994. Impresión a la gelatina de plata. 119.5 x 185.5 cm © Hiroshi Sugimoto

Sin embargo son sus Dioramas (1976-2012) los registros más conocidos del artista. En estas composiciones escenifica tableaux vivants de paisajes prehistóricos, similares a los que se muestran en algunos museos de ciencias naturales. Aquí la fotografía da una vuelta de tuerca a una de las esencias que la mantuvo en su identidad como medio a comienzos de la pasada centuria : el carácter testimonial, indicial de la fotografía, que atestigua mediante su concurso documental la veracidad de lo representado. Desde este punto de vista los Dioramas de Sugimoto son la prueba palpable de ese deslizamiento de la fotografía como práctica documental a ejercicio artístico. Y el mérito de Sugimoto que aquí en España desempeña desde hace décadas Joan Fontcuberta es validar la fotografía como caja de resonancia de una construcción plástica, que emplea los ardides de la disciplina para socavarlos desde dentro y anunciar la fortaleza reconquistada: la creación de realidad. “No importa cuán falso sea el tema, una vez fotografiado es como si fuese real”, nos advierte el artista. Así nos lo parecen los cérvidos, lobos esteparios, pingüinos y aves carroñeras que pueblan estos paisajes.

Catalina de Aragón, 1999. Impresión a la gelatina de plata. 93.7 x 74.9 cm © Hiroshi Sugimoto

La serie de Retratos de personalidades y personajes históricos del siglo pasado, realizada a partir de minuciosos ensayos y tomas de los modelos de los museos de cera (se menciona en especial el de Madame Tussauds) no logran un efecto similar a los paisajes abiertos de los Dioramas. Por el contrario, lo que se hace patente y casi morbosamente lapidaria es la condición de vanitas neobarroca de estos retratos, representaciones pulcras de la muerte viva, especialmente intensa en el caso de las siete esposas de Enrique VIII. Los Paisajes marinos, iniciados hace varias décadas, también son referencia obligada en la producción de Sugimoto. A mitad de camino entre la figuración y la abstracción como sucede con los Campos de relámpagos— estos espacios abiertos, unos concisos y otros brumosos, representan el ideal romántico del paisaje y en contraste defienden su identidad manifiesta mediante títulos que los vinculan a enclaves concretos. Una licencia, de nuevo evidenciando la contradicción tradicional del medio, que confirma su apuesta conceptual.

Hiroshi Sugimoto. 
Black Box 
Fundación Mapfre. 
Sala de exposiciones Recoletos 
Clausura: 25 de septiembre

1 comentario:

Anónimo dijo...

Conviene aclarar que la exposición de Hiroshi Sugimoto en la Fundación Mapfre no forma parte de la programación de PhotoEspaña 2016. El hecho de destacar en el título y el comienzo de la reseña la alusión directa al festival fotográfico, ha sido por situar la muestra en un contexto espacial y temporal (Madrid cada verano) en el que la fotografía es protagonista.
A.L.P.V.